
SEUNG MIN KIM, AAMER MADHANI, COLLIN BINKLEY, ALANNA DURKIN RICHER y DAVID BAUDER
WASHINGTON (AP) — Un hombre armado con pistolas y cuchillos irrumpió en el vestíbulo de una cena de alto perfil de periodistas a la que asistían el presidente Donald Trump y múltiples altos dirigentes estadounidenses el sábado por la noche, corriendo hacia el salón de baile antes de que agentes del Servicio Secreto lo rodearan y lo detuvieran. El presidente resultó ileso y fue evacuado rápidamente.
Los invitados se lanzaron bajo las mesas mientras se desarrollaba la escena, y algunos reportaron haber escuchado disparos fuera del vasto salón de banquetes subterráneo del Washington Hilton, donde se celebraba el evento.
Un funcionario policial afirmó que una persona abrió fuego. Un agente policial recibió un disparo en el chaleco antibalas, pero se espera que esté bien, detallaron varias fuentes a The Associated Press.
El sospechoso del tiroteo —descrito por Trump como una “persona enferma”— fue identificado como Cole Tomas Allen, de 31 años, de Torrance, California, dijeron a la AP dos funcionarios policiales.
“Cuando eres influyente, van tras de ti. Cuando no eres influyente, te dejan en paz”, aseveró Trump, a salvo e ileso y aún con su esmoquin, en la Casa Blanca, dos horas después. “Parece que creen que actuó como un lobo solitario”.
De momento no hay indicios de ninguna otra implicación, y la alcaldesa de Washington, Muriel Bowser, dijo que no tenía “ninguna razón” para creer que alguien más estuviera involucrado. Un video publicado por Trump mostró al sospechoso corriendo más allá de las barricadas de seguridad mientras agentes del Servicio Secreto se le acercaban.
“No parece haber ningún tipo de peligro para la población en este momento”, indicó Bowser en una conferencia de prensa aparte.
Todos los funcionarios protegidos por el Servicio Secreto fueron evacuados. Entre los asistentes se encontraban Trump, el vicepresidente JD Vance, el secretario de Defensa Pete Hegseth y el secretario de Estado Marco Rubio —y muchos otros dirigentes del gobierno de Trump— en una noche en la que la nación está en guerra con Irán.
Fue la tercera vez desde 2024 que el presidente había estado bajo amenaza por parte de un agresor en su inmediata cercanía —incluido el intento de asesinato en Butler, Pensilvania, que lo hirió y mató a un bombero local.
“Hoy necesitamos niveles de seguridad que probablemente nadie ha visto jamás”, sostuvo el presidente. “No vamos a dejar que nadie se apodere de nuestra sociedad”.
El secretario de Justicia interino, Todd Blanche, explicó que los cargos relacionados con el ataque del sábado por la noche se presentarán en breve y que su naturaleza será obvia, dado lo ocurrido en la cena. Blanche subrayó que “la investigación obviamente está en curso y apenas comenzó”.
El director del FBI, Kash Patel, que flanqueaba a Trump, dijo que la agencia está examinando un arma larga y casquillos recuperados en el lugar, además de entrevistar a testigos de la cena. Instó a quien tenga información a presentarse.

La cena se convierte en desorden
Los invitados cenaban una ensalada de guisantes de primavera y burrata cuando comenzó el ruido —ruido que Trump dijo que inicialmente pensó que era una bandeja cayendo, pero que algunos periodistas creían que fueron de cinco a ocho disparos.
El Servicio Secreto y otras autoridades irrumpieron en el salón de banquetes del Washington Hilton cuando cientos de invitados se escondían bajo las mesas. En el salón de baile cuando los invitados se dieron cuenta de que algo estaba ocurriendo. Cientos de periodistas se pusieron al teléfono para transmitir información.
“¡Hágase a un lado, señor!”, gritó alguien. Otros gritaban que se agacharan. Desde una esquina, comenzó a sonar el cántico “God Bless America” mientras Trump era escoltado fuera del escenario. Cayó brevemente —al parecer, tropezó— y fue ayudado a levantarse por agentes del Servicio Secreto. Fuera del hotel, miembros de la Guardia Nacional y otras autoridades inundaron el área y helicópteros sobrevolaban en círculos.
Tras un intento inicial de reanudar, el evento fue cancelado por la noche y se reprogramará.
“Lo haremos de nuevo”, dijo Weijia Jiang, presidenta de la Asociación de Corresponsales de la Casa Blanca. Poco después, el personal comenzó a desmontar los arreglos de las mesas y el atril presidencial.
El presidente de la Cámara de Representantes, Mike Johnson, dijo que él y su esposa, Kelly, quienes asistieron al evento, estaban “rezando por nuestro país esta noche”.
“La violencia y el caos en Estados Unidos deben terminar”, comentó, por su parte, el líder demócrata de la Cámara Baja, el representante Hakeem Jeffries, de Nueva York.

