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Entre los símbolos icónicos de los principios democráticos de Estados Unidos de América, se encuentra el Independence Hall en Filadelfia, donde los padres fundadores blancos de la nación debatieron, redactaron, aprobaron y firmaron la Declaración de Independencia y la Constitución de la nación. Estos documentos sagrados dieron origen a una nación que derrotó a un gobierno de estilo monarca autoritario Y extranjero, para formar una unión más perfecta.

Como se informó a las comunidades puertorriqueña y otras, el 6 de enero, el carisma del presidente Trump y la retórica de la supremacía blanca y la creciente negación de su aplastante derrota en las urnas, llevaron a partidarios rabiosos, algunos blandiendo armas de fuego, a asaltar el edificio de la capital de nuestra nación. El efecto subsiguiente del ataque en lo que se conoce como la «Casa del Pueblo» fue la violencia de las turbas, con amenazas de dañar a funcionarios públicos, agresiones a las fuerzas del orden, daños al Capitolio y el saqueo de documentos confidenciales de las oficinas de los legisladores individuales. Costo la muerte de seis compatriotas estadounidenses, y agresiones físicas a muchos que protegen el edificio icónico, sin mencionar la colocación de bombas caseras, y toda la secuela de efectos traumatizantes, que perduraran en el personal del Capitolio y los estadounidenses.

Como activista puertorriqueño de derechos civiles, en 1979, ayudé a organizar y participé en dos tomas pacíficas separadas, entre otras, del Independence Hall y la sede central de la campaña de reelección Carter-Mondale de la ciudad, para exigir la entrega para familias necesitadas, de casas abandonadas de propiedad federal, para rehabilitar habitaciones auditables y volver a incluirlas en las listas de impuestos.

Recuerdo que colgamos una bandera puertorriqueña de las ventanas del frente, la policía rápidamente aseguró las calles que rodeaban el edificio histórico mientras nos encerramos adentro. Después de horas de negociaciones a través del difunto George Fensel, el legendario inspector jefe de la policía de Filadelfia que podía calmar una feroz protesta con unas pocas y tranquilas palabras, se ordenó a la policía que nos sacara del edificio más histórico de los Estados Unidos de América mientras las cámaras de televisión nos rodaban. Fotógrafos de periódicos tomaban fotos y trasmitían por radio en vivo.

La toma del “Independence Hall” en de 1979 por activistas puertorriqueños terminó, como comenzó, pacíficamente, sin violencia, sin arrestos, y los reporteros que fueron convocados al lugar por repetidas llamadas telefónicas de partidarios del grupo, hicieron un trabajo fantástico al brindar una cobertura justa y equilibrada. Más tarde ese año, gracias a los esfuerzos de Nelson Díaz, después de la toma simbólica de la oficina de la Campaña Carter-Mondale, cientos de casas en ruinas y abandonadas de propiedad federal fueron donadas para rehabilitación y ocupación por parte de familias puertorriqueñas pobres.

Entrando la administración de Biden-Harris, siento una renovada esperanza en la democracia estadounidense que permite una transferencia de poder ordenada y pacífica.

Boricua, demostraste tu capacidad para volver a encaminar a nuestro país a través de tu voto.

Takeover of Independence Hall

Among the iconic symbols of the democratic principles of our United States of America, stands Independence Hall in Philadelphia- where the nation’s White founding fathers debated, drafted, passed, and signed the Declaration of Independence and the nation’s Constitution.   These sacred documents gave birth to a nation that defeated a foreign authoritarian monarch-style of government to form a more perfect union.

As the Puerto Rican and other communities have been made aware, on January 6, President Trump’s charisma and White supremacy rhetoric and increasing denial of his landslide defeat at the polls, prompted rabid supporters, some brandishing firearms, to storm our Nation’s Capital Building. The ensuing effect of the attack on what is referred to as the «People’s House» was mob violence, threats to harm public officials, assaults on law enforcement, damages to the Capitol, and the looting of sensitive documents from individual legislators’ offices, death of five fellow Americans, physical assaults on many protecting the iconic building, not to mention the planting of pipe bombs, lasting traumatizing effects on Capitol personnel and Americans.

As a Puerto Rican civil rights activist, in 1979, I helped organize and participated in two separates, among others, peaceful takeovers of Independence Hall and the center city Carter-Mondale reelection campaign headquarters to demand the turnover of abandoned federally owned houses to families that would use sweat equality to rehabilitate for auditable habitation and put back on the tax rolls.   

I remember that we hung a Puerto Rican flag from the front windows, the police quickly secured the streets surrounding the historic building as we locked ourselves inside.  After hours of negotiations through the late George Fensel, the legendary Philadelphia Chief Police Inspector who could calm a fiery protest with a few calm words, police were ordered to carry us out of the most historic building in the United States of America while television cameras rolled, newspaper photographers snap photos and live radio coverage broadcasted.

The Independence Hall sit-in of 1979 by Puerto Rican activists ended, like it started, peacefully with no violence, no arrests, and the reporters who were summoned to the scene by repeated phone calls from supporters of the group did a fantastic job in providing fair and balanced coverage. Later that year, through Nelson Diaz’s efforts, after the sit-in at the Carter-Mondale Campaign office, hundreds of dilapidated and abandoned federally owned houses were gifted for sweat equity rehabilitation and occupation by poor Puerto Rican families.

Day into the new Biden/Harris administration. I am feeling renewed hope in American Democracy that allows an orderly and peaceful transfer of power. Boricuas, you demonstrated your ability to put our country back on track through your vote.

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