Concilio's new media lab has new video production equipment, 6 laptops, 2 desktops, and a green screen available to the community. (Photo: Michelle Myers/Impacto Media)
Concilio, known as Philadelphia’s oldest Spanish Speaking Latino non-profit, kicked off their brand-new media lab with a grand opening on July 13th.
To the sound of live music and conversations, around 15 people gathered, in the Hunting Park neighborhood, for the inauguration. Amongst the guests were sponsors, representatives, facilitators, and teachers from Esperanza Charter School.
The idea of finding funding for a new media lab came because of the COVID-19 pandemic. “Many businesses had to step up their technology to function day to day, including ours. How do you think the community was feeling? They didn’t even have access to buy brand new computers, update their internet or increase their bandwidth,” says Concilio’s Deputy Director Janessa Rivera.
According to Rivera, before the pandemic, the nonprofit had outdated computers that needed to be serviced, with some completely non-functional. In August 2020, Concilio’s Director Adonis Banegas decided they had to cover the community’s need for a space that not only provided digital literacy and resources; but also, where children could explore career paths, and entrepreneurs could learn how to brand themselves.
Concilio’s new media lab has new video production equipment, 6 laptops, 2 desktops, and a green screen available to the community. (Photo: Michelle Myers/Impacto Media)
Back then, the biggest concern for Rivera was how to “convert a regular space into an entertainment media space and bring in the appropriate equipment.” But just ahead of summer 2021, the media lab was able to be fully flipped, with new floors, soundproof boards, a green screen, laptops, desktop computers, cameras, internet and more, sponsored by Comcast, PECO, and UPS.
“We want it to be a similar idea like a community library. You might not go there daily or all the time, but you know that if you need to go for one thing or the other [it] is right there in your backyard,” Rivera explained.
Now, Concilio has divided the media center into two rooms. One has six laptops, equipped with all programs needed for editing; the other has filming equipment, a green screen, and two desktop computers for people to be able to edit on two screens.
Concilio’s new media lab has new video production equipment, 6 laptops, 2 desktops, and a green screen available to the community. (Photo: Michelle Myers/Impacto Media)
Although the idea is for community members, small business owners, and other nonprofits to be able to use these resources; the main goal is to teach community children about digital literacy and how to use technology as a future career path. For that, Esperanza’s teacher had already given crash courses on the topic and will continue to help produce content in one room, so it can be processed just next door.
Because Concilio already runs other community programs, Rivera estimates that, this year alone, around 400 people —without counting walk-in community members or organizations, will immediately benefit from the media lab.
On June 28th, they started a summer “soft pilot,” that will run until August 6th, where 80 middle schools and high schoolers are already learning how to produce digital content, such as videos, blogs, and podcasts.
In addition to the children in the summer program, Concilio’s media lab will benefit kids in the nonprofit after school program by teaching 50 middle schoolers and 25 high schoolers about digital literacy. Likewise, through their anti-gun violence program, 75 community members will be using the space to record their advocacy campaigns.
To top that off, Janessa Rivera says the organization is getting ready to open a fall program aimed towards workforce development. The initiative will be directed to 50 people ages 14-24. In a six-session training, the participants will learn how to edit video, brand themselves, look for jobs, and work one on one with a job counselor on resume writing and mock interviewing. To apply for this, or any other programs, call 215-627-3100 or email janessa.rivera@elconcilio.net.
Durante este siglo en nuestro continente, las tensiones políticas, principalmente entre la derecha y la izquierda, han generado revoluciones y guerras, así como dictaduras y totalitarismos que enlutaron a millones de familia en América Latina. Sin embargo, en la última mitad de siglo XX, las dictaduras de derecha una a una fueron implosionando, y países como Bolivia, Argentina, Guatemala, Nicaragua, Chile y Paraguay lograron salir del oscurantismo político y evolucionar hacia sociedades más democráticas y pluralistas. Aunque no pasó lo mismo con las dictaduras de izquierda.
Dice un adagio que “no hay mal que dure cien años ni cuerpo que lo resista”, y eso estamos presenciando estos días en los sucesos de la Antilla mayor. Después de 60 años de férreo sometimiento al monopartidismo, finalmente el pueblo cubano decidió que, a pesar del miedo y la represión, no se podía aguantar más y salió a la calle a borbotones, a protestar por las condiciones de extrema precariedad en la isla, y por la falta de “libertad y vida”, como lo expresa una de las canciones que han acicateado la protesta.
Sin dejar de lado los daños irreversibles del bloqueo de los Estados Unidos que la ONU ha condenado, se reconoce que el socialismo trajo algunas cosas buenas a Cuba; en el campo educativo, de atención sanitaria y en el desarrollo deportivo; pero la restricción para la iniciativa privada que es inherente al comunismo, termina por castrar de sus mejores fuerzas y pauperizar a cualquier sociedad, pues en medio de la pobreza florece la corrupción, y detrás de ella un abanico de males sociales. Lo admirable es que, hasta ahora el pueblo cubano, sometido a años de escasez y privaciones, ha sido más aguantador y paciente que ninguna otra nación en este lado del mundo.
