Las cenizas se llamaban casa

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Elegir.
Amar de lado.
Un cínico ciempiés.
Un gato al revés.
Destornillar lo antiguo.
Recordar con miedo.
No creas que tus pechos son eternos.

Averigua quién fui.
Un caracol con dientes.
Un encino ensimismado.
Un baobab pequeño.


Siete por tres quinientos.
Me llevas del pie.
Hasta tu recuerdo.
Son de Veracruz,

pero son de otro lado.
Bailes infinitos.
Danzas de humo.
Y las cenizas se llamaban casa.

El calor del viento.

No puedes tocar el agua.
Porque amas mal.
Amas chueco.
Amas lo que no soy.
Hay cáscaras que te pesan.
Nubes que se atoran en tus ojos.

Comezón infinita entre las piernas.

Nací ayer.

Engrapado a este vaso sucio.
Crees que subes, mujer y te estás hundiendo.

No hay nada de sublime en una boca sin lengua.

No hay encuentro en tus senderos secos.
Ya no quemas como hielo.
Ya no escupes hacia el cielo.

Ya no hay quesadillas en tu refrigerador.

Solo quedan las uñas rotas.
Solo quedan mapas con mares morados.

Ojos irritados por polen de diversas flores.

Focos fundidos.

Dados que no juegan a entender las escrituras.

Marimbas desniveladas.
Y raíces de amapola en celo.

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