Donald Trump y Joe Biden se reunieron para el último debate separados por plástico y bajo nuevas reglas. Cuando Trump subió al escenario para el primer debate, tenía en mente crear el caos. A lo largo de los 90 minutos el presidente se negó a escuchar, atacó las respuestas de Biden incluso antes de terminar una oración y atacó a la conducción por el tipo de preguntas. Pero ese es el comportamiento habitual de Trump. Lo que sorprendió a muchos fue la intensidad y frecuencia de las interrupciones. Ese primer encuentro no fue un debate real y puso en duda la posibilidad de más debates. Se habían programado tres y, como sabemos, no hubo un segundo debate porque el presidente se opuso a un debate virtual, que lo privaría de una oportunidad más para reprender a los medios y sabotear los esfuerzos de Biden para responder preguntas. Sin embargo, sí tuvo lugar un segundo y último debate con los participantes separados y con carreras de plástico.

Trump había creado expectativas tan bajas, que los críticos estaban dispuestos a darle buenas calificaciones solo por ser normal. Pero no fue un debate como otros debates, porque es muy difícil para el presidente responder con sinceridad y evitar las habituales exageraciones sobre sus logros. A menudo dirá que ha creado la mayor economía en la historia de esta nación, o que sabe más que los médicos sobre COVID-19. Por otro lado, acusa a Obama, Biden y Hillary Clinton de ser la administración más corrupta, haciendo que sus críticos respondan que solo está proyectando, cuando atribuye a sus enemigos políticos las mismas cosas de las que se le acusa a él.

Existe una larga lista de infracciones, mentiras, exageraciones, distorsiones, transacciones ilegales, malversación, fraude y colusión con enemigos de este país. El Informe Mueller debería haber sido suficiente para acusar a Trump. Fue acusado de conspirar para incriminar a Biden, y llevado a juicio ante el Congreso por su torpe intento de chantajear al gobierno ucraniano para acusar a Biden.

Joe Biden tiene un historial de servicio público de más de 40 años. Lamenta el hecho de que su proyecto de ley sobre delitos de 1990 afectó a tantas vidas de personas negras, pero su historial general ha sido el de ayudar a los pobres, las mujeres y los inmigrantes. Hacia el final de su debate con Trump, nos pidió que los juzguemos a ambos por su carácter y honestidad, y su capacidad para decir la verdad. Hay una opción clara para la mayoría de los estadounidenses, y aquellos que dicen estar indecisos en este momento, es porque no han prestado atención. La elección es clara.

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