Waleska Maldonado, jefa de Prevención de la OCFC. (Foto: Cortesía/Office of Children and Families)
Waleska Maldonado es la jefa de Prevención en la Oficina para Niños y Familias (OCFC) del gobierno municipal de la ciudad. El 18 de agosto participó virtualmente en la sesión informativa a la prensa acerca de la violencia en la ciudad que el alcalde Kenney realiza con regularidad. “Estoy contenta de dar una actualización acerca de los esfuerzos de la ciudad para proveer programas durante el tiempo en que los niños no van a la escuela”, dijo la funcionaria. Añadió que esta Oficina acaba de completar programas de verano en colaboración con el Distrito Escolar De Filadelfia.
La jefa de Prevención anunció que, en otoño la OCFC financiará a 48 proveedores para brindar 128 programas extraescolares de calidad a más de 6.100 estudiantes. Dichos programas serán divertidos y apoyarán la participación académica de los estudiantes. Al mismo tiempo, brindarán espacios seguros para los niños y jóvenes después de clases. Serán un apoyo importante para los padres y cuidadores que están trabajando.
La programación incluye a todos los grados en diversas áreas como matemáticas, apoyo a la lectura, el juego de ajedrez, codificación, baile, deportes, artes creativas, entre muchas otras.
Waleska Maldonado especificó que “estamos invirtiendo en los programas extraescolares porque décadas de investigación confirman que los estudiantes que participan en programas extraescolares de calidad, con mayor probabilidad estarán comprometidos en el aprendizaje”. Asimismo, tendrán una mejor asistencia a clases, aumentarán sus niveles de actividad física y tendrán menos probabilidad de convertirse en víctimas de la violencia o participar en actividades violentas.
Hay programas extraescolares para los niños pequeños, y si su niño cumple tres o cuatro años para el primero de septiembre, entonces será elegible para matricularse en PHLPreK, de manera gratuita y sin requisitos de ingresos de los padres. Llame al 844-745-7735 para encontrar un programa.
Ha sido un año de retos para muchos de los residentes de la ciudad, pero en especial para los estudiantes. Este año, al igual que en anteriores, la mayoría de los programas extraescolares estarán localizados en el Distrito Escolar de Filadelfia. Sin embargo, informó, algunos estarán disponibles en las escuelas chárter, parroquiales, privadas y en lugares específicos de las comunidades incluyendo centros recreativos y bibliotecas.
Visite el sitio web phila.gov/OST y haga clic en “Finding Programs”. La OCFC actualiza la información tan pronto esté disponible, así que cheque este sitio web con frecuencia.
La crisis de los opioides que campea en la nación ha golpeado en forma particular a Filadelfia; y el COVID llegó para empeorar las cosas. Los prolongados periodos de confinamiento no solo aumentaron a niveles muy sensibles el nerviosismo y la ansiedad por el encierro; sino que, además, han facilitado que el fentanilo de uso médico hiciera su tránsito hacia el uso no medicado, sumándose al daño que ya causa este fármaco cuando se produce y expende de forma ilegal para usarse como droga recreativa y psicoactiva.
Las consecuencias del COVID se van haciendo cada vez más visibles con el paso de los días. Entre ellas la primera y más evidente es el arrebato de vidas útiles y productivas que están siendo borradas paulatinamente de entre nosotros; dejando a muchas familias sumidas en el dolor y las consecuencias de la perdida. La segunda es la alta incidencia de depresión como fruto del confinamiento, a causa de la falta de interacción con otros humanos. La tercera, la soledad, que empuja a muchos a refugiarse en los opioides y otras adicciones. La cuarta, el deterioro económico por el cierre de empresas y negocios y, la quinta, los daños colaterales a nivel fisiológico que deja el virus en quienes lo han padecido.
Todo esto crea una fuerte incertidumbre y genera una larga sombra de desaliento sobre nuestro horizonte. ¿Dónde buscar una salida?
La «utopía científica» de la sociedad ultramoderna nos llevó a creer que podíamos hallar cura a todos estos males con más estudio, más ciencia, más médicos, psiquiatras, terapeutas y toda clase de especialistas anticrisis. Pero es posible que todas estas ideas no busquen sino sanar los síntomas y terminen siendo soluciones cosméticas. El extravío en el hombre moderno del sentido trascendente de la existencia es, tal vez, la auténtica pandemia que estamos padeciendo. Decía la filósofa María Zambrano que nuestra cultura moderna se halla atravesando una «noche oscura». Al mismo tiempo, el poeta T. S. Eliot ponía su esperanza en que «esta oscuridad tarde o temprano nos empujará a buscar y a descubrir las realidades divinas».
A pesar de que hoy día es «políticamente incorrecto» hablar públicamente de fe o de Dios, el actual vacío de sentido está llevando a muchos a preguntarse si quizás exista realmente un ser superior, inteligente y personal, que pueda ayudar al hombre, criatura frágil y limitada –aunque a menudo arrogante en su presunción de conocimiento– a atravesar este momento de crisis y oscuridad profunda.
Pero mientras esperamos que la humanidad llegue a ese «punto de inflexión» en que nuestras sociedades se abran a la trascendencia, los que ya creemos en ella tenemos el deber de mostrarlo practicando una solidaridad concreta, generosa y permanente hacia aquellos que están sufriendo más vivamente la soledad, las estrecheces y el dolor que dejan a su paso el COVID, el recrudecimiento de la pobreza, el incremento de la violencia, las adicciones y la depresión, que, además, a menudo terminan en la vía sin retorno del suicidio.
Por lo tanto, solidaridad, consciencia y apertura a la trascendencia, quizás sean el más seguro camino hacia un renacer de nuestro país y de nuestra humanidad.
