Un camillero realiza el traslado de una mujer con COVID-19 que se recupera en un hospital, el 2 de noviembre del 2020, en la Provincia de Buenos Aires. EFE/Juan Ignacio Roncoroni

Buenos Aires, Argentina – La otrora rica, pujante y llena de oportunidades, República Argentina, está pasando uno de sus peores momentos en el sentido que se busque y analice. Con registros incalculables en cuanto al COVID 19, una recesión que no parece tener fin y un futuro negro por donde se lo mire, cada vez se hace más difícil la vida para quienes no gozan de los beneficios de la comodidad en cuanto a subsidios y planes populares.

Tampoco lo están pasando bien quienes transitan por la otra punta de la economía, ya que un sinnúmero de empresas está sintiendo la incomodidad de hacer planes a futuro debido a la creación de nuevos impuestos que taladran sus aspiraciones de establecerse luego de una pandemia de casi diez meses (hasta ahora) que ha dejado el tendal tanto industrial como comercial.

Como un caso particular a nivel mundial, la Argentina ostenta el récord de contar con 166 impuestos y cada día se agrega uno nuevo, merced a las necesidades gubernamentales de generar nuevos ingresos a las debilitadas arcas del erario nacional. El último “hallazgo” fue la creación del impuesto a la riqueza, dirigido “a quienes más tienen” y éste parece haber sido el que colmó la paciencia de muchos. La mayoría parlamentaria del oficialismo hace las cosas más sencillas en este aspecto, en detrimento de quienes estamos como meros observadores de sus ambiciones políticas y hasta personales.

Un informe elaborado recientemente, da cuenta de las empresas que se han ido del país y/o están en proceso de venta de sus activos. Walmart, Falabella, las aéreas Latam, Air New Zealand, Emirates, Qatar y Norwegiam; Brighstar, Danone, Glovo, Eart Uber, Nike, Basf, son solo algunas de ellas, con las lógicas consecuencias en cuanto a la estabilidad laboral de los miles de empleados que quedarían sumidos a la incertidumbre absoluta.

El peor momento de la Argentina 1
Pasajeros usan cubrebocas para protegerse del coronavirus mientras transitan por el Aeropuerto Internacional de Ezeiza en Buenos Aires (Argentina). EFE/Juan Ignacio Roncoroni/Archivo

Con este panorama en ciernes, el común de la gente vuelve a reflotar la idea de emigrar a nuevos horizontes y el primer camino (como ha sido siempre) no es otro que los Estados Unidos.

El triunfo del demócrata Joe Biden, ha incentivado las esperanzas de quienes tenían ciertos reparos con la política que el republicano Donald Trump mantuvo en los últimos cuatro años. Las promesas del flamante presidente acerca de “una política de fronteras abiertas” en la que se incluye a América Latina y a la Argentina en especial, han posibilitado que nuevamente se produzca el efecto “Irnos del país” con las consecuencias e implicancias que dicha decisión puede llegar a tener.

Lamentablemente, una vez más los argentinos estamos pasando por una situación que ya se había dado con anterioridad y que tiene al aeropuerto internacional de Ezeiza, como única salida posible ante tanto desconcierto, caprichos personales y calles sin salidas.

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