En Haití, por otro lado, parece que no hay revuelta social posible ni definitiva para traer un poco de paz, de desarrollo y de bienestar a esta nación, la más pobre y subdesarrollada de todo el continente, y que encaja en el duro epíteto de “nación fallida”, que se acuñó a finales del siglo pasado.
Aunque nadie quiere oír que su país es un proyecto de nación fracasada, el calvario de los haitianos, –como el de los cubanos– y la mayoría de los países latinoamericanos que se debaten entre diversos sistemas ideológicos y económicos, pero donde parece prevalecer la ineficiencia y corrupción, en el caso de estas naciones no se vislumbra una solución plausible. Cuando después de años de opresión sangrienta cayó la dictadura de los Duvalier, muchos pensaron que un nuevo día amanecería para esta vapuleada nación; pero solo hemos presenciado un sucederse interminable de presidentes y primeros ministros que salen todos por la puerta de atrás en medio de corrupción, violencia política y revueltas sociales que parecen no tener fin.
El hartazgo social que se vive en estos días en Cuba, y el luto en Haití tras el magnicidio de su líder, nos hablan de una América que sigue buscando con dolor un camino creíble y transitable hacia el progreso y la verdadera libertad, madurez y democracia; donde los ciudadanos puedan ejercer la creatividad, expresar sus talentos, trabajar por sus sueños y buscar la felicidad para sí y para los suyos.
La Corporación para el Desarrollo Comunitario de Nuevo Kensington (NKCDC) es parte de We CAN. (Foto: Cortesía/HACE)
La asociación We CAN (Cambio y Acción Ahora) está conformada por tres organizaciones sin fines de lucro —Hispanic Association Contractor Enterprises (HACE), Impact Services y la Corporación para el Desarrollo Comunitario de Nuevo Kensington (NKCDC)—, que se unieron para apoyar a los residentes de Kensington y Fairhill, las organizaciones comunitarias y a la policía.
En 2018, dichas organizaciones recibieron del Departamento de Justicia de los Estados Unidos una subvención de $1 millón por tres años para innovaciones con el objetivo de reducir la delincuencia a través de iniciativas basadas en la comunidad. Los socios de CAN incluyen al distrito policial 24, organismos municipales, más de 28 organizaciones cívicas y religiosas locales, incluidas escuelas.
Desde febrero de 2021, varios jóvenes, entre 14 y 24 años, participaron en un estudio acerca de la vigilancia policial y la seguridad llamado “Mi Voz Importa en Conversaciones acerca de Seguridad”. We CAN realizó las sesiones mientras que otra organización sin fines delucro, CreativePraxis, facilitó las sesiones virtuales en un ambiente seguro. El informe completo acerca de las conversaciones se dará a conocer este verano en la página web de NKCDC.org/we-can.
El 15 de junio, el grupo de jóvenes participantes de Kensington y Fairhill presentaron sus recomendaciones para que sus vecindarios sean más seguros. La presentación se dirigió a los miembros de la comunidad, y a los oficiales de policía del distrito 24 incluyendo las subestaciones de Kensington y Allegheny.
LO QUE RECOMIENDAN
Los jóvenes de Kensington y Fairhill se enfrentan a retos como el uso de drogas, violencia por armas de fuego, personas sin hogar, brutalidad policial y acumulación de basura. Por lo que sus recomendaciones se enfocan a lo que puede mejorarse en colaboración con la comunidad y la policía.
Invertir en vivienda dando prioridad a unidades habitacionales para personas de ingreso económico mixto para desacelerar la gentrificación terminando con la práctica de usar los terrenos para intereses solo de las desarrolladoras urbanistas.
La presentación fue en el estacionamiento de Orinoka Civic House. (Foto: Cortesía/HACE)
Distribuir fondos para la educación de manera equitativa en toda la ciudad. Contratar a maestros negros y de las minorías racializadas para trabajar con la juventud.
Crear empleos de nivel básico que enseñen destrezas útiles y que preparen a los empleados para el futuro.
La seguridad en los vecindarios racializados debe ser una prioridad. (Foto: Cortesía/HACE)
Brindar alternativas al sistema correctivo de los tribunales que tengan como prioridad la armonía y la integridad de la comunidad en vez de acciones punitivas. En las escuelas reemplazar a los policías por concilios restaurativos.
Reemplazar la presencia excesiva de los agentes de la ley que actualmente penalizan a personas con enfermedades mentales.
