El exmandatario brasileño Luiz Inácio Lula da Silva. (Foto: EFE/Fernando Bizerra Jr.)
El exmandatario brasileño Luiz Inácio Lula da Silva pidió al presidente de Estados Unidos, Joe Biden, que comparta las vacunas contra el COVID-19 que le sobran y que convoque un G20 con el único punto en la agenda de la distribución del suero.
«Una sugerencia que me gustaría hacerle a Biden es que es muy importante convocar una reunión del G20 de forma urgente, es importante convocar a los principales líderes del mundo y poner sobre la mesa una sola cosa, un solo tema: vacuna, vacuna, vacuna», dijo Lula en una entrevista con la cadena de televisión estadounidense CNN.
El líder opositor brasileño aseguró que «la responsabilidad de los líderes internacionales es tremenda» y dijo dirigirse a Biden, porque no confía en el Gobierno de Jair Bolsonaro.
«Le pido a Biden hacer eso, porque no creo en mi Gobierno. Tampoco podría pedírselo (al expresidente Donald) Trump, pero Biden es un soplo para la democracia en el mundo», añadió Lula.
También en la entrevista, el exmandatario brasileño instó a Estados Unidos a que comparta las vacunas que le sobran, algo que, hasta el momento, Washington se ha negado a hacer.
«Estados Unidos -afirmó- tiene un exceso de vacunas y no va a utilizarlas todas y quizás esas vacunas, quién sabe, podrían donarlas a Brasil o a otros países incluso más pobres que Brasil, que no puedan permitirse comprar vacunas».
Brasil vive ahora el mayor colapso sanitario y hospitalario de su historia por la falta de cupos en las Unidades de Cuidados Intensivos (UCI).
Estados Unidos, que a diferencia de otras potencias como Rusia o China hasta la fecha se ha negado a exportar vacunas, evalúa ahora las peticiones de sus vecinos más próximos, México y Canadá, de compartir con ellos algunas de sus dosis.
La acumulación por parte de Estados Unidos y otros países ricos ha generado preocupación entre algunos expertos, que advierten de que está repercutiendo en la capacidad de otros países con menos recursos de conseguir las vacunas suficientes a corto plazo, lo que genera una recuperación desigual y aumenta el riesgo de mutaciones del virus.
Un hombre sostiene una bandera de Puerto Rico en blanco y negro en San Juan. El plan de rescate podría contribuir al regreso de puertorriqueños a la isla. (Foto: EFE/Thais Llorca)
El plan de rescate de 1,9 billones de dólares recién aprobado por el Congreso para reanimar la economía y paliar los efectos de la pandemia podría crear un aliciente para el regreso de puertorriqueños a la isla, dijo a Efe Frankie Miranda, presidente de Hispanic Federation (HF).
El puertorriqueño elogió el rescate promovido por el presidente Joe Biden durante el foro anual del Día de Puerto Rico en Tallahassee, la capital de Florida, que se realizó de manera virtual. Miranda, organizador del cónclave, dijo que “existen asignaciones históricas para Puerto Rico” en dicho rescate que crean la posibilidad de “una relocalización” en la isla. “Estamos entusiasmados con esta inyección de dinero”, agregó.
Recordó que la pandemia ha contribuido al flujo masivo de boricuas, especialmente a Florida, que se suma a otras causas económicas y de desastres naturales. “Tendríamos que ver si este puente aéreo se estabiliza”, precisó.
El evento, con medio millar de participantes inscritos, y 25 senadores y representantes del Congreso de Florida de ambos partidos, se realiza este año por primera vez de manera virtual. Creado hace más de dos décadas por el exrepresentante estatal Anthony Suárez con la idea de elevar el debate sobre temas claves para la diáspora de la isla caribeña en Florida, la jornada logró el apoyo de más de una docena de organizaciones puertorriqueñas en Estados Unidos.
El panel sobre la pandemia discutió los impactos que COVID-19 ha dejado en la comunidad puertorriqueña y latina en general durante el último año. “Hemos visto que en comunidades difíciles de llegar, la población latina presenta el más bajo índice de vacunación”, sostuvo. “Esto ocurre en todo el país, lo que vemos es que los blancos no hispanos tienen mayor índice de vacunación. Esto tiene que ver con la disparidad de recursos económicos y otros factores como el idioma”, afirmó Miranda.