El salón de banquetes —donde cientos de periodistas destacados, celebridades y dirigentes nacionales esperaban las declaraciones de Trump— fue evacuado de inmediato. Miembros de la Guardia Nacional tomaron posición dentro del edificio cuando se permitió a la gente salir, pero no se le permitió reingresar de inmediato. La seguridad afuera también era extremadamente estricta.
El representante republicano Mike Lawler de Nueva York, un invitado a la cena, dijo que escuchó un estallido y que “no sabíamos qué demonios era. Y luego se escuchó todo tipo de cosas golpeando y traquetear”. Lawler dijo que recibe “amenazas de muerte a menudo” y afirmó: “Creo que vivimos en un clima en el que todo el mundo reconoce que es un problema, pero no creo que la gente aprecie plenamente cuán grande es el problema en realidad”.
El evento parecía listo para reanudarse tras el desorden. Los meseros volvieron a doblar las servilletas y rellenaron los vasos de agua en preparación para el regreso de Trump. Otro trabajador preparó el teleprompter del presidente para las declaraciones que estaba programado que hiciera.
Por lo general, el hotel Hilton, donde la cena se ha celebrado durante años, permanece abierto a los huéspedes habituales durante la Cena de Corresponsales de la Casa Blanca, y la seguridad típicamente se ha centrado en el salón de baile y no en el hotel en general, con poco control para las personas que no entran a la cena en sí. En años anteriores, eso ha generado interrupciones en el vestíbulo y otros espacios públicos, incluidas protestas en las que la seguridad se movió para retirar a invitados que exhibieron pancartas o realizaron protestas.
En 1981, el presidente Ronald Reagan recibió un disparo de John Hinckley Jr. fuera del Hilton —un hecho que impulsó rediseños de la propiedad que aumentaron la seguridad y añadieron una suite presidencial especial cerca de la entrada, donde los jefes del Ejecutivo podían ser trasladados. Trump fue trasladado allí brevemente tras el incidente del sábado por la noche.
El evento habría destacado relación de Trump con los medios
La asistencia de Trump a la cena anual del sábado en Washington, por primera vez como presidente, ponía en plena exhibición pública la relación, a menudo contenciosa, de su gobierno con los medios de noticias.
Trump llegó a un evento donde los dirigentes de una nación en guerra se mezclaban con celebridades, periodistas e incluso una marioneta —Triumph the Insult Comic Dog— en una cena que típicamente genera debate sobre si la relación entre los periodistas y sus fuentes debería incluir socializar juntos y dejar de lado relaciones a veces adversarias.
Trump estaba siendo observado de cerca en el evento celebrado por la organización de reporteros que lo cubren a él y a su gobierno. Los presidentes anteriores que han asistido por lo general han hablado sobre la importancia de la libertad de expresión y la Primera Enmienda, añadiendo algunas bromas ligeras sobre algunos periodistas en específico.
El presidente republicano no asistió durante su primer mandato ni en el primer año de su segundo periodo en el poder. Acudió como invitado en 2011, sentado entre el público, cuando el entonces presidente, Barack Obama, un demócrata, hizo algunas bromas sobre el promotor inmobiliario de Nueva York. Trump también asistió como ciudadano en 2015.

Trump entró al salón de banquetes del Washington Hilton al son de “Hail to the Chief” y saludó a periodistas destacados en el estrado, deteniéndose también para elogiar a la secretaria de prensa de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, con un gesto alegre.
Cenas anteriores también han contado con comediantes que se burlan de los presidentes. Este año, el grupo optó por contratar al mentalista Oz Pearlman como el entretenimiento principal.
Entre reprender a reporteros individuales, pelear en los tribunales con organizaciones como The New York Times, The Wall Street Journal y The Associated Press, y restringir el acceso de la prensa al Pentágono, la animadversión del gobierno hacia los periodistas ha sido una constante del segundo mandato de Trump.
Unas pocas docenas de manifestantes se apostaron al otro lado del hotel en la antesala del evento. Uno iba vestido con un uniforme de prisión, con una máscara de Hegseth y guantes rojos. Otro llevaba un cartel que decía: “El periodismo está muerto”.
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