Catorce miembros de GACLA estuvieron en Esperanza, Inc. (Foto: Cortesía de Emilio Buitrago)
La Comisión Asesora del Gobernador sobre Asuntos Latinos (GACLA) llevó a cabo su reunión trimestral en las instalaciones de Esperanza, Inc., el 20 y 21 de julio. Dichas reuniones se habían realizado solo de manera virtual debido a la pandemia.
“Los temas relacionados con la pandemia de COVID-19 mantuvieron a nuestros comisionados muy comprometidos este último año”, dijo la presidenta de la Comisión, María Teresa Donate. Desde asegurarse de que los mensajes estatales relacionados con el COVID estuvieran traducidos y fueran culturalmente sensibles a la comunidad latina, hasta coordinar muchas reuniones virtuales para disipar los mitos sobre la vacuna y promover clínicas de vacunación, GACLA sigue comprometida en ayudar a los residentes latinos a superar los desafíos de la pandemia.
Quetcy Lozada, de Esperanza (extrema izquierda) junto a dos comisionadas. (Foto: Cortesía de Emilio Buitrago)
Luz B. Colón, directora ejecutiva, expresó que “los comisionados de GACLA están encantados de reunirse para analizar nuestros éxitos recientes en cuanto a la defensa de las necesidades de la comunidad latina durante la pandemia, y para planificar con anticipación el abordaje de las inquietudes que pueden afectar a la comunidad en los próximos meses y años”.
Señaló que los datos del Censo 2020, muestran que la población latina del estado ha aumentado a más de un millón de personas. De 2010 a 2020, el porcentaje de cambio total de la población latina de Pensilvania fue de más del 109 %, uno de los más altos de la nación.
Por tanto, los comisionados están comprometidos a fomentar su trabajo para apoyar a la salud pública, coordinar el crecimiento económico y defender los derechos civiles mientras la comunidad latina continúa creciendo y cambiando.
Establecida por el Decreto 2015-08, GACLA se dedica a asesorar al Gobernador sobre las políticas y la legislación que afectan a las comunidades latinoamericanas. La Comisión está compuesta por veinte miembros voluntarios designados por él, por un período de dos años.
Luz B. Colón (izquierda), directora ejecutiva. (Foto: Cortesía de Emilio Buitrago)
En esta reunión trimestral, comisionados de varios lugares del estado participaron de manera presencial y algunos de forma virtual por Zoom. Entre los participantes presenciales estuvieron Damary Bonilla-Rodríguez, Adriana Rivera, Jimmy Durán, Quetcy Lozada, Rev. Bonnie Camarda, Ida Castro, Amaris Hernández-Padgett, Diana Cortés, Mónica Ruiz, Emilio Buitrago, María Delgado, Luz B. Colón, Teresa Donate y Jonathan Encarnación. Nelly Jimenez y Priscila Jiménez participaron de forma remota.
El fentanilo es un fuerte opioide sintético similar a la morfina, pero entre 50 y 100 veces más potente. (Foto: Ilustrativa/Pexels)
El fentanilo es un fármaco que generalmente se receta a pacientes con dolores intensos, especialmente después de una operación quirúrgica. A veces también se usa para tratar pacientes que sufren de dolor crónico y presentan tolerancia física a otros opioides. La tolerancia ocurre cuando se necesita consumir cada vez mayor cantidad de una droga o consumirla con mayor frecuencia para lograr el efecto deseado. Sin embargo, la cada vez más presencia del fentanilo en el mercado de drogas ilícita en los EE. UU., ha impulsado su consumo y provocado el aumento de muertes.
Ante esta problemática, en 2019 se creó el Proyecto Resiliencia de Filadelfia, para combatir la crisis de opioides en la ciudad, centrándose en las necesidades más urgentes y los barrios críticos, incluyendo Kensington y sus alrededores. Este proyecto finalizó en diciembre de ese año; no obstante, la ciudad continuó su labor con la creación de la Unidad de Respuesta a los Opioides (ORU, siglas en inglés), cuya misión es salvar vidas y promover la recuperación de las comunidades mediante la prevención y el tratamiento del trastorno por consumo de sustancias opioides, y romper el ciclo de la carga de los opioides en las comunidades.
(Foto: Ilustrativa/Pexels)
En esta lucha contra el abuso de drogas relacionadas con el fentanilo, la ciudad publicó en abril de este año, el Plan de Acción de Respuesta a los Opioides 2021 de Filadelfia, y recientemente, el 14 de julio se anunció la primera ronda de beneficiarios del Fondo de Resiliencia Comunitaria de Kensington (KCR, siglas en inglés), el cual recibió un apoyo operativo general de $10.000 por subvención para apoyar actividades desde fútbol hasta jardines comunitarios en las áreas de Kensington, Fairhill y Harrowgate.
Adicionalmente, como parte de las estrategias de la Ciudad para hacerle frente al abuso en el consumo de opioides, el 2 de agosto, el alcalde James Kenney firmó la Orden Ejecutiva 4-21 que establece como política de Filadelfia no arrestar a personas por poseer o distribuir tiras de prueba de fentanilo, y expresó: “Tenemos que utilizar todos los métodos disponibles para salvar vidas mientras combatimos la crisis de los opioides. El fentanilo es cada vez más un factor en todo tipo de sobredosis de drogas mortal y contribuye a casi todas las muertes relacionadas con los opioides en Filadelfia. No ganamos nada al penalizar la distribución y el uso de tiras reactivas de fentanilo, que han demostrado ayudar a las personas a evaluar y reducir el riesgo de sobredosis”.
