La ofrenda de Día de Muertos se montó en un altar inspirado en las pirámides aztecas. (Foto: Cortesía/Rosalba Esquivel Cote)

Cada vez son más y empiezan antes, las celebraciones de algunas tradiciones que han inmigrado con nosotros y que se han venido estableciendo a lo largo y ancho de la Unión Americana.

La tarde del pasado 13 de octubre, la celebración del Día de Muertos, en el Centro John James Audubon en Mill Grove, nos regresó en el tiempo al México prehispánico. Por un instante, algunos de los presentes, por primera vez pudieron sentir, imaginar y conocer, cómo el pueblo Azteca vivía parte de sus creencias respecto a la muerte.

Un elemento esencial del evento fue la ofrenda, que se colocó en un altar construido como una pirámide, mismas que tenían un significado religioso para los aztecas. Su construcción debía ser meticulosa, con orientación y dimensiones perfectas, ya que la astronomía era muy importante para ellos.

Los anfitriones, el lugar, el altar, los invitados, los danzantes, todo estaba listo. El reloj marcaba las 5:00 de la tarde en punto, y la magia comenzó.

LOS ANFITRIONES

El grupo de Artivistas del Centro de Cultura, Arte, Trabajo y Educación (CCATE) de Norristown, a través del programa Lenapehoking-Watershed, de la organización Alliance for Watershed Education (AWE) de la Cuenca del Río Delaware, en colaboración con el Centro Audubon, y el grupo de danza azteca “Kalpulli Tlalhuitzilli” (Colibríes de la tierra), organizaron una ofrenda colectiva tradicional de Día de Muertos.

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El grupo de danza azteca “Kalpulli Tlalhuitzilli” (Colibríes de la tierra). (Foto: Cortesía/Rosalba Esquivel Cote)

EL LUGAR

El evento y la edificación del altar se llevó a cabo en las áreas verdes del Centro Audubon, en medio de pastos nativos trenzados con diferentes patrones y diseños, obras realizadas por la artista ambiental Sarah Kavage para el proyecto “Praderas Trenzadas”, como parte del programa de AWE, cuya misión es aumentar el compromiso de la comunidad con la tierra, el agua y la naturaleza. Sarah ha creado esculturas al aire libre en 17 sitios a lo largo de la cuenca del río Delaware.

La flora y la fauna nativa del lugar fueron testigos del suceso: pastos, madreselvas, girasoles y equináceas purpúreas; venados, ardillas, mapaches; y aves como carboneros dorsicastaños, arrendajos azules, faisanes y búhos.

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La ofrenda de Día de Muertos fue bendecida. (Foto: Cortesía/Rosalba Esquivel Cote)

EL ALTAR

En este espacio se instaló un altar inspirado en las pirámides aztecas. Las Artivistas Gilliam Lorenzo y Diana Lugo, junto con Daniel, jardinero del Centro Audubon, podaron, limpiaron y nivelaron el área donde se instalaría un altar diseñado por la arquitecta paisajista y Artivista Ingrid Sandorff, y construida por Salvador González de comunidad CCATE.

La pirámide cuadrangular escalonada hecha de madera se elevaba a lo alto como un puente que conectaba el universo con la tierra. Esta tierra que perteneció originalmente al pueblo Lenape hace miles de años, antes de ser desplazados, y que ahora era sede de las celebraciones de un pueblo inmigrante, la comunidad hispana.

El primer nivel de la pirámide fue el mismo suelo, que se dedicó a los lenape, donde se colocaron los emblemas representativos de esta cultura, y se ofrendaron frutos y plantas nativas con sus nombres escritos en lenape, como el nogal negro (Tùkwim), seda de maíz (Milxùkòna), melenrama (Anshikëmënshi), avena (Hots), redbud (Nènèskakw), sáuco (Puhwèsënakw) y durazno (Pilkëshakw), para honrar su historia y su cultura, todo con la investigación y colaboración de la Artivista Caitlin Brady.

Los siguientes niveles se dedicaron a la cultura prehispánica, donde se colocaron artefactos y utensilios de barro (platos, jarros, figurillas), semillas, piezas de yeso de dioses aztecas, creaciones del artista Antonio Rojas (Nazbalam). Dos escalones más arriba, se colocó la ofrenda con fotografías a familiares y a amigos fallecidos, y a algunos quienes han muerto a causa de la discriminación, la injusticia y la opresión como Juan de León Gutiérrez, uno de los niños inmigrantes hispanos acaecidos en los centros de detención infantil, George Floyd, quien murió víctima de la brutalidad policial, y de la soldado Vanessa Guillen, asesinada en el desamparo de la milicia.

En la cúspide de la pirámide se unían el sincretismo con el catolicismo, un Cristo en la cruz, representando la mezcla de la cultura mexicana y española. Manjares tradicionales también fueron colocados en la ofrenda, como un mole preparado por Mariana de la Luz, y tamales y fruta traídos por Reyna Hernández, ambas Artivistas y maestras de cocina en CCATE.

