Ya se le acabó la fiesta a Trump; pero, como el borracho de siempre, que no se da por enterado, el presidente sigue con su baile loco. El peligro en este momento es que use los dos meses que le quedan para hacerle más daño a todo lo que toca, arremetiendo contra las fuerzas de la democracia que acaban de derrotarlo.

Más peligroso aún, el hecho de que puede instar a sus seguidores a vengarse en su nombre. Cada vez que Trump ha hecho algo chocante, esperamos que alguien con más sentido le responda. Un político cerca de él que pueda señalarle que no debe actuar de este modo, que no debe emitir más discursos incendiarios que lleven sus seguidores a las calles de las grandes ciudades.

Ya vimos lo que ha hecho hacia el final del conteo, acusando a numerosas personas e instituciones de actuar con malicia y deshonestidad para robarle la presidencia. Desafortunadamente sus acólitos apoyan sus acciones y sus adeptos están convencidos de que Trump iba ganando, hasta que el conteo empezó a borrar los números misteriosamente y, de repente, Biden se encontró en la lid en Arizona, en Nevada, en Georgia, en Pensilvania.

Y acusa indiscriminadamente, porque los oficiales encargados de contar los votos en varios estados son Republicanos. Acusa a todos si presentar pruebas. Acusa al gobierno de Filadelfia, señalando que él estudió aquí y que, por lo tanto, está familiarizado con la corrupción.

Acusó sobre todo a los alcaldes, fiscales y gobernadores de elaborar una trama para robarle el poder. Pero Donald Trump al igual que los ayudantes de campaña y sus copartidarios del GOP saben a ciencia cierta cómo funciona el proceso de conteo. Y sabemos todos que el resultado de las leyes aprobadas por la legislatura republicana en Pensilvania fue lo que llevó al conteo demorado de votos por correo. De modo que Trump tuvo el curioso dilema de tener que defender dos puntos de vista opuestos, pidiendo que se detuviera el conteo en Pensilvania mientras pedía que se continuará en Arizona. Su deshonestidad quedó entonces al desnudo.

Ahora sí, de veras, podemos aplicar aquel viejo cuento relacionado con un sátrapa que no quería oír la verdad: “The emperor has no clothes”.  El emperador está desnudo. Pero para terminar con una nota optimista, debemos contemplar el modo como Joe Biden ha respondido; con aplomo, con seriedad, sin levantar la voz, seguro de su puesto en la historia. Le damos la bienvenida a ese cambio de liderazgo.

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