Entrenar a los policías para actuar de manera apropiada frente a una persona que está pasando por una crisis de salud mental. El entrenamiento adicional es prioritario, ya que los oficiales de policía solo reciben 740 horas de capacitación para realizar su trabajo. En comparación a una cosmetóloga quien requiere de 1,250 horas mínimas para obtener su licencia del estado.
Capacitar a miembros de la comunidad para des-escalar la intensidad y resolver conflictos.
NKCDC es parte del mejoramiento de los vecindarios. (Foto: Cortesía/HACE)
Disminuir la presencia policial en los vecindarios para abordar el problema de vigilancia excesiva de negros y morenos.
Requerir que todos los policías hagan servicio comunitario en el distrito en que sirven.
Brindar fondos adicionales a organizaciones comunitarias para sus esfuerzos locales que promuevan seguridad en el trabajo, acceso a vivienda, bienestar de salud mental y educación equitativa.
Para los jóvenes estar seguros significa que se respete su vida. (Foto: Cortesía/HACE)
Ofrecer entrenamientos sobre “conozca sus derechos” para que las personas se protejan de la policía que no honra los derechos de las comunidades y el sistema penal.
Brindar consejería a miembros de la comunidad traumatizados por la injusticia racial y por la violencia institucional de la policía.
Las recomendaciones de la juventud son viables. (Foto: Cortesía/HACE)
La inspectora Altovise Love-Craighead, comandante de la división de relaciones con la comunidad estuvo presente en la presentación. Ella está por iniciar la Comisión de Consultoría a Jóvenes. Esta mujer policía conoce directamente el trauma que existe en los vecindarios menos privilegiados de la ciudad. Su hermano fue asesinado en 1997 y desde entonces está comprometida a que la Policía reconozca y trate a las personas con trauma durante su trabajo.
Quedo claro que, para lograr la seguridad en los vecindarios de la ciudad, se requiere de mayor inversión financiera, y de la colaboración entre la comunidad, la Policía, las autoridades del gobierno y el apoyo de las organizaciones comunitarias.
Growing up I was taught that we must punish those who commit crimes and make them pay, sometimes, even with their lives. An eye for an eye, a tooth for a toot.
In the streets, if you hurt our people, we will hurt yours. Brown on brown justice. Sometimes it could cause serious injuries, even death. And I was the victim and victimizer of too many gangs, or group violent acts, too many times. There is an adrenaline rush during these conflicts. Vengeance was ours to have.
That was unless a white person committed a crime against Latinos. In that case, we never got vengeance or justice. So-called “justice” was, and remains to date, swift and onerous when it comes to a justice system that favors the white community by judging, convicting, and punishing a person of color twice as harshly.
That can be infuriating! it can make one feel like the need for retaliation is justified. It can make one redirect the anger and frustration to the wrong place or the wrong people. Therefore, at 21 years old, I decided that I would not fight any more Latinos. After all, my fellow Latinos were not the ones calling me racist names, cheating me of my salary, or spraying pesticides on me.
But the anger, the vengeance, remained. That is the thing with vengeance, it makes you think that you just might have won something, but, in fact, you have lost something; or perhaps everything.
It wasn’t until I joined the United Farmworkers Union that I learned from labor leaders and civil-rights activists—such as Cesar Chavez, Dolores Huerta, and the Filipino Pete Velasco, that nonviolence should be my way of life. Since then, I have learned of the racism and economics of the judicial system. I was able to see how it picks on people of color and very poor white people, but especially how it is stacked against the African American community. Now, I am committed to protecting not just the environment, but people, and that includes standing up against the Death Penalty.
History tells us that we can trace the death penalty from slavery to the 13th amendment, then to lynching, Jim Crow, and the suppression and destruction of communities of color. In that process, over 170 death row incarcerated people were executed and later found innocent. Many of them were my personal friends.
Prosecutors have built their reputations on the deaths of men and women by claiming that they would bring closure to the victim’s families. But, even if you could torture and kill the suspected person a hundred times, there is no closure. The loss and pain are buried deep, and resurface often, unless you can come to peace with your life, and perhaps forgive the perpetrator.
While many victims loved ones want the death penalty, there is a growing chorus of their families who call for the end of it; including the families of Martin Luther King and the Kennedys.
We are a smart country, and we should understand that there is a better way to protect society than “an eye for an eye.” There is a reason to keep someone locked up, or in a mental hospital for treatment, but there is no need for such a capital punishment. After all, the people on death row grow up as part of society’s most vulnerable populations. Think about it, there are no rich people on death row.
If a government cannot manage its potholes, it surely should not decide on who lives and dies.
Every year there is a fast and vigil from June 29th to July 2nd, prior to the 4th of July weekend, at the US Supreme Court to call for an end to the death penalty. This year, I was there again to raise my voice and prayers on behalf of this human rights issue.