“Las personas quieren vacunarse en nuestra comunidad, lo que ocurre es que no se les está hablando en su idioma de manera apropiada. En su idioma los índices cambian. Hay un vacío de información”, sentenció Miranda.
Días de limpieza organizados por EHED de Esperanza.
Imagínese usted caminando por Hunting Park hace 60 años, o quizás incluso hace 30 años. ¿Qué imágenes le vienen a la mente sobre el estado del parque? ¿hay muchos campos o árboles? A veces es difícil imaginar cómo se ve un lugar después de haberlo visto de una cierta manera durante tanto tiempo, pero la residente Bernadette Mason, tiene buenos recuerdos de Hunting Park de cuando era una niña, en los años 50. «Había muchos árboles en el parque y siempre me impresionaban cuando era niña». Había sombra debido a la cantidad de árboles que tenía el parque, y al atravesarlos la brisa actuaban como un refrigerador natural. La Sra. Bernadette tiene gratos recuerdos de cuando ella y su familia visitaban el parque los domingos después de la iglesia “El aire era diferente. Los niños podían jugar. Mi madre prefería ir a Hunting Park en lugar de Fairmount debido a la accesibilidad».
Más allá de los árboles, el parque también tenía un estanque donde los residentes iban a nadar, ubicado donde ahora está el campo de fútbol, que era el único lugar que las familias podían usar para nadar, hasta que el Departamento de Salud Pública lo cerró por temor a que el agua no tratada pudiera afectar a los residentes, y finalmente lo drenaron. En ese momento, la mayoría de los residentes empezaron a utilizar Kelly Pool, la única piscina olímpica en la ciudad, pero la Sra. Bernadette dice que siguieron disfrutaron del estanque y, aunque no se comparaba en su tamaño, “e incluso, aunque solo fuera agua de lluvia, para mí todavía se veía mucho más grande de lo que era».
Aún después de que secaron el estanque, su familia todavía utilizaba los espacios del parque para hacer picnics en la sombra, y finalmente se aprobó que el parque construyera una piscina. De hecho, el padre de Bernadette, que trabajaba como albañil, participó en su construcción. La nueva piscina no estaba segregada por raza, como el estanque, sino por género, y tenía horarios designados para que la usaran los niños o las niñas.
La Sra. Bernadette finalmente llegó a ser dueña de su propia casa en el corazón de la comunidad de Hunting Park, tras comprarla en 1984. En su cuadra encontró la misma sensación reconfortante que los árboles le proporcionaban en el parque. Los recuerdos favoritos de su calle, es cuando se sentaban el porche de su casa, con una taza de café y disfrutando de la compañía de sus vecinos. Incluso a última hora de la tarde, cuando el sol golpeaba con más fuerza, Bernadette podía encontrar un reparo de los rayos más duros del sol. “A todos nos encantaban los árboles y el aire fresco. No hay nada como salir de casa sin tener que oler la basura. Me encantaba despertarme por la mañana con el sonido de los pájaros. Era una excelente manera de pasar el rato con mi taza de café».
Menciona que a finales de los 80 y principios de los 90 fue cuando empezó a notar un cambio en el entorno de su comunidad. Debido a los problemas de la plantación de especies incorrectas de árboles en las aceras y a la infraestructura vieja y en deterioro, las aceras de la ciudad comenzaron a doblarse y romperse, a medida que las raíces buscaban agua de las viejas tuberías. Uno a uno, aquellos árboles fueron retirados por los propietarios y, en ocasiones, la misma ciudad intervenía para quitarlos, marcando con una x los árboles para indicar que serían derribados. En ese momento, la gente se decía feliz, porque estaban afectando su propiedad, pero Bernadette siente que su desaparición ha afectado el tejido social de la comunidad.
“Ahora salgo afuera a las 6 de la mañana para vencer al calor o para barrer la calle. Tienes que saber cuándo salir porque el calor se ha vuelto insoportable. Los vecinos tienen que mover sus sillas al otro lado de la calle para evitar el sol. A veces, los vecinos incluso llenan pequeñas piscinas al otro lado de la calle y abren las mangueras para refrescar donde el sol golpea más».