“Las tiras reactivas de fentanilo son una herramienta para salvar vidas que alentamos a las personas a tener, usar y compartir con los demás”, Jim Kenney.
Tiras de detección rápida para pruebas de fentanilo en orina. (Foto: Ilustartiva/Pexels)
Por su parte, el gobernador Tom Wolf, pidió a los legisladores extender la declaración de emergencia por desastre en todo el estado destinada a ayudar a detener la crisis por adicción a los opioides en el estado. Esta declaración amplió el acceso al programa de control de medicamentos recetados del estado y facilitó que los profesionales médicos lograran que las personas recibieran tratamiento por drogas más rápidamente.
De acuerdo con la opinión de la médica de cabecera e Impacto, María Alejandra Pulido Restrepo, aunque es un tema bastante controversial, esta implementación, en teoría, ayudará a que los consumidores autorregulen su tolerancia al fentanilo. “El uso de drogas genera que las personas no sean totalmente conscientes de la cantidad que se administran, así como el efecto que pueda tener en su cuerpo, lo que los conduce a una sobredosis”, nos explicó.
Asimismo, mencionó que un estudio dirigido por Brandon Marshall, profesor asociado de epidemiología de la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Brown, proporcionó tiras reactivas de fentanilo de acción rápida a adultos jóvenes en riesgo de sobredosis en el estado de Rhode Island. Los datos revelaron que la mayoría de esos adultos usaban las tiras, y muchos de los que detectaron fentanilo informaron haber cambiado su comportamiento para reducir el riesgo de sobredosis. De este modo el profesor Marshall concluyó que estas tiras reactivas podrían ser una intervención que salve la vida de muchos adultos jóvenes que consumen drogas.
Finalmente, la médica Pulido comentó que los adictos generalmente no cuentan con seguro médico y no tienen fácil acceso a la asistencia médica, por lo que las tiras reactivas serán de gran ayuda para ellos. “Esta idea no es nueva, ya que este tipo de estrategias se han implementado en otras partes del mundo”, finalizó.
LA ORDEN EJECUTIVA 4-21
El fentanilo ahora contribuye al 94 % de las muertes por sobredosis relacionadas con opioides y, según el Departamento de Salud Pública de Filadelfia, al 81 % de las muertes por sobredosis de drogas en general. Las muertes por sobredosis que involucran al fentanilo han aumentado de manera alarmante en los últimos años, de nueve muertes en 2012, a 979 en 2020. Las tasas de sobredosis mortales entre personas negras hispanas y no hispanas aumentaron el año pasado, mientras que, al mismo tiempo, el fentanilo se detectó cada vez más en todas las categorías de muertes por sobredosis de drogas.
EL DATO
Maria Alejandra recomienda ver el documental «La epidemia del fentanilo en América del Norte DW Documental». En la introducción dice: Mientras el mundo pelea contra la pandemia del coronavirus, América del Norte sufre otra crisis, la del fármaco llamado fentanilo. Esta droga sintética está causando más muertes que los delitos con armas de fuego, los homicidios y los accidentes viales juntos.
El fondo KCR agradece las contribuciones de fundaciones, corporaciones y patrocinadores individuales. Puede hacer una donación en breadrosesfund.org/kcrf/
Activistas han luchado por años para que se cierre el centro de detención. (Foto: Cortesía/Shut Down Berks Coalition)
Reading, PA – El Centro Residencial del Condado de Berks se convertirá en una instalación solo para mujeres inmigrantes, según lo determinó la Junta de Comisionados de ese condado el 19 de agosto en el tribunal de esta ciudad.
A fines de febrero, todas las familias detenidas en esa prisión fueron entregadas a sus parientes o a sus patrocinadores. Al mismo tiempo que las familias fueron liberadas, la comisionada Christian Leinbach y el comisionado puertorriqueño Michael S. Rivera –primer comisionado latino–empezaron los trámites para renovar el contrato con la Oficina de Inmigración y Control de Aduanas (ICE).
Ambos funcionarios republicanos trabajan en equipo, y comenzaron pláticas para usar la instalación como prisión para mujeres migrantes. El demócrata Kevin Barnhardt, el tercer miembro de la Junta, no estuvo presente en la reunión de votación. Se oponía a que el centro se usara para dicho fin.
Berks es una de las 135 instalaciones de detención listadas en el sitio web www.ice.gov de ICE. Hasta ahora no se sabe cuando esa prisión va a recibir mujeres que buscan asilo en los Estados Unidos de acuerdo con Stephanie Weaver, la portavoz del condado Berks.
Juana Mora, organizadora de Make the Road Pennsylvania, organización a favor de los derechos de los inmigrantes, y miembro de la comunidad de Reading expresó, “estamos indignados por la conducta de nuestros comisionados porque han tomado decisiones que afectan negativamente a nuestra comunidad”. Como mujer, añadió que no puede permitir que mujeres migrantes que llegan a Estados Unidos debido a la violencia y pobreza de sus países en busca de una vida mejor, “sean encarceladas en Berks”.
A varios meses de que las familias fueron liberadas, ahora se encarcelará a mujeres migrantes. (Foto: Cortesía/Shut Down Berks Coalition)
Por su parte la comisionada Christian Y. Leinbach precisó, “estamos aprobando este contrato porque si la mitad de los reclamos de las personas fueran ciertos este Centro hubiera cerrado hace mucho tiempo atrás. Este es una situación con la que venimos lidiando hace muchos años”. En tanto, Michael S. Rivera destacó que “el Condado ha estado generando inspecciones mensuales al Centro y no ha hallado fallas. Representamos a todos los constituyentes de Berks, no solo a un grupo. Nuestro trabajo es escuchar, pero no es estar de acuerdo”.