To be honest, I do not know what my reaction would be if someone super close to me is killed. I do not know what would happen to what little sanity I have left, but I pray that society will protect me from myself. I can only hope that my community would hold me close, never letting go, until I can handle the pain and the loss.
Since I became nonviolent, I learned that love and forgiveness are strong medicines that we all need to take more than once. But I am afraid of the emotions and violence within me. I need society to protect us all. You can stop hate and vengeance if you use love as your road to redemption. There is no room for vengeance.
So, If I am someday killed, I hope that no one is executed in my name.
La doctora Leora Horwitz trata cada vez menos pacientes con COVID en el Centro Médico Langone de la NYU, en Nueva York. Aun así, cree que hay demasiados. Y casi todos tienen algo en común: la mayoría no están vacunados.
Mientras atiende a enfermos graves de, les pregunta con respeto: ¿Por qué no se han vacunado? Algunos de ellos le dijeron a la internista e investigadora del hospital que les preocupa la seguridad de la vacuna.
Pero principalmente, explicó, las respuestas se dividen en dos. Una es lo que piensan en vacunarse, pero aún no lo han hecho. La otra pone de manifiesto una inquietante deficiencia en la respuesta a la pandemia: los que quieren vacunarse, pero no pueden hacerlo porque están confinados en casa.
«Para muchas personas mayores, personas con enfermedades crónicas, ha sido muy difícil salir de casa para vacunarse», señaló. Y, dado que muchos de estos pacientes reciben visitas a domicilio de los profesionales sanitarios, se pregunta por qué no les han llevado la vacuna.
(Foto: Ilustrativa/EFE/Archivo)
«Ya están conectados a una organización de salud que va a su casa de forma regular. Parece que esa debería ser la estrategia para seguir», dijo Horwitz.
Las ciudades y los estados han puesto en marcha, poco a poco, programas para llegar a algunos de los 4 millones de estadounidenses que se calcula que están confinados en casa, pero los programas suelen tener objetivos modestos y se dirigen sólo a una parte de las personas que se supone necesitan esta ayuda.
Para aumentar los incentivos económicos de la vacunación a domicilio, Medicare anunció el 9 de junio, que reembolsará las vacunas administradas de este modo a $75 por inyección en lugar de $40.
En marzo, la ciudad de Nueva York puso en marcha un programa para llegar a las personas que no pueden salir de sus hogares, trabajando con agencias de vivienda, proveedores privados de atención médica, el Departamento para las Personas Mayores de la ciudad y equipos de enfermeras del Departamento de Bomberos. En la segunda semana de junio, el programa había vacunado a 11,000 personas, según un vocero del Ayuntamiento.
Horwitz y otros afirman que el programa de la ciudad parece estar funcionando, pero no con la rapidez y eficacia necesarias.
El Servicio de Enfermeras Visitantes de Nueva York (VNS), uno de los mayores proveedores de atención domiciliaria de la zona, tiene un contrato con la ciudad para vacunar en Queens. Cualquier persona confinada en Queens es elegible, sea o no cliente de VNS.
Pero si estás en Brooklyn, Manhattan, Staten Island o el Bronx y recibes atención domiciliaria de VNS, no podrás vacunarte. Deberás pasar por la burocracia central para que te asignen a uno de los otros proveedores contratados que trabajan en tu zona.
«La ciudad y los proveedores que utilizamos son la principal entidad para la vacunación a domicilio en la ciudad», señaló Avery Cohen, vocera de la administración del alcalde Bill de Blasio. «Esta es una operación lenta y compleja, y estamos haciendo todo lo posible para llegar a la mayor cantidad de personas tan rápido como podamos».
Una vocera de VNS dijo que en las últimas 10 semanas sus equipos de enfermeras habían administrado 2,600 dosis y vacunado a 1,700 residentes de Queens. El contrato se extiende hasta principios de julio.
Alrededor del 75% de los residentes de la ciudad, de 65 años o más, están parcial o totalmente vacunados, según el registro de vacunas de la ciudad. Eso representa unos 10 puntos por debajo de la media nacional. Es difícil decir cuántos del 25% restante están confinados en casa, pero los activistas aseguran que es un número mayor de las 23,000 personas que la ciudad ha identificado para vacunar de esta forma.
Definir y contar a los «confinados en casa» es problemático. Laird Gallagher, del Center for an Urban Future, indicó que, en la ciudad de Nueva York hay 141,000 personas de 60 años o más que viven solas y dicen tener dificultades para desplazarse.
Susan Dooha, del Center for the Independence of the Disabled, utilizando un criterio más amplio para la discapacidad, calcula que hay 422,000 residentes de la ciudad de 65 años o más que están totalmente confinados en casa o sufren una discapacidad significativa, incluyendo 262,000 que tienen al menos 75 años.
Dooha dijo que la ciudad debería ampliar la definición de personas confinadas en casa, y crear una red de proveedores de atención pública y privada para satisfacer las necesidades de vacunación de esta población.