Mrs. Bernadette siente que los árboles eran una bendición en la cuadra, porque no solo la hacían más hermosa, sino que también alentaban a los vecinos a estar afuera y comunicarse entre sí. Señaló que ahora se dificulta la integración con otros vecinos, porque se ven con menos frecuencia y, a veces, ni siquiera se sabe quiénes son. Afirma que, para ella, esos eran los ‘buenos viejos tiempos’, donde podía contar con sus vecinos si alguna vez los necesitaba; como lo experimentó en algún momento en su cuadra, cuando se cayó y tuvo un accidente. Sintió que los vecinos pudieron responder porque la conocían, pero ese sentido de comunidad ya no es tan frecuente como antes.
“Cuando era niña, mi mamá me decía que saliera, barriera, hiciera mis quehaceres y luego me iba corriendo a donde los otros niños para ponernos a jugar. Luego, cuando se encendían las luces de la calle, regresábamos para sentarnos en el porche y hablar, viendo moverse las sombras de los árboles, hasta que nuestros padres nos llamaban».
El entorno, asegura Bernadette, puede cambiar y ha cambiado la forma en que interactuamos entre nosotros. Pero, aunque se siente a veces una desconexión, todavía tenemos la oportunidad de trabajar entre nosotros para cambiar las cosas.
Buenos Aires, Argentina – Yo, omnipotente, poderoso y vasto, vivo, camino, hablo y respiro, porque quiero. Y porque quiero veo las cosas de uno u otro modo, y vuelo con alas azules, blancas o negras, porque quiero.
Y miro el sol en todas sus dimensiones, porque quiero. Y luego lo veo cúbico y verde, porque quiero. Y le digo que se vaya y se va, y todo porque quiero.
Pero yo, omnipotente, poderoso y vasto, no quiero morir y muero…
José Martí, poeta cubano.
El influencer ucraniano Dimitri Stuzhuk, era joven, atlético, musculoso y eso –al parecer- le daba poderes especiales para asegurar a sus millones de seguidores y a quien le preguntara, que él no creía en el coronavirus. Dimitri estaba convencido en que las teorías que circulaban acerca del COVID-19 eran inventos de internet y de ciertos iluminados del fatalismo mundial. Es más, llegó a elaborar teorías que certificaban que este virus era un invento de los laboratorios para vender remedios y para sembrar el terror en la humanidad.
Hasta que, al volver de unas cortas vacaciones en Turquía, empezó a tener dificultades para respirar y otra serie de problemas de salud.
“Yo también pensé que no había Covid hasta que enfermé. La Covid-19 no es efímera” escribió en su último mensaje y fue su esposa Sofía, también influencer en las redes sociales, quien comunicó su muerte.
Stanley Gusman, presentador de la TV brasileña de 49 años, fue un eterno negador de la pandemia e incluso se resistía a usar barbijo y externaba que las medidas sanitarias coartaban la libertad de tránsito. Se pronunciaba contra las medidas de distanciamiento social e incluso declaraba que no se dejaría medir la temperatura en la entrada de comercios y centros comerciales. Desde su lugar en la pantalla, se encargó de apoyar a su presidente Jair Bolsonaro y a refutar cada discurso que advertía de los peligros de tomar precauciones ante el virus.
Tras contagiarse, fue internado y a los pocos días falleció solo en un hospital de las afueras de Río de Janeiro.
Igona Moura, una influencer brasileña, incitaba a sus seguidores, al mejor estilo Charles Manson, a concurrir a fiestas y a todo lugar donde hubiera aglomeraciones. Desde el primer momento, Moura negaba la existencia de esta enfermedad, hasta que un día se infectó y tuvo que ser internada con respirador artificial. El diagnóstico de COVID no tardó en llegar, y a dos semanas de su internación también murió. En uno de sus últimos posts, se le ve mientras era transportada en una camilla gritando: “No tengo Coronavirus”
Tres casos de los miles en el mundo, donde el negacionismo se fue apoderando de la mente de los que se creían dioses y que arrastraron, por sus funciones o trabajos a quienes confiaban en ellos y tal vez ahí estuvo lo peor.
El ministro de Educación, Roberto Fulcar, detalló en estos días que la mayoría de los municipios que están incluidos en la reapertura gradual de las clases presenciales, son de las regiones Sur, Este y el Cibao; donde se registra un menor porcentaje de la posibilidad de contagios por el COVID-19; por lo tanto, lo que se espera o, mejor dicho, en lo que confiamos, es que la delimitación de las áreas sea así en la realidad.