Chris Ellis, residente de Berks y líder de Berks Stands Up afirmó, “ya hemos visto el Centro de detención de familias, y ahora están tratando una nueva versión de encarcelación de inmigrantes en nuestra comunidad; nuestro condado necesita que esta instalación sea un verdadero recurso para la comunidad y no una prisión más grande”.
Miembros de la Coalición Para el Cierre del Centro Berks puntualizaron que saben muy bien cómo opera ICE, sin rendición de cuentas y descuido. Están conscientes de que en cualquier momento ICE puede traer a esa prisión a más familias iniciando de nuevo un ciclo de abuso de los detenidos.
Las autoridades dominicanas comenzaron a distribuir la tercera dosis el pasado 1 de julio, a pesar de que la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha pedido a los países que no lo hagan en especial para evitar un acaparamiento innecesario de las vacunas. (Foto: EFE/Archivo)
Hoy, son tres países de América Latina los que están aplicando una tercera dosis de refuerzo contra la COVID-19. República Dominica, Chile y Uruguay; estos dos últimos países tienen las tasas de vacunación más altas del continente. Pero ¿estamos seguros de que solo será una tercera?, ¿y si no es la última?, estas son algunas de las preguntas que me hago respecto a la decisión que se ha tomado en la isla quisqueyana.
El presidente Luis Abinader dijo que, gracias a la tercera dosis de vacunas contra el coronavirus, en el país se “han salvado muchas vidas”. Él mismo anunció que un estudio llevado a cabo por el Ministerio de Salud Pública reveló que no hay un solo caso de personas con tercera dosis que haya sido ingresada a un hospital, y solo un 0.1% de ellos ha dado positivo, pero con cuadros asintomáticos, por lo que exhorta a la población a seguir vacunándose como única garantía de volver a la normalidad. Al respecto, el ministro de Salud Pública, Daniel Rivera, aclaró: “lo que buscamos es una cobertura extra contra las variantes, para aumentar los anticuerpos entre los pacientes y evitar reinfecciones y hospitalizaciones”.
El mandatario también sostuvo que se encuentran en una posición privilegiada con la más baja letalidad, el menor número de contagios, y una reducción de los internamientos. Mencionó que son casi 600.000 los dominicanos que se han puesto la tercera dosis, siendo él uno de ellos. No obstante, expresiones como “no me pondré la vacuna”, “ya me puse la primera dosis no me pondré la segunda”, “ya tengo mis dos dosis no me pondré la tercera”, son respuestas dadas por muchos dominicanos. Algunos dicen que hasta que países como Estados Unidos o China implementen esa medida no se la pondrán, quizás por temor o porque no están seguros de qué hacer.
Seguimos avanzando, pero el virus y sus variantes siguen propagándose, así que necesitamos vacunarnos lo antes posible; pero en mi opinión, hasta que la población no se vacune con su primera y segunda dosis, o hasta que aquellos países que están retrasados con la administración de sus vacunas por falta de dosis y no hayan avanzado un poco más, no debería haber disponibilidad de una tercera, como expuso la OMS: “así se evitará el acaparamientos de vacunas”, y habrá una mayor equidad en el reparto de dosis a nivel mundial.
Para mí, está más que claro que una tercera dosis de refuerzo contra la COVID-19 mejorará significativamente la protección frente a esta enfermedad, pero ¿seguros que será la última?; esperemos que sí.
¡Vacúnate! ¡Y Que el impacto del Señor nos mantenga el pulso equilibrado!
El fentanilo está relacionado con tres de cada cinco muertes por sobredosis en todo el país. (Foto: Ilustrativa/Pexels)
En Estados Unidos, más de 93 mil personas murieron por sobredosis de drogas en el 2020, 29% más que el año anterior, según datos de los Centros de Control y Prevención de Enfermedades de EE. UU. (CDC). En el 2019, más del 70% de las muertes involucraron un opioide. Estas sustancias actúan en el sistema nervioso del cuerpo o en receptores específicos del cerebro para reducir la intensidad del dolor. Las muertes por sobredosis que involucran opioides, incluidos opioides recetados, heroína y opioides sintéticos como el fentanilo, se han multiplicado por seis desde 1999.
La mayor presencia del fentanilo en el mercado de drogas ilícitas en los EE. UU., ha impulsado su consumo y provocado el aumento de las muertes. Situación que empeoró debido a la extensión de la pandemia que ha provocado un mayor aislamiento entre las personas que usan drogas y las agencias de salud pública abrumadas durante esta emergencia de salud.
Si bien, el fentanilo ahora está relacionado con tres de cada cinco muertes por sobredosis en todo el país, las estadísticas preliminares sugieren que las muertes por metanfetamina, cocaína y analgésicos recetados también aumentaron en el último año. Probablemente debido a su uso combinado con fentanilo, del cual tan sólo 2 miligramos pueden ser una dosis letal. De acuerdo con un informe realizado por la Administración de Control de Drogas, 26% de los analgésicos falsificados contenían esa dosis o más.
Según Chelsea Shover, epidemióloga de la Facultad de Medicina David Geffen de la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA), “Todas estas son muertes evitables. Esto es realmente una tragedia”. También argumentó que la naloxona, una droga que revierte las sobredosis de opioides, debe volverse más común y estar disponible en dosis grandes para hacer frente a la creciente proporción de fentanilo ilícito que se vende en la calle.
Las muertes involuntarias por sobredosis de drogas aumentaron 6% de 2019 a 2020, en Filadelfia.