Algunos de los que siguen sin vacunarse, a pesar de su deseo de hacerlo, pueden ser parcialmente autosuficientes. Pero es posible que tengan problemas cognitivos y les resulte imposible organizarse para buscar una vacuna.
Después de plantear la cuestión durante los últimos seis meses, Dooha se alegró de que el alcalde anunciara un programa, pero se sintió decepcionada por sus límites. «No dejaba de preguntar: «¿Cuáles son los criterios?»», recordó. «Según la Ley de Estadounidenses con Discapacidades, si necesitas una visita a domicilio —no tienes que estar absolutamente confinado en casa por una discapacidad— mereces que te atiendan».
La presidenta del distrito de Manhattan, Gale Brewer, que forma parte de un panel que supervisa el despliegue de las vacunas en esa área, aseguró que no ha podido obtener una respuesta de la ciudad sobre cómo se define «confinado en casa» y cómo se decide quiénes son los destinatarios de las visitas a domicilio para las vacunas.
«Ha habido muchas idas y vueltas, y confusión», dijo Brewer. «La gente se pregunta, ‘¿Estoy confinado en casa si bajo a recoger mi correo, pero no salgo?’ El verdadero problema es la transparencia, no sabemos cuáles son las reglas, y nos faltan datos».
La doctora Zenobia Brown, médica y ejecutiva de Northwell Health, la mayor red de hospitales del estado piensa que será difícil conseguir que el resto de los neoyorquinos se vacunen.
«Lo que descubrimos es que no hay una sola barrera, ni siquiera un conjunto simple de barreras», explicó Brown. «Estamos ante un combate cuerpo a cuerpo, para entender cuáles son las barreras individuales y luego crear soluciones para superarlas».
Por ejemplo, los padres de un hombre de 22 años con autismo querían vacunar a su hijo, pero debido a unas rutinas muy estrictas sólo estaba disponible en horarios limitados. Otro paciente, de 90 años, no quería molestar a nadie para que acudiera a su apartamento del sexto piso sin ascensor.
Robert Janz, de 88 años, y su mujer, Jennifer Kotter, de 68, no tuvieron reparos en buscar ayuda. En cuanto se anunciaron los planes de la ciudad para atender a las personas confinadas en casa, Kotter trató de conseguir una cita para su marido, artista y poeta, postrado en la cama debido a lo que ella describe como una «serie de pequeños fracasos médicos», entre los que se incluyen lesiones en la espalda por caídas.
Pasaron meses antes de que pudiera hacer una cita de vacunación para su esposo, a pesar de que los cuidadores ya acudían con frecuencia a su apartamento de Manhattan, en un cuarto piso. Uno de ellos le dio a Kotter un número de teléfono, que le llevó a otro número de teléfono y luego a otro, hasta que finalmente lo consiguió.
El 1 de junio, una enfermera y un paramédico llegaron y administraron a Janz la vacuna de una sola inyección de Johnson & Johnson.
Como cuidadora, Kotter se resigna a estos retrasos. «Cuando cuidas a un paciente, tienes que ser paciente», dijo.
KHN (Kaiser Health News) es la redacción de KFF (Kaiser Family Foundation), que produce periodismo en profundidad sobre temas de salud. Junto con Análisis de Políticas y Encuestas, KHN es uno de los tres principales programas de KFF. KFF es una organización sin fines de lucro que brinda información sobre temas de salud a la nación.
Haciendo historia en Filadelfia, se llevó a cabo la primera “Feria Artesanal Latina” organizada por Casa de Venezuela y Fleisher Art Memorial.
Vendedores de artesanía de Puerto Rico, Colombia, Ecuador, México y Venezuela ofrecieron una destacada variedad mercancía original de gran colorido.
Los Bomberos de la Calle, del norte de la ciudad y el Mariachi Arrieros de New Castle, DE. deleitaron al público en Cherry St. Pier el pasado domingo 11 de julio.
El Departamento de Bomberos de Filadelfia ayuda a la comunidad a acceder al agua. (Foto: Cortesía/Esperanza)
Organizaciones comunitarias y los residentes organizados, han venido trabajando juntos este verano para vencer al calor en el norte de Filadelfia. Se ha reportado que Hunting Park es uno de los vecindarios más calurosos de la ciudad durante el verano, con temperaturas casi 10 grados fahrenheit más altas que el promedio y hasta 22 grados más calientes que los vecindarios más frescos de Filadelfia.
