Crédito EFE

Norristown, PA – En los últimos cinco meses, la máscara, mascarilla, tapabocas, cubrebocas, barbijo o como la conozcas, se ha convertido en la prenda “de moda” en casi todo el mundo. En el mercado podemos encontrar una gran variedad de ellas, desde los más simples y comunes hasta los más creativos, extravagantes e inusuales diseños, confeccionados con materiales que van desde algodón, hasta cuero, con incrustaciones de perlas, diamantes ¡incluso con dispensador de cerveza! Algunas marcas como Gucci, Chanel, Louis Vuitton y Fendi han exhibido con todo lujo y excentricidad sus creaciones en las más glamorosas pasarelas. Dicen que “la alta costura está al servicio de la salud”, ¿será? Glamour o no, lo cierto es que, no debemos olvidar el verdadero propósito del uso de la mascarilla.

En 1887, Jan Antoni Mikulicz-Radecki, un famoso médico polaco, pionero en la cirugía de cáncer y del aparato digestivo, comenzó a usar mascarillas quirúrgicas de gasa, hechas por él mismo y las enfermeras, durante las intervenciones para asegurar las condiciones higiénicas de éstas. Posteriormente, en 1890, el médico alemán Karl George Friedrich Wilhelm Flügge, famoso por sus investigaciones en enfermedades infecciosas como la malaria, la tuberculosis y el cólera, demostró que, al hablar, incluso en voz baja, se expulsaban pequeñas gotas de saliva y de moco despedidas por boca y nariz, llamadas “microgotas de Flügge”, capaces de nebulizarse en el aire transportando en su interior posibles virus y bacterias patógenas y transmitir enfermedades de una persona a otra. Así, se difundió y popularizó el uso de la mascarilla dentro de los hospitales para proteger de contagios a médicos, pacientes y acompañantes.

A lo largo del siglo XX, la mascarilla ha sido empleada para diferentes propósitos, por ejemplo, en países del este de Asia se usa cotidianamente durante la época de alergias debido al polen en el aire, por la contaminación causada por el tránsito vehicular o también para evitar contagiar a otros cuando las personas están enfermas. En tanto que, microbiólogos, farmacobiólogos, clínicos y biólogos moleculares la utilizan para no contaminar las muestras de laboratorio. Inclusive, ha sido usada como imagen de protesta. No obstante, hoy, cuando vivimos una de las pandemias más severas de la historia humana, la mascarilla ha sido una herramienta eficaz, junto con el lavado de manos y el distanciamiento social, para evitar la propagación del COVID-19. Por tanto, debemos seguir usándola, aunque tal vez resulte incómodo durante esta temporada de calor, ya que cualquiera podría ser portador del coronavirus, incluso sin presentar síntomas. Por moda o por salud, el uso de la mascarilla es un acto de civilidad y responsabilidad social. No olvides leer el artículo escrito por la doctora Nilsa Graciani, titulado “Uso correcto de las mascarillas” en la edición 721, puedes revisar el video de su uso correcto en nuestra página web: www.impactomedia.com

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