Disfrutar del amor que se tienen en familia ayuda a disipar tensiones. Cortesía JAMS

Filadelfia, PA – En los últimos 6 meses, nuestras vidas han cambiado rotundamente tras la pandemia; hemos aprendido a trabajar, estudiar y socializar de manera distinta; ya no podemos darnos abrazos, ni saludarnos ni reunirnos. Esta situación ha afectado los hábitos sociales de todos y en especial de los niños, y como educadora me pregunto: ¿Cuáles serán las secuelas de la pandemia en la salud mental infantil?

Hasta este momento existen pocas investigaciones sobre este tema. Mientras la OMS y La UNICEF unen esfuerzos para salvaguardar la vida y la salud de los niños a nivel mundial, un estudio de la Universidad Miguel Hernández, en España, arrojó que el 87.5% de los padres encuestados observaron cambios en el comportamiento y el desarrollo emocional de sus hijos; principalmente relacionados con la concentración, el desinterés, la irritabilidad, la agitación, el nerviosismo, la inquietud, los sentimientos de soledad y la preocupación por los demás.

Compartir los talentos produce momentos familiares inolvidables. Cortesía JAMS.

El mundo infantil se ha reducido a la convivencia con su familia nuclear, donde los padres que trabajan de forma remota les dedican menos tiempo. Los niños están más ensimismados, les cuesta salir de casa, y lo que más preocupa a los profesionales de la salud es que se están acostumbrando a esta nueva normalidad de aislamiento, en donde el contacto con los demás es mínimo. Muchos se sienten aburridos y con poco entusiasmo; las pantallas se han convertido en el principal entretenimiento y medio de estudio; cambiaron los horarios de alimentación y de sueño; incluso la actividad física se ha reducido considerablemente, lo cual origina que estén de mal humor e irritables.

Estas son algunas sugerencias que pueden implementar en sus casas para minimizar el impacto negativo de la pandemia en sus hijos.

Hábleles con claridad, explíqueles que no sabemos cuándo terminará la pandemia, recuerde que el qué y el cómo de la información dependerá de la edad del niño.

Cambien de aire, visiten un lugar al aire libre rodeado de naturaleza, traten de hacerlo con frecuencia, con caminatas o en bicicleta.

Mantenga el vínculo con familiares y amigos, aunque sólo sea virtualmente, el conversar y pasar un buen rato juntos es muy beneficioso para todos.

Anticipe los momentos de enojo y discusiones, mantenga la calma para disminuir la angustia, y brinde espacios para estar solo a quien lo necesite.  

Nada más gratificante que disfrutar de nuestros pasatiempo favorito. Cortesía JAMS

Mantenga espacios de juego, promueva momentos de diversión para crear emociones positivas, con las actividades favoritas de la familia.

Promueva el diálogo, donde todos puedan expresar sus sentimientos, respete y valide los comentarios, enseñándoles que es tan válido sentir miedo, enojo o frustración, como alegría, entusiasmo y emoción. Con los más pequeños puede asociar cada sentimiento con un color determinado, como, por ejemplo, verde para feliz y azul para triste, y así facilitar la tarea comunicativa. Estas conversaciones generan vínculos más estrechos entre padres e hijos y pueden iniciarse desde la edad pre escolar. Bríndeles un ambiente de confianza, escúchelos y apóyelos.

Mantenga el vínculo con los abuelos y familiares cercanos, ellos son los mejores aliados; establezca algún modo de comunicación a distancia con ellos para conversar, recordar momentos gratos, compartir el amor que se tienen y apoyarse los unos a otros, cada cual con sus talentos y fortalezas. Una familia unida es una familia feliz y bendecida.

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