Fotografía cedida por Jazmín Mosqueda donde aparece acompañada de su marido Elías, que se encuentra conectado a un respirador artificial en un hospital de Phoenix (Arizona) desde diciembre pasado debido al covid-19. EFE/Jazmín Mosqueda /SOLO USO EDITORIAL /NO VENTAS

Phoenix (AZ). – Este año San Valentín se presenta el más triste y solitario para decenas de miles de personas que han perdido a sus parejas por la pandemia de la covid-19 o los mantiene alejados unos de otros, ya sea porque están hospitalizados o deben permanecer alejados por la distancia social.

Una de ellas es Jazmín Mosqueda, quien no podrá estar con su esposo, Elías, que se encuentra conectado a un respirador artificial en un hospital de Phoenix (Arizona) desde diciembre pasado.

«Hoy cumple 50 días en coma y 61 días en el hospital. En este tiempo los doctores me han llamado dos veces con la intención que me despida de él, he ido a su cuarto pero nunca ha despedirme, sino a orar, tocarlo y hablarle de nuestro amor», dice a Efe Mosqueda.

475.000 MUERTOS

Este domingo se celebra el Primer San Valentín de la era covid-19 y por ello la festividad distará mucho a la de años pasados, ya que la pandemia ha cambiado los hábitos de las personas en el mundo.

A horas de la celebración que conmemora el amor y la amistad, Estados Unidos alcanzó este jueves los 475.040 fallecidos por la enfermedad de la covid-19, de acuerdo con el recuento independiente de la Universidad Johns Hopkins.

Y, según el Covid Tracking Project, al igual que Elías, otras 74.000 personas más están hospitalizadas debido a las complicaciones derivadas de la enfermedad y no podrán pasar San Valentín con sus seres queridos.

Para Mosqueda sin duda este será un día diferente. Para ella su celebración se centra en que la máquina de soporte artificial arroje buenos números en la respiración de Elías.

«Ahora las victorias las celebramos con números», asegura la latina, embarazada de siete meses y quien celebrará la señalada fecha de una forma «tan diferente» con su hija Julia.

Algo similar a lo que vive Mosqueda le sucederá a miles de familias este 14 de febrero, con un país medio paralizado por el temor a la enfermedad y con unas celebraciones que se antojan lejanas o, al menos, distintas.

UNA HISTORIA DE AMOR

«Para nosotros todos los días eran 14 de febrero, pero cuando llegaba San Valentín nunca pasábamos el día en blanco, íbamos a un restaurante o celebramos juntos», comenta Mosqueda.

La pareja se conoció en México cuando tenían diez años, fueron a la escuela juntos, luego ambas familias emigraron por separado a Arizona y se reencontraron en las redes sociales.

«En 2010 nos reencontramos por Facebook, Elías estaba yendo a la universidad en Tucson, y mi familia ella vivía en Phoenix. Cuando nos vimos, fue como si nunca nos hubiéramos separado, empezó a ir a mi casa todos los días y a los dos meses nos casamos», recuerda la mexicana de 33 años.

La pareja deseaba enormemente un hijo, pero ante la imposibilidad de procrear se sometieron a un proceso de fertilización in vitro, del cual nació Julia, quien está por cumplir un año de edad.

Ahora espera una nueva hija, a la que le pondrá Daniela en honor al hermano de Elías, quien perdió la lucha contra el coronavirus al principio de la pandemia.

UNA CELEBRACIÓN DIFERENTE

En años anteriores, casi una cuarta parte de los estadounidenses cenaban en un restaurante el Día de San Valentín, pero con las regulaciones gubernamentales mucho va a cambiar.

Los propios Centros para la Prevención y el Control de Enfermedades (CDC) han recomendado como la forma más segura de celebrar el Día de San Valentín el «reunirse virtualmente» o hacerlo solo con los convivientes, lo que dejaría fuera a miles de parejas.

Y la recomendación va más allá y, en lugar de las tradicionales escenas de amor, los CDC sugieren evitar abrazos y besos. En cambio, se pueden intercambiar detalles reconfortantes, como un osito de peluche o una manta cómoda, que ofrecen comodidad física y segura.

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