La cultura china es muy rica, pero cuando su historia se combina con la política suelen surgir abundantes fábulas.
En 1949, cuando la guerrilla comunista de Mao Zedong luchaba por el poder, China estaba gobernada por la “República de China”. Tenía 38 años de existencia, una Constitución aprobada por el pueblo, reconocimiento diplomático internacional y su condición de país fundador de Naciones Unidas.
A finales de ese año, las guerrillas de Mao, con apoyo soviético, forzaron al gobierno de la República de China (conocida hoy como Taiwán) a mover su cede de Pekín hacia el sur, y luego a las islas de Taiwán y Pescadores. Allí, el gobierno y sus fuerzas militares resistieron todos los ataques de la guerrilla maoísta, sin que pudieran derrotarlos ni ocupar las islas.
Tanto Taiwán como Islas Pescadores continuaron siendo territorios de la República de China. Y hasta hoy, 76 años después, han mantenido su gobierno, su soberanía y su integridad territorial.
Es un hecho indiscutible que las repúblicas se fundan en el territorio que ocupan físicamente, y la República Popular China la fundó Mao Zedong en noviembre de 1949, sin que ocupara nunca el territorio de Pescadores y Taiwán. Consecuentemente, estas nunca pertenecieron ni formaron parte del régimen dirigido desde Pekín.
Por estas verdades históricas incuestionables, es absurdo que el líder comunista Xi Jinping reclame a Taiwán como “parte” de la República Popular China. O que declare, como hizo recientemente en un encuentro con opositores taiwaneses, que “la reunificación (con Taiwán) es una necesidad histórica”.
Esas “versiones” de Xi Jinping no son más que “un cuento chino”, que no tiene sustentación histórica. Ellos usan la retórica de “repítelo y repítelo”, para que la gente se lo crea.
Las nuevas generaciones en Taiwán han desarrollado un vida educacional, cultural y cívica diferente a la de China comunista. La juventud taiwanesa ya se identifica más como “taiwanesa” que como china continental. Sus libertades y derechos los diferencian sustancialmente.
Desde 1949, las dos repúblicas con apellido “China” han coexistido, al igual que las dos Corea. En ambas experiencias históricas, las fuerzas comunistas trataron de apoderarse de todo el territorio, pero patriotas anticomunistas lucharon y lo evitaron.
Es menester recordar también que, después de creada la República Popular, el reconocimiento político y diplomático internacional lo mantuvo la República de China (Taiwán), incluyendo el asiento en Naciones Unidas. No fue hasta 1971 que la Unión Soviética pudo conseguir que los numerosos regímenes no democráticos votaran una resolución que le arrebató la representación a Taiwán y le entregó el asiento a su aliado comunista chino.
Otra verdad histórica es que Pekín y Taiwán han seguido caminos políticos opuestos. La República Popular se convirtió en una dictadura comunista que no respeta los derechos ni las libertades fundamentales. Para mantener el sistema, hizo vivir a los chinos las dos etapas más sangrientas en la historia de la humanidad: El Gran Salto Hacia Adelante (1958-1962), que dejó un saldo de 35 millones de víctimas, y la Revolución Cultural (1966-1976), con 30 millones más de muertos.
En ambos casos, cientos de miles de personas fueron enviadas a campos de concentración para ser “reeducadas” políticamente.
Por su parte, Taiwán se convirtió desde hace 30 años en una nación democrática con elecciones libres y multipartidistas y pleno respeto por los derechos fundamentales. Su prensa es considerada la más libre de toda Asia.
La juventud taiwanesa no olvida tampoco cómo Xi Jinping y el Partido Comunista se burlaron de los acuerdos firmados con el Reino Unido para respetar la autonomía de Hong Kong. En cuanto el régimen chino entró, la autonomía desapareció, encarcelaron a los que protestaron contra la militarización y las figuras políticas más destacadas terminaron en la cárcel.
Los taiwaneses saben que si Xi Jinping se apodera de su isla, lo ocurrido en Hong Kong se repetirá.
* Luis Zuniaga es analista político y exdiplomático.