En cada esquina del área que limitaba la pirámide se colocaron erguidas plantas completas de maíz, con sus mazorcas, considerado el alimento base del pueblo azteca, rodeadas de un tendido de papel picado en brillantes colores, que ondeaban al viento. El camino al altar estaba enmarcado con un arco adornado con flores de cempasúchil, como si fuera la entrada al inframundo, morada final de las almas de los fallecidos (Mictlán).

Cada escalón fue pintado y decorado por hombres, mujeres, niños de la comunidad y Artivistas de CCATE, como Lourdes Flores y Alejandrina Joaquín, bajo la dirección del maestro de arte de este Centro, Cristóbal Vega.

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Calaveras decoradas por los niños durante el taller. (Foto: Cortesía/Rosalba Esquivel Cote)

MANITAS A LA OBRA

Dentro del Museo del Centro Audubon, se llevó a cabo un taller de manualidades para los niños, que, junto a sus papás, tuvieron la oportunidad de escuchar una presentación donde se les explicó el origen y el significado del Día de Muertos para la comunidad hispana, es especial de la cultura mexicana, así como conocer más acerca de las calaveras y la leyenda de la flor de cempasúchil como elementos básicos en una ofrenda tradicional de estas festividades.

Los pequeños se divirtieron decorando y pintando calaveras de madera, y fabricando flores de cempasúchil hechas con papel, bajo la supervisión de las Artivistas Laura Sánchez, Guadalupe Castillo.

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Las Artivistas de CCATE. (Foto: Cortesía/Rosalba Esquivel Cote)

EL INTERÉS DEL PÚBLICO

Bill y su esposa, una pareja que fue al evento, se acercaron emocionados para preguntar ¿qué se festejaba el Día de Muertos?, ¿por qué se festejaba así?, ¿qué representaba la pirámide? Bill comentó que, le gusta viajar a Yucatán, que le impresionaba ver la majestuosidad de las pirámides. Y nos preguntó si nuestro altar era una pirámide Maya. Pero su interés no terminó ahí, siguió preguntando ¿qué significado tenían las plumas, los colores y lo que representaba la vestimenta de los danzantes.

Por otro lado, otra familia anglosajona comentó que estaban muy interesados en asistir al evento porque querían saber más acerca de esta celebración, que para ellos era muy interesante como en México, la gente seguía conservando las festividades de sus antepasados. De hecho, John su hijo de 10 años, fue uno de los entusiastas participantes al taller de manualidades.

No obstante, los niños de la comunidad CCATE fueron de los más activos los, quienes vivían estas festividades en sus casas de forma tradicional. Jade, una niña de 6 años, quedó encantada con el decorado de su calavera, y con Xóchitl y Huitzilin, los protagonistas de la leyenda “La flor de cempasúchil y el colibrí”.

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Detalle de la ofrenda de Día de Muertos en Audubon. (Foto: Cortesía/Rosalba Esquivel Cote)
 

DANZA PREHISPÁNICA

Y para cerrar con broche de oro esta mística celebración, el grupo de danza prehispánica “Kalpulli Tlalhuitzilli” (Colibríes de la tierra), ofreció al público una muestra de los rituales que llevaban a cabo los aztecas.

El canto y la danza sigue siendo una forma de ofrenda para algunos pueblos indígenas. En la época de los aztecas, era una manera para estar en contacto con las deidades que se manifestaban en la naturaleza, y su objetivo era honrar a los dioses y formar un vínculo con el cosmos.

Antes de comenzar la danza se bendijeron los cuatro puntos cardinales con copal para limpiar el lugar de los malos espíritus. El grupo ofreció las danzas “Fuego”, “Quetzalcóatl”, “Xipetotec”, “Mayahuel” y “Venado”. El sonido de los tambores (huehuétl y teponaztle), y los instrumentos de percusión como las maracas de ayoyote y ayacachtli, y las pulseras de cascabel nos transportaron a la época.

La danza transcurrió dando paso a la oscuridad de la noche, donde poco a poco el altar resaltaba iluminado, dando la apariencia de ser inmenso, y ante los ojos de los asistentes que se iban rindiendo al misticismo, y la alegría de saber que, por un momento, los seres queridos habían regresado esa noche del Mictlán.

“Para mí, ser partícipe en la danza Mexica es la oportunidad de conectar con mis raíces, es la oportunidad de compartir las enseñanzas de nuestros ancestros. Danzar es la liberación. Cuando danzo me conecto con el toque del tambor y con la energía de los que danzan conmigo o están alrededor. Danzar es la oportunidad de rezar y agradecer”, expresó Tlalteolli Huitzilli Del Palacio, uno de los miembros del grupo de danza prehispánica.

LAS ARTIVISTAS

Para las artivistas la exposición fue el resultado de un acto de investigación y no de recreación. Según expresaron, CCATE buscan concientizar colectivamente sobre quiénes son, de dónde vienen y hacia dónde van.

AGRADECICMIENTOS

A Ángel Torres (papel picado), Mely’s Floreria (flores), Mario Hernández (soporte técnico en el taller), Karla (instalación del altar), Rafael Avelino (transporte del altar), Cinco de Mayo Supermarket (comida), estudiantes y padres de familia de CCATE.

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