El amor no nace en el corazón, sino en el cerebro. (Foto: EFE)

Norristown, PA – Eran compañeros de clase; sentados uno frente al otro, se miraban y sonreían. Hacía una semana que se habían visto por primera vez y de inmediato sintieron una mutua y fuerte atracción. Cada uno se dijo: “ella tiene unos bellos ojos”; “él tiene una dulce voz”. Bien, ¿qué pasó aquí?

Las hormonas sexuales de ella y él se atrajeron, es decir, los estrógenos y la testosterona. Ambos percibieron aquel perfume que desprendían a través de la piel, las feromonas, sustancias químicas que los seres humanos y otros animales producen para atraer a su pareja o al ser amado; como si fuera el aroma de los enamorados. Además del olfato, se dice que ellos se enamoran por los ojos y ellas por el oído.

Un día al salir de clase, él se acercó a ella, ella lo miró, él la tomó de la mano y los dos quedaron paralizados por algunos segundos, sonrojados, sudando, y con el corazón latiendo rápidamente. “¿Y ahora qué hago?, ¿qué digo?”, se preguntaron los dos.

Lo que en realidad pasó fue que ambos experimentaron una descarga de adrenalina, un neurotransmisor que secretan las células del cerebro, ante el avistamiento de un peligro inminente cercano, y que nos impulsa a salir corriendo o a quedarnos quietos. Al mismo tiempo, su cerebro también liberó cantidades significativas de dos neurotransmisores, uno llamado dopamina, sustancia que nos hace sentir felices, motivados, entusiastas, creyéndonos capaces de hacer de todo, en fin, enamorados; y la serotonina, la hormona que regula los estados de ánimo, generando optimismo, sociabilidad, reduciendo la ira y la agresividad, y elevando el deseo sexual.

No había duda en ellos, eso era amor verdadero, se gustaban y se querían. El momento fue sellado con un tierno beso. Acción que les hizo sentir estar entre nubes, lejos de todos y de todo. Curioso lo que puede provocar en las personas la feniletilamina, otro neurotransmisor, que es liberado cuando nos enamoramos, y cuyo efecto puede durar de tres a cuatro años en el cerebro, mismo tiempo que perdurará la pasión.

En ese momento, los enamorados se convencieron de que eran el uno para el otro, y se prometieron amor eterno. Aquí, la oxitocina fue la hormona responsable de crear esos sentimientos profundos e intensos de amor y afecto, la cual ayuda a estrechar fuertes lazos emocionales, como el apego, el mismo que se genera entre madre e hijo.

Contrario a lo que se cree, el amor no nace desde el fondo del corazón, sino desde el centro del cerebro, en una zona conocida como hipotálamo, lugar donde se secretan dichos neurotransmisores. Así que recuerda, quédate mejor con quien te diga: “¡te quiero con todo mi hipotálamo!”

¡Feliz 14 de febrero, día de los enamorados!

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