La elección se hizo tomando en cuenta el comportamiento de la pandemia, ya que “en distintos municipios el virus se comporta de manera distinta”.
Es bueno mencionar que los estudiantes no irán todos el mismo día al aula, serán divididos por grupos, dependiendo de la cantidad de alumnos.
Antes de anunciar la decisión, el ministro de educación sostuvo una reunión con respecto a la oposición de la Asociación Dominicana de Profesores (ADP), presidida por Xiomara Guante, de que se retomen las clases presenciales. En ella expusieron todos sus planteamientos, incluyendo la habilitación de un centro en la sede de la Asociación Dominicana de Profesores para cooperar con la vacunación de los maestros.
Las clases iniciarán el próximo 6 de abril de manera semipresencial con los cursos de primera infancia y el primer ciclo de primaria, que comprenden edades entre tres meses y ocho años. Estos serán divididos en grupos, en dos tandas y días específicos de la semana.
Se elaborará un protocolo para el retorno a las aulas elaborado por el ministerio, un grupo asistirá los lunes y martes en jornada matutina, mientras que otro irá a clases presenciales miércoles, jueves y viernes en la tarde.
Los estudiantes de sexto de secundaria de las modalidades Educación Técnica y Artes, también se integrarán a las aulas.
Con respecto a todo lo que dijo el ministro de educación, aunque aún hay cuestiones por resolver, mencionar que la necesidad de que los estudiantes estén vacunados en su totalidad antes del regreso a clases es la mejor noticia. Esto es solo el inicio de algo que cada vez se ve más próximo a cumplirse; poco a poco volveremos a la normalidad, las clases van a iniciar y estaremos juntos de nuevo como antes. Creo que es una excelente decisión; auguramos éxito al plan que se aproxima, como a todos los planes a futuro enfocados a la educación de nuestro país, para que se cumplan con el buen pie.
¡Un abrazo y que el impacto de Jesús en nuestras vidas nos mantenga el pulso equilibrado!
Hay un descontento generalizado por el planeta que debe hacernos repensar a todos, sobre el motivo de dichas causas. Lo cierto es que cada día son más las naciones desoladas, que están pasando un periodo complejo y difícil de agitaciones sociales y políticas. La violencia, la miseria y la pandemia de COVID-19 están llevando a millones de familias al borde de la desesperación. La llegada de una importante crisis socioeconómica y humanitaria, con fuertes tasas de pobreza a nivel global, nos está debilitando como jamás. Urge, por tanto, primero aplacar la ola de disturbios sociales y después evitar que se produzca un mayor deterioro de la situación, protegiéndonos mutuamente.
Desde luego, resulta particularmente preocupante la falta de liderazgos orientados a fortalecer la promoción y protección de los derechos humanos y a vigorizar la confianza entre la ciudadanía, con mayor énfasis en las personas en situación de vulnerabilidad. También se echa en falta la sensibilidad de los gobiernos en la protección social y en la falta de empeño de la ciudadanía por ser más solidarios. Asimismo, son preocupantes los persistentes ataques a los mecanismos de justicia establecidos para luchar contra la arbitrariedad y los abusos de poder. Sn duda, hoy más que nunca, nos hace falta ese espíritu cooperante de escucha y de acción, para mejorar esta atmósfera de tinieblas, que nos está dejando sin aire a la hora de caminar.
La situación se ha vuelto desesperante para mucha ciudadanía, que ha perdido toda expectativa de cambio, acrecentándose la tensión social y el desorden. A medida que el espacio cívico se aminora, también lo hacen los derechos humanos. Nadie respeta a nadie y esto es muy grave, gravísimo; ya que están surgiendo nuevas fuerzas que nos esclavizan. Será bueno romper cadenas, avivar encuentros y poner más entusiasmo, en renacer hacia ese horizonte que busca vivir en armonía con todos. Lo importante es retomar un rumbo en común, que nos reintegre en el bien colectivo y nos hermane más allá de las fronteras y de los frentes que, absurdamente, solemos levantar unos contra otros.