Esta diferencia extrema de temperaturas se debe a las diferencias en el entorno físico. Los vecindarios más ricos han tenido una mayor inversión en infraestructura verde, incluidos árboles, parques, jardines comunitarios y otros espacios verdes, que no solo son más fríos en sí mismos y tienen temperaturas superficiales más frías que el asfalto, sino que también proporcionan sombra, lo que ayuda a mantener bajas las temperaturas de la superficie. La copa de los árboles en Hunting Park es solo del 7%, en comparación con un promedio del 20% en toda la ciudad y de tasas mucho más altas en vecindarios como Chestnut Hill y otros. Todo el asfalto y concreto sin sombra en Hunting Park absorbe y luego irradia calor hasta bien entrada la noche.
Las temperaturas más altas tienen muchas consecuencias dañinas para un vecindario que ya está luchando con desventajas económicas y tasas desproporcionadamente altas de ciertos problemas de salud. Los días más calurosos requieren más electricidad para hacer funcionar los ventiladores y acondicionadores de aire, lo que resulta en facturas de servicios públicos más altas para las personas que ya batallan con pagar otros gastos. El calor también evita que las personas salgan a hacer ejercicio, se conecten con los vecinos, compren en los comercios locales, además de empeorar enfermedades como el asma y otras. El calor extremo amenaza la salud de los árboles y la vegetación que tanto se necesitan, quemándolos y haciendo que los residentes tengan que dedicar más tiempo a cuidarlos.
Las estructuras de sombra se instalan en varios bloques. (Foto: Cortesía/Esperanza)
Esperanza y Drexel University ayudan a los residentes a enfriar sus bloques.(Foto: Cortesía/Esperanza)
Comunidad accede al agua para las plantas.(Foto: Cortesía/Esperanza)
¿Qué ha hecho el vecindario para hacerle frente?
Muchas personas se han unido para implementar soluciones al problema tanto a corto como a largo plazo. Organizaciones como North10 (dirigida por Josh Klaris y Chris Gale) y el Comité Asesor del Vecindario de Hunting Park (HPNAC, dirigido por Charles Lanier) y Esperanza, están trabajando junto con los Capitanes de Bloque, los jóvenes del vecindario y funcionarios públicos como la Oficina de Sustentabilidad de la Ciudad para apoyar a la comunidad de muchas formas.
El verano pasado, la ciudad lanzó su primera iniciativa oficial Beat the Heat, con Hunting Park como vecindario piloto. A pesar del inicio de la pandemia del COVID-19, se formó un grupo de vecinos para ayudar a distribuir acondicionadores de aire, ventiladores e información sobre cómo mantenerse fresco, entre otras actividades. Este grupo, ahora llamado Comité Directivo Ambiental, trabajando junto con el subcomité Beat the Heat, ha implementado una amplia gama de iniciativas para ayudar a los residentes a mantenerse seguros y frescos este verano.
Obsequios de recursos a nivel individual y familiar
Los vecinos están trabajando juntos para identificar a las personas que necesitan acondicionadores de aire, ventiladores, agua potable, tabletas de electrolitos, etc. Se brinda asistencia a las personas que reciben acondicionadores de aire y ventiladores, para que puedan obtener ayuda con la factura de electricidad más alta a través de LIHEAP y otros programas de asistencia. Estos esfuerzos dan prioridad a los adultos mayores, las familias con niños y las personas con discapacidades y necesidades especiales.
Intervenciones estructurales a nivel de bloque
en asociación con la Universidad de Drexel, el Comité Directivo Ambiental está ampliando un proyecto piloto implementado el verano pasado para construir estructuras de enfriamiento en bloques de Hunting Park, donde están incluidas bancas con jardineras, sombrillas y rociadores de agua que enfrían el pavimento y proporcionan juegos de agua para los niños. En 2020, la Sra. Priscilla Johnson, una capitana de la cuadra Hunting Park, organizó el primer bloque Beat the Heat. Este año, el programa se ha ampliado para instalar casi 100 bancas y jardineras con sombra en media docena de bloques. Los jóvenes del vecindario han sido contratados para servir como Científicos Cívicos, recopilaron datos de temperatura para mostrar qué tan bien están funcionando las estructuras de enfriamiento instaladas en los bloques.
Cambio en todo el vecindario
La mejor solución a largo plazo para el problema del calor en Hunting Park incluye más árboles y vegetación, para reducir las temperaturas promedio en el verano. El vecindario trabaja junto con la Sociedad de Horticultura de PA (PHS) para plantar árboles en la calle y para regalar árboles de jardín dos veces al año, una en el otoño y otra en la primavera. En promedio, se plantan o distribuyen 50 árboles en cada evento, en áreas que no tienen vegetación.
Equipos de trabajo del vecindario
También se están llevando a cabo otros esfuerzos de apoyo en todo el vecindario. La Iniciativa Solar Comunitaria de Hunting Park, dirigida por Allen Drew, está organizando talleres para enseñar a los residentes sobre energía verde, climatización y otros temas. Un grupo de jóvenes empleados a través de la Red de Jóvenes de Filadelfia (PYN) y auspiciados por Esperanza está llevando a cabo limpiezas semanales de los bloques. A medida que más grupos de vecinos se involucren de diferentes maneras, juntos marcarán una diferencia duradera en el problema del calor en Hunting Park.
