Caridad, tiempo y vida

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La palabra caridad se originó bajo un bello principio. Según el Diccionario del Origen de las Palabras, significaba amor profundo y, más tarde, el sentimiento de sentir amor; un verbo, acción de amar. Igualmente, esta palabra tiene raíces del griego chayrs, que significa gracia, agraciar; del latín caritas, amor, estimación, afección, y, además, carus, tener en estimación, caricia y acariciar. 

Hoy en día la palabra caridad significa limosna que se da o auxilio que se presta a los necesitados. El hacer caridad bajo esta definición puede producir una separación entre quién da y quién recibe, provocando un descontento entre ambas partes. A menudo se nos dice qué hacer caridad nos bendice si la damos, e igualmente, que quién la recibe debe ser agradecido. Muchos hacen caridad por lástima.

Cuando hacemos un acto de caridad porque nos da lástima, olvidamos cómo nos afecta el acto de caridad y cómo afecta al que lo recibe. En la mayoría de los casos, la caridad basada en la lástima roba la última gota de dignidad y, consecuentemente, afecta al acto caritativo. 

La mayoría de las instituciones caritativas fueron fundadas bajo el verdadero concepto de caridad. Incluso, todo aquel que da su tiempo y dinero en actos caritativos, lo hace impulsado por un genuino sentimiento de ayudar a otros; pero a veces, el acto se ve opacado por el deseo tan humano de decir lo que hemos hecho en busca de aprobación. Esta búsqueda de aprobación denota la falta de caridad que tenemos para con nosotros mismos, y muestra la debilidad nuestra autoestima.

Hemos olvidado que hacer caridad es hacer un servicio. Hemos olvidado que el servicio es un intercambio entre iguales. Hemos olvidado preguntar ¿le puedo servir en algo?  Hemos olvidado que la caridad debe de hacerse calladamente. “Que no sepa tu mano derecha lo que hace tu izquierda”, proverbio. Sobre todo, hemos olvidado que el necesitado no tiene obligación por lo recibido. Hemos olvidado el primer significado de la palabra caridad, amor. Hemos olvidado que, para poder amar a otros, primero tenemos que aprender a amarnos a nosotros mismos. ¿Cómo podemos esperar que otros sean caritativos con nosotros, cuando nosotros mismos, no somos caritativos con nuestra persona?

En el servicio verdadero, la persona que sirve y la que es servida es una sola. En la religión budista se dice, “deja que te sirvan y así, has servido; solamente así entrarás en el círculo de dar y de recibir; pronto verás lo difícil que es saber quién da y quién recibe”.

En estos días no podemos seguir libremente con nuestras rutinas, impedidos por un enemigo invisible que nos acecha constantemente, obligándonos al encierro y robándonos el tiempo de vivir libremente. Debemos de reflexionar sobre qué son verdaderamente la vida y la caridad. La vida es tiempo y el tiempo es lo más valioso que como seres humanos tenemos. Debemos de ser bondadosos con nuestro tiempo. El tiempo es vivir, es vida. No espere para compartir su tiempo con sus seres queridos, mañana puede ser tarde.

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