Víctor Corcoba Herrero. Escritor
En una sociedad realmente diversa, tenemos que confluir para establecer relaciones saludables, para compartir andares y, en definitiva, para volver a ser ese hogar de pueblo, repoblado de abecedarios ilusionantes en su conjunto. Por si fuera poco, esta pandemia nos ha desalentado; lo que nos exige de cada uno de nosotros una toma de decisiones valientes, para cuando menos poder frenar ese fuerte huracán de locura que arrasa el mundo, porque ciertamente los problemas están interrelacionados, y únicamente se resolverán el día que en verdad tomemos conciencia de destronar de nuestro lenguaje ese círculo vicioso corrupto que impera hoy por la tierra.
En consecuencia, frente a esta atmósfera decepcionante, sólo cabe el sosiego en todas partes; y, en este sentido, todos los países deben mostrar un ánimo más rehabilitador, volviendo a considerar al ser humano como centro de humanidad sobre aquello que nos circunda; puesto que la vida por si misma está basada en el arte de unirse y reunirse, más allá de las visiones que nos enfrenten. Ahí radica el avance, en reconocer en el análogo un aliento más de nuestra propia vida.
Las personas deben ser el elemento esencial de nuestros gobiernos. Por ello, deseo que todos los moradores del mundo puedan construir juntos espacios de convivencia, a través de los diversos puntos de concurrencia, que es lo que en definitiva nos engrandece como humanidad.
Dicho lo cual, mantengamos viva la llama de la conciencia colectiva, a pesar de los muchos pesares que nos asolen, ya sea por los contextos envenenados o la memoria de los horrores acontecidos ya, porque lo importante al fin es renacer, tender puentes, romper ataduras de intereses, sembrar conciliaciones y reconciliaciones, esparcir sueños y enhebrar anhelos, pues vivir a todos nos pertenece y a todos nos obliga a dar testimonio de nuestra generosidad hacia el semejante. Indudablemente, es posible un camino de paz. El punto de inicio debe ser la mano tendida y extendida siempre. Porque hoy por mí y mañana por ti, todos necesitamos de todos. Esta es la pura realidad que nos interroga y debe tranquilizarnos.
Lo que no es de justicia es machacarse uno así mismo, por los sistemas de lucro egoísta y las tendencias ideológicas que nos repelan entre sí, confundiéndolo todo y destrozando los principios y valores que nos armonizan. Ojalá aprendamos a restaurarnos como especie pensante. De nosotros dependen, tanto esa reparación humanística encaminada a dignificarnos como también esa reposición forestal, que será lo que nos ayude a afrontar esta doble agonía, la del clima y de la biodiversidad. No olvidemos la lección que, a su vez, la pandemia nos ha legado, poniendo de relieve lo endebles que florecemos y lo interrelacionados que estamos.
Está visto, pues, que si no nos cuidamos entre sí el mundo desfallece. Cada verso es un latido necesario para ese poema interminable que ha de ser de gozo y alegría, todo lo contrario a lo que vivimos en la actualidad. Esta es la cuestión. Somos hijos del amor y hemos de amarnos (no odiarnos). Somos inspiración y hemos de crearnos y recrearnos (no atormentarnos). Somos, sí somos, dejémonos ser parte del poema (no injertemos pena). Vuelvan los poetas a tomar la tierra hasta convertirla en cielo. Compasión y pasión por la empatía. Regrese la poética.
Imagen captura de pantalla de James Kenney en video conferencia (Imagen Impacto)
La semana pasada el alcalde Jim Kenney actualizó a los habitantes de Filadelfia sobre la crisis de violencia armada. En esa conferencia, dijo al público lo que ya sabemos, que necesitamos acción. El alcalde destacó que el gobierno de la ciudad está trabajando en nuevas estrategias e iniciativas. ¿¡Trabajando en ello!? Después de cuatro años de un aumento constante de asesinatos, ¿por qué la ciudad no ha desarrollado un plan?, ¿por qué todavía están trabajando en él? Debería haber iniciativas proactivas ya, ¿o esto comenzó ayer?
Hay dos planes sobre violencia armada en la ciudad: el Plan de Acción del Departamento de Policía y la Hoja de Ruta para Comunidades Más Seguras de la Oficina de Prevención de la Violencia. Ninguno de estos planes ha abordado eficazmente la violencia con armas de fuego en Filadelfia y la evidencia es el creciente número de asesinatos diarios.