Reyna Navarro, organizadora del Primer Mercado de Latinas. (Foto: LRN)
Reyna Navarro organizó el Primer Mercado de Latinas con 25 vendedoras en el sur de Filadelfia el 11 de julio. El esfuerzo colectivo y en armonía fue resultado de la resiliencia de estas emprendedoras que no se dejaron vencer por la pandemia.
Al igual que millones de personas alrededor del mundo, esta mexicana se quedó sin empleo durante estos tiempos retadores, pero aprovechó esa situación para hacer algo con el fin de ganar dinero mientras estaba en su hogar. Con su último cheque de pago decidió comprar artesanías de su ciudad natal San Cristóbal de las Casas en el estado de Chiapas. Su esposo la apoyó con el pago del costo del envío de la mercancía.
Creó su página de Facebook llamada Artesanía Mundo de Queen. “Como tengo tres hijas de 14, 10 y 7 años ellas junto conmigo somos reinas y princesas de nuestro mundo, y decidí usar la palabra reina en inglés”, así nos dice surgió el nombre de su negocio.
Cuenta con el apoyo de su esposo e hijas. (Foto: LRN)
En agosto pasado comenzó a promocionar su mercancía, les tomó fotos a sus hijas luciendo la ropa y poco a poco fue vendiendo las prendas. “Al principio no sabía si me iba ir bien o mal pero mi mamá y mis hermanos me alentaba desde México”, relata. La madre comerciante, que aprovechó que contaba con experiencia en ventas en Chiapas, pues desde los 18 años se asoció con su cuñado para vender mercancía que importaban de Guatemala.
La salvadoreña Zulma participó con gusto. (Foto: LRN)
Tras varios meses de promover su negocio a través de FB, Reyna decidió que era mejor que los clientes vieran sus productos en su casa en vez de la pantalla de su celular o computadora. Usó su garaje para mostrar su mercancía mientras compartía pan y café con sus clientas. Se dio cuenta que muchas de sus compradoras también eran vendedoras de varios productos. Entonces comenzó a animarlas a que crearan su página en FB compartiendo lo que había aprendido con ellas.
Tania Greene usa objetos que recicla dando su toque especial. (Foto: LRN)
“La idea del Primer Mercado de Latinas surgió en una transmisión en vivo”, recuerda. Le pidió ayuda a su amiga Lili Domenick, quien trabaja en Puentes de Salud, organización que tiene una colaboración con la escuela Southwark. Su meta era realizar el evento en el estacionamiento de ese centro escolar sin necesidad de permisos de la ciudad. El lugar era muy conveniente para las vendedoras que viven en el sur de la ciudad y no tenían que gastar en pasaje.
“Somos mujeres que nos gusta sobresalir y no depender solo de nuestro esposo. Al principio tuvimos 15 interesadas y antes del evento fueron 25 las que participaron en este mercado”, afirma.
Decoración de uno de los puestos. (Foto: LRN)
Difundieron su evento en Philatinos Radio, así como con un volante que se publicó en las redes sociales. En el Primer Mercado de Latinas participaron mexicanas y centroamericanas. Así, Zulma vendió prendas típicas de su país natal, El Salvador.
Otras de las participantes fueron Hilda Zumba quien invitó al público a hacer ejercicio cardiovascular y la DJ Azul quien se encargó de la musicalización. Hubo una rifa, así como venta de comida y productos en un ambiente familiar. Si quieres unirte a su grupo, buscalas en su página Facebook: Mercado de Latinas Unidas al Poder.
Participantes del evento en la estación de tren South/Broad. (Foto: LRN)
La muralista Symone Salib honró a siete mujeres inmigrantes y refugiadas por su fuerza, resiliencia y contribuciones a sus comunidades. Sus retratos y textos representan las historias de estas mujeres que luchan por una mejor vida en la metrópoli de Filadelfia.
Los retratos dibujados por la artista fueron exhibidos con motivo del Día Mundial de los Refugiados el 20 de junio. El proyecto se realizó en colaboración con el Programa de Liderazgo de Mujeres (WLP) del noreste de la ciudad. En dicho programa participan inmigrantes y refugiadas árabes que lideran talleres y clases en la comunidad. Las reconocidas fueron nominadas por WLP y organizaciones colaborativas.
Symone Salib es muralista, ilustradora y educadora que crea arte que se enfoca en la narración de historias de miembros de las comunidades a través de instalaciones de arte público. La obra de la artista puede verse temporalmente en la calle Broad Sur 512.
