Creo que todos estamos comentando lo rápido que va este año y el dichoso Virus no se quiere ir. Estamos a mitad de año. Tal vez usted al igual que yo esté pensando en las resoluciones del año, las que hizo al cierre del 2019 cuando aun vivíamos libres y ajenos al COVID-19.  Yo diariamente me pregunto cuántas he logrado o cuántas lograré.

Lo cierto es que somos muchos los que hacemos resoluciones; comenzamos y hacemos todo lo posible para alcanzarlas, pero en medio de los problemas que a diario enfrentamos terminamos por olvidarlas, las quebrantamos y claro, siempre buscamos a quién culpar. ¿Cuántos ahora mismo estamos culpando a COVID-19? “No he seguido mi dieta, la culpa la tiene el Virus”. “No he tomado enserio el presupuesto de la casa pues el Virus me aguanta”. “He vuelto a fumar y a beber después de años porque tengo tanta ansiedad, la culpa es del Virus”. ¿Se siente familiarizado con estas excusas?

Todos tenemos problemas: problemas de dinero, de vivienda, de salud; problemas con los hijos, los familiares, los vecinos; problemas legales, problemas de adicción al alcohol o la droga. Y no podemos olvidar de señalar al Virus.  El punto es que nunca deberíamos de olvidar que la vida no es fácil y mucho menos simple. Lo importante es saber cómo resolver estos problemas.

La realidad que hoy enfrentamos la podemos describir que es de confusión y desorden, simplemente esto es caos, por lo tanto, podemos decir que la situación que estamos viviendo es caótica. En el 2020 el CODVID-19 está a la delantera, a esto le sigue la insatisfacción desatada con el concepto de justicia y los puntos históricos. El tercer lugar lo reclama la economía aplastada por la Pandemia, seguida por el desempleo y finalmente el sistema de salud. Estas son algunas de las tantas consecuencias que nos brinda este caos. La situación se complica de manera caótica como un virus contagioso, tal vez mucho más contagioso que COVID-19, afectándonos a todos.

Mientras tanto el caos sigue controlando nuestras vidas: El terrorismo está en aumento, la pobreza espera pacientemente por sus presas y la salud espera en alerta el ataque la enfermedad y de la tragedia.

La resolución a nuestros problemas llega cuando comenzamos, a saber, quiénes y cómo verdaderamente somos. Tenemos que comenzar a ser autosuficientes, a tomar control de nuestra vida. No importa cuán joven o avanzados en edad estemos, nunca es tarde. Del pasado tenemos mucho que aprender, pero el presente es lo importante. Hay que dejar de vivir en el pasado para poder vivir el presente y edificar un mejor futuro. Tenemos que elevarnos sobre el nivel corriente de la mediocridad. ¡Sí, se puede! Solamente tenemos que decidirnos hacerlo realidad. “Vida sin voluntad no es vida. Vivir es querer y hacer.”, Eugenio María de Hostos

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