Estamos en medio de una crisis de salud pública que ha aumentado constantemente durante años. No estoy hablando de COVID-19, sino de violencia armada. Si bien la pandemia del coronavirus ha encontrado una némesis en la vacuna, la violencia con armas de fuego continúa hiriendo y matando sin discreción. Bebés, niños, jóvenes, adultos y ancianos han sido víctimas. En 2020, la ciudad de Filadelfia fue escenario de 499 homicidios. En lo que va de 2021, al cierre de esta edición, se habían cometido 103 asesinatos, lo que representa un aumento del 30 % con respecto al 2020 hasta la fecha. Si hacemos los cálculos, la estimación de muertes por homicidio para fines de 2021 se estima en 673. Si el porcentaje de aumento sube al 45%, los homicidios resultantes serán más de 700 muertes. Recuerde, estos no son números, son personas que tienen familias y siguen vivas hoy.
Cuando fue su turno de hablar, el fiscal de distrito de Filadelfia, Larry Krasner, conocido por su actitud y políticas blandas contra el crimen, dijo que el número de muertes en la ciudad es bajo en comparación con otras partes del país. Considero que sus declaraciones fueron angustiantes e insensibles. Krasner nunca fue un fiscal, sino un abogado defensor, y de derechos civiles, que, durante su mandato como fiscal del distrito, ha culpado de los homicidios a la pobreza, al COVID-19 y, en la rueda de prensa, culpó del aumento a la ausencia de actividades para juventud y a la falta de empleo.
Krasner dice que aprecia el trabajo del Departamento de Policía, a quien demandó 75 veces. Dice que su oficina trabaja “de la mano” con la Policía y que está dispuesto a hacer todo lo posible para ayudarla. Krasner señaló que “una tasa de condenas del 85% no es la solución”. Me pregunto cuántos casos de ese 85% fueron acuerdos de culpabilidad.
La solución es la prevención. Esta siempre es mejor, pero una vez que un individuo cruza la línea y comete un homicidio, entonces la condena es todo lo que tenemos como consecuencia, por justicia y para mantener a los demás a salvo. Al final de esa rueda de prensa, me di cuenta de que no hay planes. La Policía y el fiscal de distrito no están trabajando juntos. El futuro de Filadelfia parece sombrío y hay una sensación de anarquía y pérdida de control sobre él. Las personas que se convertirán en estadísticas a finales de año están vivas hoy. Tenemos que encontrar esperanza. Si el liderazgo de la ciudad no puede salvarnos, ¿cómo podemos salvarnos a nosotros mismos? Porque no vendrá el Chapulín colorado.
(Foto: ilustrativa por Andrea Pracquadio/ pexels.com)
Con el fin de disminuir la propagación del COVID-19, el gobierno de Filadelfia estableció el 16 de marzo de 2020 regulaciones de emergencia. Los trabajadores cubiertos por esas normas podían ausentarse por enfermedad en situaciones relacionadas con el virus y cuidado preventivo, sin miedo a represalias de los empleadores. Después, el 9 de septiembre del año pasado, la ciudad enmendó el capítulo 9-4100 del código de Filadelfia titulado: Promoviendo Familias y Lugares de Trabajo Saludables, para que ciertos empleados que brindaban cuidado médico fueran compensados, en el caso de que contrajeran una enfermedad transmisible durante la pandemia.
Esto incluyó a negocios cerrados por mandato, quedarse en casa para cuidar a hijos pequeños durante el cierre de escuelas y centros de cuidado infantil, así como por razones de auto cuarentena para trabajadores con un sistema inmunológico en riesgo.
También estaba en vigor la Ley de Familias Primero, de Respuesta al Coronavirus (FFCRA, por sus siglas en inglés) que requería que ciertos empleadores dieran a sus trabajadores licencia laboral pagada o expansión de licencia familiar, así como por enfermedad debido a razones relativas al COVID-19. Estas provisiones se aplicaron desde el 1 de abril hasta el 31 de diciembre de 2020.
El capítulo relativo a Promoviendo Familias y Lugares de Trabajo Saludables también expiró el 31 de diciembre, dejando a muchos trabajadores sin goce de sueldo, debido a que tuvieron que ausentarse para no contraer el virus.