Variaciones en el número de muertes por sobredosis involuntaria por fentanilo por raza/etnicidad. Q1, Q2, Q3, Q4 conforman los cuatros periodos del año. Fuente: https://www.substanceusephilly.com/unintentional-overdose-deaths
SOBREDOSIS INVOLUNTARIAS EN FILADELFIA
En Filadelfia, las sobredosis involuntarias de drogas contribuyen a una significativa mortalidad. En 2020, se registraron 1214 sobredosis, un aumento del 9% en 2018 y del 6% en 2019. Ochenta y seis por ciento de las muertes por sobredosis involucraron a los opioides. El fentanilo estuvo involucrado en menos del 10% de las muertes por sobredosis de drogas en la ciudad en 2010, sin embargo, en 2020 fue el responsable del 81% de las muertes por sobredosis de drogas (www.phila.gov).
Antes del 2020, las muertes eran más altas entre individuos blancos no hispanos. No obstante, durante el 2020 el número de sobredosis entre la población negra no hispana aumentó 29%, mientras que el número de sobredosis entre blancos no hispanos disminuyó 10%, en tanto que el número de sobredosis en la población hispana incrementó 1%.
El código postal 19134 es donde han ocurrido el mayor número de decesos. Sin embargo, también se ha reportado un número alto en los códigos 19124, 19140, 19133 y 19132. En 2020, hubo aumentos en las muertes por sobredosis involuntarias en los códigos postales del suroeste y norte de Filadelfia, con los mayores aumentos porcentuales en los códigos 19151, 19144 y 19123 (www.substanceusephilly.com).
Wally Amaro lleva 33 años jugando balonmano. (Foto: Cortesía/Kirk Lewis)
El puertorriqueño Wally Amaro, criado en el norte de Filadelfia, se ha destacado en el deporte del balonmano de pared (wall handball) logrando ser uno de los mejores jugadores del mundo. Ha competido con el equipo de Puerto Rico en varios torneos nacionales e internacionales.
El balonmano de pared es un deporte que consiste en golpear con la mano una pequeña pelota de goma contra la pared. El objetivo es hacer que la pelota rebote con variaciones de potencia o velocidad, y en un ángulo tal que el opositor no pueda devolverla. Se puede jugar individual o en pareja. Después de un cambio de marca reciente, esta práctica se llama como balón pared (wallball), sin embargo, coloquialmente en las calles de le conoce simplemente como balonmano (handball).
Final de torneo en el parque de juego Towy de Masher y Berks. (Foto: Cortesía/Wally Amaro
“Philly Wally”. Su familia es de Maunabo, Puerto Rico. (Foto: Cortesía/Wally Amaro)
SUS INICIOS
A los ocho años, Wally perdió trágicamente a su tío, Ángel Morales, quien le enseñó a jugar balonmano y que era como un padre para él. A pesar del dolor inmenso por su asesinato, mantuvo desde entonces la pasión por este deporte en su memoria; y a esa edad, empezó a trabajar ensamblando cajas de pizza, para ganar dinero y comprar sus tenis para seguir jugando, muchas veces practicando en lugares improvisados.
Una vez cuando estaba jugando en el patio de la escuela intermedia Stetson, Miguel Torres vio el potencial del joven. Este señor era un gran promotor de este deporte en Filadelfia, y llevaba a los jóvenes a jugar a diferentes lugares. Así, Wally participó en torneos en el barrio neoyorquino del Bronx. Nuestro entrevistado recuerda que los equipos tenían “una actitud ruda y veían menos a los de Filadelfia”. Pero ellos mostraron que tenían capacidad para ganar. Tiempo después, logró ser de los mejores jugadores de balonmano de pared ganando su sobrenombre “Philly Wally”.
Hace más de 10 años, a su regreso de los torneos, se dio tiempo para crear Pennsylvania Handball Association. Su misión es que los miembros sean mentores para los jóvenes en la comunidad latina. Una de las metas de esta organización sin fines de lucro es crear instalaciones para los niños. También ha establecido programas en colaboración con la Liga Atlética de la Policía (PAL), el Ejército de Salvación, y la escuela primaria Cramp, la primera donde estudió Wally. Otra de sus metas es que los deportistas participen en torneos internacionales para que conozcan varios países.
Torneo anual de la ciudad en Hunting Park. (Foto: Cortesía/Wally Amaro)
Jugadores con años de experiencia. De izquierda a derecha BJ Flood, Richie, Speedy, Piro, Centepede y Ralph. (Foto: Cortesía/Wally Amaro)
BENEFICIOS DEL BALONMANO
Este deporte combina las habilidades de correr, brincar, cachar y tirar la pelota con precisión. “Una de las principales habilidades es la coordinación de los ojos y las manos para poder calcular el movimiento de la pelota”, que puede llegar al jugador a 70 millas por hora. El balonmano requiere pensar rápido y reflejos en segundos ya que a los jugadores solo se les permite tres pasos con la pelota con un límite de tres segundos. Además de los beneficios en la salud, este deporte enseña disciplina, paciencia, integridad y respeto.
Una de las gratificaciones más importantes es las amistades que surgen en la práctica del deporte. Para muchos, los jugadores son su segunda familia.
En la actualidad existen cinco canchas de balonmano administradas por la comunidad: el parque de juegos en la Mascher cerca de Allegheny; el jardín de juegos Rainbow de Colores en la 5ª cerca de Dauphin; el centro recreativo Feltonville en la avenida Wyoming cerca de Ella Street; el jardín de juegos Towey en la calle Howard cerca de Berks, y el jardín de juegos McGuire en la Mascher cerca de Lehigh. Gracias a la creación de estas instalaciones, más jóvenes están aprendiendo a jugar este deporte.
