Una escultura del símbolo del euro ante la sede del Banco Central Europeo en Fráncfort (Alemania). EFE/Arne Dedert/Archivo

Pekín/Toronto/Bruselas. – La reelección del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, anticipa inestabilidad, crispación y un orden mundial imprevisible que podría ser nocivo para la defensa de los derechos civiles en todo el planeta, coinciden varios expertos consultados por Efe.

Durante décadas, Washington se jactó de ser el «faro de la esperanza» para los oprimidos y de mantener un compromiso «inalienable» con los derechos humanos, pero el Gobierno de Trump se ha caracterizado por un marcado populismo en el que, según la organización Human Rights Watch (HRW), ha prevalecido «la atracción del líder autoritario y las voces de la intolerancia».

Unos años oscuros para refugiados, minorías, inmigrantes o comunidades indígenas, pero también para quienes tratan de proteger la libertad de expresión o el derecho de reunión.

Por otro lado, una victoria del candidato demócrata, Joe Biden, podría suponer «un cierto regreso a la normalidad» en esta cuestión, anticipa el profesor Drew Fagan de la Escuela Munk de Asuntos Globales y Política Pública en la Universidad de Toronto (Canadá).

Fagan considera que, aunque el historial de Washington en la defensa de los derechos humanos es «cuando menos, imperfecto, especialmente en Latinoamérica», la situación mundial que la pandemia ha generado en todo el mundo hace necesario un renovado liderazgo estadounidense.

Con la llegada de Trump a la Casa Blanca, «La falta de una perspectiva estadounidense hacia un mundo mejor es uno de los efectos más negativos de su presidencia», asevera.

Paradójicamente, uno de los lugares donde más se ha notado esa falta de liderazgo ha sido en los Estados Unidos, golpeados por las protestas raciales de este año, recuerda el analista.

«El tratamiento a los inmigrantes, la división de las familias en la frontera, la militarización de la Policía…. son escenas que veíamos en televisión en lugares como Arabia Saudí o Turquía pero que ahora se producen en Estados Unidos».

El mundo y los derechos humanos 1
Un integrante de la Red Fronteriza por los Derechos Humanos (BNHR) grita consignas en una protesta en El Paso (EEUU). EFE/Jesús Rosales/Archivo

Asimismo, para el académico Jack Cunningham, doctor en Historia y coordinador de programas del Centro Bill Graham para Historia Internacional Contemporánea en la Universidad de Toronto, la reelección de Trump supondrá «que China y Rusia refuercen su creencia de la pérdida de imagen de Estados Unidos… Van a ver la reelección de Trump como una aceleración de ese declive», adelanta Cunningham.

El politólogo Joseph Cheng, de la Universidad de Hong Kong, cree que al mundo entero le gustaría ver un Gobierno estadounidense «comprometido» con el internacionalismo.

En ese sentido, el candidato Biden prestaría más atención a un asunto especialmente peliagudo en Pekín o Moscú: los derechos humanos, que, hasta ahora, dice, han sido usados por Trump como mera moneda de cambio para alcanzar acuerdos comerciales.

Fagan cree que un gran número de líderes se han aprovechado de la retórica del republicano para justificar sus acciones, y que, en capitales como Manila, El Cairo o Riad sus mandatarios han respirado hondo ante la dejadez de Washington.

«Biden estaría dispuesto a establecer normas internacionales junto a la Unión Europea (UE)», indica Cheng, mientras que el investigador Tong Zhao, del Centro de Política Global Carnegie-Tsinghua, cree que el candidato demócrata buscaría «fortalecer la red de alianzas estadounidenses» para «unir a los países occidentales» y así poner coto a regímenes como el chino.

Según Cheng, la mayor preocupación de sus líderes es «evitar que se considere a China débil».

Ser temido es la máxima y un mundo con Trump seguiría dando vía libre a un Pekín que apela al «caos, la ansiedad y la división de la sociedad estadounidense y la pérdida acelerada de las ventajas de su sistema político», en palabras del editorialista chino Hu Xijin, de Global Times, para aferrarse a su sistema.

LA ENCRUCIJADA EUROPEA

Hasta 39 países se unieron en octubre en Naciones Unidas para denunciar la situación de los derechos humanos en la región china de Xinjiang.

Algunos analistas aseguran que Biden concedería más importancia a trabajar con Europa en relación con China sobre temas delicados para Pekín, que pide una coexistencia ideológica pacífica.

«Europa ha llevado el liderazgo a la hora de denunciar los abusos de los derechos humanos porque se mueve en ese escenario de forma natural, con un enfoque motivado por valores», indica el vicepresidente del German Marshall Fund de los Estados Unidos, Ian Lesser.

No obstante, con Rusia habría una diferencia sustancial.

«La administración Trump ha sido muy medido para presionar a Rusia en muchos frentes. Esperaría que Biden fuera mucho más asertivo en sus críticas a Moscú», añade, aunque, en cualquier caso, cree que la Unión Europea (UE) tiene que «mirar más hacia sí misma y buscar un papel geopolítico más activo».

Según David O’Sullivan, embajador de la Unión Europea en EE. UU. entre 2014 y 2019, el Gobierno de Trump “es amable con países adversarios en los que los derechos humanos no son respetados», mientras que «Biden proviene del centro del partido demócrata, donde los valores sí tienen un significado».

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