Guardias armados custodiaban a aquellos que no se unían a la huelga. (Foto: UCLA/Archivo)

Al otro día temprano ya estábamos organizando el piquete, y al poco rato empezaron los escuadrones de la policía a disparar sus chorros de gas pimienta; pero ahora estábamos mejor organizados. En el lugar más alejado de la cerca, detrás de la cual estaban las máquinas de la policía, hacíamos el esfuerzo por protegernos con trapos mojados, por suerte después de un rato, llegó una brisa en sentido contrario a nosotros, y empezó a llevarse el gas hacia donde estaban los policías, y así, tratando de ignorarlos y cantando nuestras consignas por la justicia, logramos mantener el piquete en el que habíamos pensado sería el último día de la huelga.

Pero el lunes siguiente decidimos continuar haciendo los piquetes; elaboramos nuevas pancartas y escribimos muchos mensajes provocadores en defensa de nuestra protesta. La policía llegó nuevamente con sus máquinas y su gas pimienta para tratar de amedrentarnos. Además, trajeron seis perros pastor alemán muy bien entrenados para estos casos, como los que usaban contra los negros en el sur del país. Nosotros habíamos estado hablando con los trabajadores sobre los principios del derecho internacional humanitario que había escrito el Dr. Jean Salmon, y que circulaban en los ambientes sindicales para que estuvieran más conscientes de sus verdaderos derechos.

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El “Chicano Movement” del Colorado ayudó mucho en las batallas de los 60 y 70. (Foto: Colorado History Center)

Entonces, los “polis” trajeron los perros y los ubicaron muy cerca del lugar que teníamos designado para preparar la comida para todos los trabajadores que estaban en la protesta, así que, prácticamente cortaron la línea de alimentación, pues pasar frente a esos perros era algo terrorífico para todos. Nosotros tratábamos de animarlos, les decíamos que pasaran frente a los perros, que los ignoraran y que no tuvieran miedo; y los fuimos organizando para circular en grupos, pero la policía parecía dispuesta a enviar los perros al ataque, así que los muchachos estaban muy tensos y muchos no se atrevieron a cruzar. Finalmente, decidimos por ese día terminar el piquete, pero yo junto con otros nos dimos a la tarea de pensar cómo poder neutralizar el ataque de estos perros que tanto asustaban a los trabajadores, pues realmente parecían salvajes y dispuestos a comerse a alguien.

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César Chávez les dio a los trabajadores agrícolas el sentido del gran poder que tenían. (Foto: Zocalo public square)

Esa noche la pasé tratando de imaginar un plan para poder continuar con nuestra protesta. Yo había tenido algunos perros pitbulls, y uno de nosotros tenía todavía dos de ellos. Nos pusimos a discutir si podríamos llevarlos, pues son más salvajes y mejores peleadores que el pastor alemán, así podrían neutralizarlos, pero algunos no estaban seguros si esto sería un buen plan. Esa anoche nos despedimos prometiéndonos pensar mejor las cosas al llegar a nuestras casas. Recuerdo que llegué a mi casa, y vencido por el cansancio caí en la cama; casi no tenía fuerzas para volver a levantarme. En ese momento me vino una idea a la cabeza, podíamos llevar comida para esos perros y ponerle algún químico, algo que los asustara, que los durmiera o que les diera diarrea.

Pero al siguiente día una compañera que era profesora había tenido otra idea, ella junto con otra amiga habían traído unas perras en celo, pues habían pensado que apenas sus perros las olieran se iban a olvidar de nosotros y se irían tras ellas; sin embargo, cuando llegamos allí los policías se les fueron encima para tratar de quitarles a las perras, y empezó el desorden. Con garrotazos y piedras pronto eso se volvió un campo de batalla aterrador.

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Guardias armados custodiaban a aquellos que no se unían a la huelga. (Foto: UCLA/Archivo )

Así fue como decidimos parar los piquetes, pues nos dimos cuenta de que mucha gente podía salir lastimada, y que no podíamos subestimar más la violencia de los policías; además, no queríamos responder con la misma violencia de ellos, al contrario, lo que queríamos realmente era que los trabajadores aprendieran a protestar en forma no violenta, ya que al enfrentar a la policía y a esos perros hacía que todo terminara en unas batallas difíciles de controlar. Aun así, cuando terminaron las huelgas fue muy evidente ver que el movimiento trabajador y sindicalista había salido muy fortalecido –nos dio mucha satisfacción–, habíamos aprendido muchas cosas nuevas acerca de cómo conducir y llevar adelante una protesta social y cómo seguir defendiendo los legítimos derechos de nuestros trabajadores y obreros del campo.

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