Padres, niños y empleados de la Iglesia del Barrio en un torneo en Nueva York. (Foto: Cortesía/Wally Amaro)
En Filadelfia se necesitan canchas interiores en especial en la temporada de invierno cuando el frío dificulta jugar el balonmano.
Wally nos comenta que en Nueva York hay 2.000 instalaciones para practicar este deporte, y en Irlanda también hay un programa de balonmano para más de 40 niños.
A sus 41 años, “Philly Wally” se conserva en buena condición física y sigue viajando con regularidad. Este mes fue a California, en septiembre estará en Florida, y para octubre en Ecuador. Wally cree firmemente que el balonmano de pared ayuda a salvar vidas de niños y jóvenes en vecindarios marginalizados de la ciudad.
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Fotografía cedida por Kaiser Health News (KHN) donde aparece Rafiah Maxie mientras posa sosteniendo una foto de su hijo, Jamal Clay, quien murió por suicidio en mayo de 2020, en Olympia Fields, Illinois. (Foto: EFE/Taylor Glascock/KHN)
Rafiah Maxie ha sido trabajadora social clínica en el área de Chicago durante una década. En todo ese tiempo, vio al suicidio como un problema más frecuente entre los hombres caucásicos de mediana edad, hasta el 27 de mayo de 2020.
Ese día, su hijo de 19 años, Jamal Clay, a quien le encantaba tocar la trompeta y hacer teatro, el que la ayudaba a descargar las compras del auto y a recaudar fondos para March of Dimes, se suicidó en su garaje.
“Ahora no puedo parpadear sin ver a mi hijo colgado”, dijo Maxie. La muerte de Clay, junto con los suicidios de más de 100 residentes negros en Illinois el año pasado, ha llevado a los mismos vecinos a pedir nuevos esfuerzos de prevención enfocados en las comunidades negras.
En 2020, durante el primer año de la pandemia, los suicidios entre los residentes caucásicos disminuyeron en comparación con años anteriores, mientras que aumentaron entre los residentes negros, según datos estatales. Pero este no es un problema local. Y tampoco se limita a la pandemia.
Entrevistas con una docena de investigadores del suicidio, datos recopilados de todos los estados, y una revisión de décadas de investigación revelaron que el suicidio es una crisis creciente para las comunidades de color, que ya estaban sufriendo el impacto antes de la pandemia, y que se ha agravado desde entonces.
Las tasas generales de suicidio en los Estados Unidos disminuyeron en 2019 y 2020. Estudios nacionales y locales atribuyen la tendencia a una caída entre los estadounidenses blancos no hispanos, que constituyen la mayoría de las muertes por suicidio. Mientras tanto, las tasas de negros, hispanos y asiático-americanos, aunque más bajas que las de sus pares caucásicos, continuaron aumentando en muchos estados. (Las tasas de suicidio han sido consistentemente altas para los nativos americanos).
“COVID creó más transparencia con respecto a lo que ya sabíamos que estaba sucediendo”, dijo Sonyia Richardson, trabajadora social clínica que atiende a personas de color, y profesora asistente en la Universidad de Carolina del Norte-Charlotte, donde investiga el tema del suicidio. Cuando pones las tasas de suicidio de todas las comunidades en un solo paquete, «esa imagen dice que está mejorando y que lo que estamos haciendo está funcionando», dijo. «Pero ese no es el caso en las comunidades de color».
Fotografía personal cedida por Kaiser Health News (KHN) donde aparece Marc Mendiola, de 20 años, y quien junto a sus compañeros de clase en South San High School en San Antonio (Texas) comenzaron a abogar por servicios de salud mental. (Foto: EFE/Marc Mendiola/KHN)
PERDIENDO GENERACIONES
Aunque la tasa de suicidios es más alta entre los hombres blancos no hispanos de mediana edad, los jóvenes de color están surgiendo como un grupo particularmente en riesgo.
Las investigaciones muestran que los niños negros menores de 13 años mueren por suicidio en una tasa que es casi el doble que la de los niños blancos y, con el tiempo, sus tasas de suicidio han aumentado a pesar de que han bajado para los niños blancos.
Entre los adolescentes y los adultos jóvenes, las muertes por suicidio han aumentado más del 45 % entre los negros y aproximadamente el 40 % para los asiático-americanos en los siete años que terminaron en 2019.
Otras tendencias preocupantes en los intentos de suicidio se remontan a los años 90.
«Estamos perdiendo generaciones», dijo Sean Joe, experto en suicidios entre afroamericanos y profesor de la Universidad de Washington en St. Louis. «Tenemos que prestar atención ahora porque si estás saliendo de tu primera década de vida y piensas que no vale la pena seguir viviendo, eso es una señal de que algo está realmente mal».
Estas estadísticas también refutan las ideas tradicionales de que el suicidio no ocurre en ciertas poblaciones étnicas o minoritarias porque están «protegidas» y «son resilientes» o son la «minoría modelo», dijo Kiara Álvarez, investigadora y psicóloga del Hospital General de Massachusetts que se enfoca en el suicidio entre las poblaciones hispanas e inmigrantes.
Aunque estos grupos pueden haber tenido históricamente bajas tasas de suicidio, eso está cambiando, dijo Álvarez.
Paul Chin perdió a su hermano de 17 años, Chris, por suicidio, en 2009. Un poema que Chris escribió sobre sus orígenes en la escuela secundaria hizo que Chin se preguntara si a su hermano, ocho años menor que él, le costó ser aceptado en los Estados Unidos, a pesar de haber nacido y crecido en Nueva York.