(Foto: ilustrativa por August de Richelieu/pexels.com)
Ahora, el Comité de Salud Pública y Servicios Humanos del concejo municipal de la ciudad aprobó de manera unánime un proyecto legislativo para restablecer el mandato de que los empleadores de Filadelfia provean dos semanas de licencia por enfermedad remunerada a los empleados que no pudieron trabajar por el COVID-19. Así, ciertos trabajadores de la ciudad, como son los de atención médica y los que trabajan para empleadores que cuentan con quinientos o más empleados, tendrán protecciones durante esta pandemia.
La propuesta de reinstaurar el mandato de Promoviendo Familias y Lugares de Trabajo Saludables pasará a voto del concejo municipal en pleno en las semanas venideras. De aprobarse, los trabajadores de la ciudad que necesitan estar en cuarentena debido a que estuvieron expuestos al COVID-19, cuidaron a un miembro de su familia que estuvo enfermo, permanecieron en su hogar con un niño que no pudo ir al cuidado infantil o a la escuela porque las instalaciones estuvieron cerradas, podrán tomar dos semanas de ausencia por enfermedad con goce de sueldo. A su vez, los empleadores que brinden licencia por enfermedad remunerada por emergencia serán elegibles para un crédito de impuesto federal.
Las calles de Filadelfia se ven insólitamente vacías a causa de la pandemia. (Foto: Phila.gov)
En Filadelfia, todo transcurría normal. En las mañanas, en la hora pico, por las arterias principales, los automóviles fluían con la lentitud de un koala. Las líneas de gente en espera del bus. Los vagones atestados de gente, corriendo entre serpientes de hierro. La mayoría hacia la misma dirección y hacia el mismo propósito: al centro de la ciudad a trabajar.
La mañana era tan normal, que la gente viajaba con la misma parsimonia de siempre. Juntos en el bus, en el auto o en el tren y cada uno en su embeleso particular. Las conversaciones eran escasísimas, a nadie parecía importarle lo que ocurría a pulgadas de su entorno. En los buses y trenes algunos iban con el teléfono en sus narices, evitando el contacto visual con sus compañeros de viaje.
En los planteles escolares, los niños y adolescentes parecían manadas de hormigas entrando a sus túneles. Se oían cientos de voces, pero nadie conversaba. En el desespero por pasar el detector de metales de la escuela era donde se encontraban las miradas rencillosas, y se escuchaba algún adolescente gritar un soez saludo al guardia de seguridad.
Todo transcurría normal a inicios del 2020. Los noticieros estaban informando de un raro virus en Wuhan, una ciudad en China, donde ya cientos de chinos morían asfixiados por un colapso pulmonar o por un repentino deterioro cardiaco. Pero acá en los trenes, los autos y los buses la gente seguía en su normal soledad. No había razón de alarma, vivíamos en el país más poderoso del mundo y con gran prosperidad. Todo transcurría en la menor ansiedad posible, pero en la más colectiva incertidumbre.
El 20 de enero se anunció que un chino procedente de Wuhan, infectado por el raro virus, había llegado a las costas del oeste. Un día después, se confirmaba que un estadounidense de 30 años, del estado de Washington, estaba infectado por el virus. Más tarde, el gobierno establece un grupo de trabajo para tratar con el virus y se declara una emergencia nacional de salud. Para mediados de marzo, el gobierno recomienda que se eviten las reuniones públicas y los viajes fuera del país. La Agencia Federal para el Manejo de Emergencias (FEMA), le recomienda al Cuerpo de Ingenieros del Ejército de la nación a que comience a identificar edificios grandes para usarlos como hospitales y unidades de cuidados intensivos. Era evidente que el brote del virus corría desenfrenado y avanzaba a pasos incontrolables.
Ante la amenaza inminente se cierran escuelas, se cancelan convenciones, festivales, ferias y eventos deportivos. Todo se acrecienta a partir del 11 de marzo, cuando la Organización Nacional de la Salud declara que el brote del virus era una pandemia de magnitudes desastrosas. Las ciudades se infectaron, una tras otra, a velocidad de águila. Decenas de muertes se multiplicaban diariamente. La población de la tercera edad parecía ser la más golpeada, junto a las comunidades negras y latinas. El mundo estaba atemorizado, la gran mayoría de los países fueron afectados por la pandemia. A finales de marzo, la nación se convirtió en el país con el mayor número de casos del virus en el mundo y a comienzos de abril, era la nación con la mayor cantidad de muertes por el virus en el mundo. Con tan solo 3 % de la población mundial, 1 de cada 4 de los fallecidos eran de EE. UU.
