(Foto: Archivo)

La muerte de Eddie Irizarry “Junito”, a manos del oficial Mark Dial, y la desestimación de todos los cargos contra el policía por parte de la jueza del caso, están a la base del gran disgusto social que se ha manifestado en las protestas pacíficas en la ciudad; y han venido a desenterrar otros problemas graves que aquejan a la comunidad latina de Filadelfia. Uno de los más apremiantes entre ellos es la violencia que la golpea de manera regular.

La violencia en las calles, incluida la brutalidad policiaca, trastorna no solo la vida ordinaria de los ciudadanos, sino también el desarrollo pacífico de la actividad comercial, ha afectado de manera recurrente a muchos dueños de negocios y a pequeños empresarios. Es esta la razón que ha desbordado la paciencia de la Asociación de Bodegueros Dominicanos (DGA) y los impulsó a llevar su protesta hasta las puertas de la alcaldía el pasado 27 de septiembre.

Como ellos, muchos otros comerciantes de los barrios hispanos están resintiendo el efecto negativo que tiene sobre sus negocios el ambiente de inseguridad de la ciudad. También los comerciantes del sur han denunciado la vulnerabilidad que provoca la falta de seguridad en los barrios racializados. Los asaltos a los comercios, el narcomenudeo los frecuentes tiroteos que cobran vidas y dejan heridos y dolor, son el pan de cada día para demasiados vecinos que se sienten atrapados en el desamparo de las autoridades de todos los niveles.

Y como si la violencia en las calles no bastara, muchos comerciantes y bodegueros, denuncias maltrato por parte de inspectores de la oficina de Tabaco y Licencias, de los que a menudo dicen sentirse tratados como si fueran delincuentes o criminales, cuando sostienen que “solo queremos trabajar, sostener a nuestras familias, pagar nuestros impuestos y contribuir a la ciudad”, como aseguró recientemente Enerolina Meléndez, presidenta de la DGA.

La violencia que sufren los hispanos en Pensilvania y en muchos otros estados de la Unión nos recuerda al racismo que dominaba a los cuerpos que dieron origen a las policías del país; como las “Slave patrols”, que patrullaban el sur en busca de esclavos fugitivos, o los “Texas Rangers”, que imponían su ley de terror sobre nativos, chicanos y mexicanos a medida que se despejaba el camino para la expansión de las colonias hacia el Oeste.

Un reportaje de la revista Time de julio de 2020 critica la cultura de impunidad que existe en muchos departamentos de policía, que hace que demasiados oficiales cometan atropellos contra las minorías, sabiendo que el sistema siempre tratará de protegerlos. Es evidente, como afirma la nota de la periodista Julissa Arce, que “las agencias específicas pueden haber cambiado a lo largo de los años, pero las actitudes y las políticas racistas han persistido hasta el día de hoy”.

Otra cara de la violencia que sufren en especial los inmigrantes es la violencia doméstica o en los trabajos, pues muchos temen denunciar a causa de su estatus migratorio vulnerable.

A este sector se suma el dato preocupante de que cada año el promedio de edad de las víctimas es más bajo, rebelando la diabólica capacidad que tiene el crimen y la violencia callejera para infiltrarse y arremeter contra la vida de niños y adolescentes.

En los pasados días las noticias locales se han centrado en la violencia, la vulnerabilidad de la población y en la fragilidad del sistema de justicia.

Tres agentes de policía de Filadelfia que acudían a una casa donde se discutía sobre un videojuego, resultaron heridos en un tiroteo. El perpetrador, que hirió de gravedad a su hermano, resulto muerto.

Un motociclista destrozó la parte trasera del auto de una mujer, mientras sus dos hijos pequeños estaban adentro, y luego la amenazó con un arma después de que ella lo confrontó.

Josh Kruger, periodista y defensor de la comunidad LGTBQ+ que surgió de la falta de vivienda y la adicción para servir como portavoz de los más vulnerables de Filadelfia, fue asesinado a tiros en su casa.

Y el pasado 28 de febrero se dio a conocer que Kenneth Frye, de 24 años, que está acusado de saquear una licorería en Filadelfia durante los saqueos del día anterior por la noche, había quedado en libertad bajo fianza después de que fue acusado del puñetazo mortal que le propino a Eric Pope, afuera de un club el año pasado.

Estas son solo una muestra que retoma lo imperioso que es abordar el problema de la inseguridad, el abuso, la violencia y la impunidad en Filadelfia

En investigaciones realizadas por la iniciativa Cada Voz Cada Voto, expusieron que el problema más urgente y preocupante de la ciudad es el del crimen y la inseguridad.

Por todo esto es urgente el trabajo de educación y concientización sobre las comunidades hispanas de la ciudad, en especial en este año electoral, para que se tome consciencia de que hay que salir a votar masivamente cuando sea el tiempo, y que hay que privilegiar a los candidatos que hayan mostrado claridad y voluntad para combatir este flagelo, que está dañando tan gravemente la calidad de la vida en Filadelfia. No solo es importante seleccionar al alcalde, también otros cargos legislativos y judiciales, que puedan alinearse a las exigencias de las vulnerables comunidades racializadas de la ciudad.

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