Al crecer, los estadounidenses de origen asiático no estaban representados en las lecciones de la escuela o en la cultura pop, dijo Chin, que ahora tiene 37 años. Incluso en la investigación clínica sobre el suicidio y otros temas de salud, los niños como Chris están subrepresentados, con menos del 1% de financiación de la investigación centrada en los estadounidenses de origen asiático.
No fue hasta la pandemia y el aumento de los crímenes de odio contra los asiático-estadounidenses, que Chin vio la atención nacional sobre la salud mental de la comunidad. Espera que el interés no sea efímero. El suicidio es la principal causa de muerte entre los estadounidenses de origen asiático de entre 15 y 24 años, pero «eso no recibe suficiente atención», dijo Chin. «Es importante seguir compartiendo estas historias».
Kathy Williams, quien es negra, ha estado en una misión similar desde que su hijo de 15 años, Torian Graves, murió por suicidio en 1996. En aquellos días, la gente no hablaba de suicidio en la comunidad negra, dijo. Entonces, ella comenzó a plantear el tema en su iglesia en Durham, Carolina del Norte, y en las escuelas locales. Quería que las familias negras conocieran las señales de advertencia, y que la sociedad en general reconociera la gravedad del problema.
La pandemia puede haber puesto de relieve esto, dijo Williams, pero “siempre ha sucedido. Siempre».
Fotografía personal cedida por Kaiser Health News (KHN) donde aparece Tevis Simon quien creció en la pobreza en West Baltimore (Maryland) y de adulta intentó suicidarse tres veces, pero ahora trata de inspirer a otros con su historia. (Foto: EFE/Tevis Simon/KHN)
PANDEMIA ARROJA LUZ SOBRE LOS DESENCADENANTES
Identificar las causas fundamentales del aumento de suicidios en las comunidades de color ha resultado difícil. ¿Cuánto proviene de una enfermedad mental? ¿Cuánto de los cambios socioeconómicos como la pérdida de empleo o el aislamiento social? Ahora, COVID puede ofrecer algunas pistas.
Las últimas décadas han estado marcadas por una creciente inestabilidad económica, una brecha racial en la distribución de la riqueza cada vez mayor y una mayor atención pública sobre los asesinatos de personas de color desarmadas por parte de la policía, dijo Michael Lindsey, director ejecutivo del Instituto McSilver de Política e Investigación sobre la Pobreza de la Universidad de Nueva York.
Con las redes sociales, los jóvenes enfrentan el racismo en más frentes que sus padres, dijo Leslie Adams, profesora asistente en el departamento de salud mental de la Escuela de Salud Pública Bloomberg de la Universidad Johns Hopkins.
Cada uno de estos factores impacta en el riesgo de suicidio. Por ejemplo, experimentar el racismo y el sexismo juntos, está relacionado con un aumento de tres veces en los pensamientos suicidas de las mujeres asiático-americanas, dijo Brian Keum, profesor asistente de UCLA, basándose en los hallazgos preliminares de la investigación.
La pandemia intensificó estas dificultades entre las comunidades de color, con un número desproporcionado de seres queridos perdidos, trabajos y viviendas perdidos.
El asesinato de George Floyd provocó un malestar racial generalizado y los estadounidenses de origen asiático vieron un aumento en los crímenes de odio. Al mismo tiempo, estudios en Connecticut y Maryland encontraron que las tasas de suicidio aumentaron en estas poblaciones y disminuyeron entre sus contrapartes blancas.
«No se trata solo de un problema interno de una persona, sino de problemas sociales que deben abordarse», dijo Shari Jager-Hyman, profesora asistente de psiquiatría en la escuela de medicina de la Universidad de Pensilvania.
LECCIONES DESDE TEXAS
En Texas, la COVID-19 golpeó especialmente a los hispanos. A julio de 2021, representaban el 45 % de todas las muertes por la COVID-19 y la pérdida desproporcionada de empleos. Las personas indocumentadas no son elegibles para recibir beneficios de desempleo o cheques de estímulo federal.
Durante este tiempo, las muertes por suicidio entre los hispanos tejanos aumentaron de 847 en 2019 a 962 en 2020, según datos preliminares estatales. Las muertes por suicidio aumentaron para los tejanos negros y los residentes clasificados como «otras» razas o etnias, pero disminuyeron para los tejanos blancos.
Los números no sorprendieron a Marc Mendiola. El joven de 20 años creció en una comunidad de mayoría hispana en el área sur de San Antonio. Incluso antes de la pandemia, a menudo escuchaba a sus compañeros decir que tenían pensamientos suicidas.
Muchos enfrentaban problemas económicos en sus casas, a veces viviendo sin electricidad, comida o agua. Aquellos que buscaban tratamiento de salud mental generalmente se topaban con servicios costosísimos o inaccesibles porque no se ofrecían en español.
“Estas son condiciones en las que la comunidad siempre ha estado”, dijo Mendiola. «Pero con la pandemia, es aún peor». Hace cuatro años, Mendiola y sus compañeros de clase en South San High School comenzaron a abogar por servicios de salud mental. A fines de 2019, solo unos meses antes de que llegara COVID, su visión se hizo realidad. Seis agencias comunitarias se asociaron para ofrecer servicios gratuitos a los estudiantes y sus familias en tres distritos escolares.
Richard Davidson, director de operaciones de Family Service, uno de los grupos de esta alianza, dijo que la cantidad de estudiantes que discuten los factores económicos estresantes ha aumentado desde abril de 2020. Más del 90 % de los estudiantes que recibieron servicios en la primera mitad de 2021 eran hispanos, y casi el 10 % informó pensamientos suicidas o de autolesión, según muestran los datos del programa.