La mayoría estábamos llamados a quedarnos en encierro domiciliario, hablábamos con la incertidumbre guindando de los labios y preocupados por la salud de los familiares y amigos cercanos. Algunas casas se llenaron de voces y niños retozando. Para unos los días pasaban fugaces como el arcoíris y pronto el desespero por el trabajo y el ingreso comenzó a amontonarse como las hojas en otoño. La ansiedad por el retorno a la normalidad se sumó a la ansiedad por el virus. No pocos vecinos optaron por una voluntaria reclusión solitaria en sus hogares. Las vías principales quedaron solitariamente desoladas. Los trenes y los buses vagaban casi vacíos por las calles casi vacías de la ciudad que se iba vaciando.
Desde los hogares observábamos la soledad de la ciudad, sin ruido, sin algarabía, sin embotellamientos. Los graciosos gansos pululaban libres y despreocupados por las calles de la ciudad fraternal. Las ardillas se paseaban entre ramas y cables eléctricos, tranquilas, sin el desespero que las distingue. En el bosque de la ciudad volvían a verse manadas de aves retomando el espacio que por derecho natural les corresponde.
En los hogares, descubrimos la falta que nos hacía estar cerca de los que siempre tenemos cerca. Aprendimos a darnos cuenta de lo solos que estábamos aun estando juntos. De momento aprendimos, que estar solos no es el estado natural del ser, que la soledad debe estar acompañada de otras soledades y juntos hacer familia, sociedad. Estos 365 días de soledad poblaron las esperanzas de que se puede continuar, de que las vicisitudes de lo inesperado no nos cancelan ni nos detienen. La pandemia nos paralizó, pero en ese estado de parálisis descubrimos la falta que nos hacemos, la humanidad que nos habita y lo atrevidos que somos para continuar a andar.
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A partir del 1 de mayo, los residentes del estado de Nueva Jersey con un número de seguro social o un número de identificación personal del contribuyente (ITIN) podrán programar citas para obtener licencias de conducción sin importar su estado migratorio. Sin embargo, debe tener una cita programada para el primer día de mayo o después. De lo contrario, no llame ni visite las agencias de la Comisión de Vehículos Motorizados (MVC) de Nueva Jersey. Las citas solo se pueden obtener en línea visitando njmvc.gov. Cuando ingrese a la página, en el apartado “Schedule an Appointment” (en español ‘programe una cita’), encontrará lo que necesita saber. El enlace estará́ disponible pronto.
Para efectuar el trámite se necesitará cumplir con los siguientes documentos para los llamados “6 puntos de identificación”, que consisten en: prueba de identidad (si no están en inglés, este debe ser traducido antes de su visita a una de las agencias de MVC). Comprobante de domicilio del estado de Nueva Jersey y un número de seguro social o un ITIN.
El tipo de licencia que obtendrá será una licencia de conducción básica del estado de Nueva Jersey o una tarjeta de identificación de no conductor, mientras que cumpla con todos los requisitos de elegibilidad para convertirse en conductor con licencia del estado. La licencia de conducción básica estará́ disponible para todos los residentes de Nueva Jersey, independientemente de su estado migratorio.
Si usted tiene una licencia de conducción o identificación de otro estado y actualmente es válida o está vencida hace menos de un año, debe programar una citapara transferir su licencia del otro estado. Asegúrese de traer todos los documentos requeridos. Si su licencia expiró hace más de un año, tendrá́ que empezar el proceso de licencia como si fuera por primera vez.
No le pague a nadie que le ofrezca ayuda para conseguir una cita; solo la Comisión de Vehículos Motorizados puede programar citas. La comisión no trabaja con terceros y, además, verifica la autenticidad individual de cada cita para confirmar que fue realizada en su sitio web. Tenga cuidado con cualquier sitio web que ofrezca ayuda para obtener una licencia; a menos que sea un sitio del gobierno que termine en (.gov), ya que pueden estafarlo.
En caso de necesitar intérprete la Comisión de Vehículos Motorizados de Nueva Jersey (NJMVC) utiliza el sistema «Language Link», un servicio de traducción por teléfono para los clientes que soliciten el servicio de interpretación. Usted también puede traer su propio intérprete. Sin embargo, durante el examen práctico en carretera, podrá estar solamente usted y el examinador de MVC.