El reconocimiento a las mujeres inmigrantes y refugiadas se llevó a cabo el 12 de julio por miembros del programa de Artes Murales de la ciudad. La asambleísta Helen Gym estuvo presente en el evento. Entre las reconocidas estuvieron las mexicanas Ivonne Pinto García y Claudia Peregrina artistas que elaboran piezas que se han exhibido en el sur de la ciudad.
Guardias armados custodiaban a aquellos que no se unían a la huelga. (Foto: UCLA/Archivo)
Al otro día temprano ya estábamos organizando el piquete, y al poco rato empezaron los escuadrones de la policía a disparar sus chorros de gas pimienta; pero ahora estábamos mejor organizados. En el lugar más alejado de la cerca, detrás de la cual estaban las máquinas de la policía, hacíamos el esfuerzo por protegernos con trapos mojados, por suerte después de un rato, llegó una brisa en sentido contrario a nosotros, y empezó a llevarse el gas hacia donde estaban los policías, y así, tratando de ignorarlos y cantando nuestras consignas por la justicia, logramos mantener el piquete en el que habíamos pensado sería el último día de la huelga.
Pero el lunes siguiente decidimos continuar haciendo los piquetes; elaboramos nuevas pancartas y escribimos muchos mensajes provocadores en defensa de nuestra protesta. La policía llegó nuevamente con sus máquinas y su gas pimienta para tratar de amedrentarnos. Además, trajeron seis perros pastor alemán muy bien entrenados para estos casos, como los que usaban contra los negros en el sur del país. Nosotros habíamos estado hablando con los trabajadores sobre los principios del derecho internacional humanitario que había escrito el Dr. Jean Salmon, y que circulaban en los ambientes sindicales para que estuvieran más conscientes de sus verdaderos derechos.
El “Chicano Movement” del Colorado ayudó mucho en las batallas de los 60 y 70. (Foto: Colorado History Center)
Entonces, los “polis” trajeron los perros y los ubicaron muy cerca del lugar que teníamos designado para preparar la comida para todos los trabajadores que estaban en la protesta, así que, prácticamente cortaron la línea de alimentación, pues pasar frente a esos perros era algo terrorífico para todos. Nosotros tratábamos de animarlos, les decíamos que pasaran frente a los perros, que los ignoraran y que no tuvieran miedo; y los fuimos organizando para circular en grupos, pero la policía parecía dispuesta a enviar los perros al ataque, así que los muchachos estaban muy tensos y muchos no se atrevieron a cruzar. Finalmente, decidimos por ese día terminar el piquete, pero yo junto con otros nos dimos a la tarea de pensar cómo poder neutralizar el ataque de estos perros que tanto asustaban a los trabajadores, pues realmente parecían salvajes y dispuestos a comerse a alguien.
César Chávez les dio a los trabajadores agrícolas el sentido del gran poder que tenían. (Foto: Zocalo public square)
Esa noche la pasé tratando de imaginar un plan para poder continuar con nuestra protesta. Yo había tenido algunos perros pitbulls, y uno de nosotros tenía todavía dos de ellos. Nos pusimos a discutir si podríamos llevarlos, pues son más salvajes y mejores peleadores que el pastor alemán, así podrían neutralizarlos, pero algunos no estaban seguros si esto sería un buen plan. Esa anoche nos despedimos prometiéndonos pensar mejor las cosas al llegar a nuestras casas. Recuerdo que llegué a mi casa, y vencido por el cansancio caí en la cama; casi no tenía fuerzas para volver a levantarme. En ese momento me vino una idea a la cabeza, podíamos llevar comida para esos perros y ponerle algún químico, algo que los asustara, que los durmiera o que les diera diarrea.
Pero al siguiente día una compañera que era profesora había tenido otra idea, ella junto con otra amiga habían traído unas perras en celo, pues habían pensado que apenas sus perros las olieran se iban a olvidar de nosotros y se irían tras ellas; sin embargo, cuando llegamos allí los policías se les fueron encima para tratar de quitarles a las perras, y empezó el desorden. Con garrotazos y piedras pronto eso se volvió un campo de batalla aterrador.
Guardias armados custodiaban a aquellos que no se unían a la huelga. (Foto: UCLA/Archivo )
Así fue como decidimos parar los piquetes, pues nos dimos cuenta de que mucha gente podía salir lastimada, y que no podíamos subestimar más la violencia de los policías; además, no queríamos responder con la misma violencia de ellos, al contrario, lo que queríamos realmente era que los trabajadores aprendieran a protestar en forma no violenta, ya que al enfrentar a la policía y a esos perros hacía que todo terminara en unas batallas difíciles de controlar. Aun así, cuando terminaron las huelgas fue muy evidente ver que el movimiento trabajador y sindicalista había salido muy fortalecido –nos dio mucha satisfacción–, habíamos aprendido muchas cosas nuevas acerca de cómo conducir y llevar adelante una protesta social y cómo seguir defendiendo los legítimos derechos de nuestros trabajadores y obreros del campo.