Ninguno murió por suicidio. Muchos estudiantes están tan preocupados por la cena del día siguiente que no pueden ver un futuro más allá de eso, dijo Davidson. Es entonces cuando el suicidio puede parecer una opción viable. «Una de las cosas que hacemos es ayudarlos a ver que, a pesar de esta situación ahora, pueden crear una visión para su futuro», dijo Davidson.
UN BUEN FUTURO
Investigadores dicen que la promesa de un buen futuro a menudo se pasa por alto en la prevención del suicidio, tal vez porque alcanzarlo es un gran desafío. Requiere crecimiento económico y social, y romper barreras sistémicas.
Tevis Simon trabaja para abordar todos esos frentes. Cuando era niña en West Baltimore, Simon, quien es negra, enfrentó la pobreza y el trauma. De adulta, intentó suicidarse tres veces. Pero ahora comparte su historia con jóvenes de toda la ciudad para inspirarlos a superar los desafíos.
También habla con políticos, agencias del orden y funcionarios sobre sus responsabilidades. “No podemos no hablar de raza”, dijo Simon, de 43 años. “No podemos no hablar de opresión sistemática. No podemos dejar de hablar de estas condiciones que afectan nuestro bienestar mental y nuestro sentimiento y deseo de vivir”.
Para Jamal Clay en Illinois, las barreras sistémicas comenzaron temprano. Antes de su suicidio el año pasado, había tratado de hacerse daño a sí mismo cuando tenía 12 años y fue víctima de acoso. En ese momento, fue hospitalizado durante unos días y se le dijo que siguiera con la terapia ambulatoria, contó su madre, Maxie.
Pero fue difícil encontrar terapeutas que aceptaran Medicaid, agregó. Cuando Maxie finalmente encontró uno, hubo una espera de 60 días. Otros terapeutas cancelaron las citas, dijo. “Así que trabajamos por nuestra cuenta”, dijo Maxie, confiando en la iglesia y la comunidad. Su hijo pareció mejorar. «Pensamos que habíamos cerrado ese capítulo de nuestras vidas».
Pero cuando llegó la pandemia, todo empeoró. Clay volvió a casa de la universidad y trabajó en un depósito de Amazon. En los viajes que hacía para trabajar, la policía lo detenía con frecuencia. Dejó de usar gorras para que los oficiales lo consideraran menos intimidante, dijo Maxie.
“Se sentía incómodo estando en la calle”, dijo. Maxie todavía está tratando de encontrarle sentido a lo que sucedió el día en que murió Clay. Pero ha encontrado un propósito fundando una organización sin fines de lucro llamada Soul Survivors of Chicago.
A través de la entidad, proporciona educación, becas y zapatos, incluidos los viejos de Jamal, a las personas afectadas por la violencia, el suicidio y el trauma. “Mi hijo no podrá tener una primera entrevista en [esos] zapatos. No podrá ir a la iglesia o incluso conocer a su esposa», dijo Maxie. Pero espera que sus zapatos lleven a alguien más hacia un buen futuro.
Si tú o alguien que conoces tiene una crisis, llama a la Línea Nacional de Prevención del Suicidio, al 1-800-273-8255 o textea HOME a la línea 741741
Nota de la editora: La corresponsal de KHN JoNel Aleccia colaboró con esta historia.
KHN (Kaiser Health News) es la redacción de KFF (Kaiser Family Foundation), que produce periodismo en profundidad sobre temas de salud. Junto con Análisis de Políticas y Encuestas, KHN es uno de los tres principales programas de KFF, que es una organización sin fines de lucro que brinda información sobre temas de salud a la nación.
La Comisión de Servicios Públicos de Orlando (OUC, en inglés) precisó que el oxígeno líquido con el que se trata el agua de la ciudad se está desviado a los hospitales. (Foto: EFE/DANIEL IRUNGU/Archivo
The governors of Texas and Florida have blamed immigrants crossing the southern border for the crisis they have with the Delta variant. Of course, if you just look at the map, you will see that Florida is far away from the border.
The fact is that there is no correlation between the spread of COVID and the spread of Delta to Immigrants. In fact, Delta was found to be spreading in the United States long before it was found in Mexico and Latin America. And perhaps it was our tourists who took Delta south of the border.
Blaming the COVID surge on immigrants is as crazy as blaming every case of diarrhea in the U.S. to Montezuma’s Revenge. American tourists getting diarrhea in Mexico always blamed this indigenous Mexican chief for their stomach ailments.
At the same time there are those who say immigrants took their jobs. Yet, today there are more jobs available and not enough applicants. Plus, the white folks complaining are not applying for farmworker jobs nor as hotel maids or gardening jobs. And if employers paid a decent wage, they would surely fill all their positions.
If the Governors of Texas and Florida had spent more time and efforts getting their citizens vaccinated and had implemented strong masking laws, they would not be having such a strong surge. Where more people are vaccinated and there are stricter mask laws, the surge is not as great.
We have over 100 million in our country who are not vaccinated. 90 percent of those hospitalized today and 99 percent of those dying are unvaccinated. And even worse, there are now more children getting the virus. One in four new cases are children under 17 years of age. If we have so many citizens not vaccinated, we will still have COVID running wild around our country.
Instead, some governors are passing policies that ban masking, which is so wrong and so crazy. Masking is easy and can help to slow the spread and help to save lives.
Blaming the immigrants is a continuation of the race baiting enhanced by the previous president and other misguided politicos.
It is a terrible waste of time and energy to blame the immigrants when the blame lies at the feet of the governors and their wrong COVID policies and politics.