EFE/EPA/MICHAEL REYNOLDS

La democracia es un tema de debate que viene dándose desde los pensadores griegos hasta nuestros días.  

Al ubicarnos en el contexto de nuestra realidad latina en los Estados Unidos, una gran cantidad de pensadores y analistas sociales internacionales, aseveran que la democracia actual enfrenta uno de sus mayores retos en la historia. 

En 1995 en Estocolmo, se creó el Instituto para la Democracia y la Asistencia Electoral (IDEA, por sus siglas en inglés). Este grupo surge a raíz de la desintegración de la Unión Soviética y para promover la democratización de los países de Europa del Este.

El actual Secretario General de esta organización y expresidente de Costa Rica, Kevin Casas Zamora, dijo, “Ahora es el momento en el que todos debemos defender la democracia. Necesitamos dejar claro lo que está en juego, y que no permitiremos que los líderes con tendencias antidemocráticas utilicen esta crisis para aumentar su poder y disminuir nuestros derechos. Necesitamos defender la democracia, ya sea en las urnas, en los medios de comunicación o en las calles. De esto se trata.» (peril.com). Aquí, donde residimos más de 60 millones de latinoamericanos, deberíamos prestar atención a estas palabras y comenzar a conversar entre nosotros sobre esta crisis democrática, que, por años, venimos experimentando en nuestras comunidades. 

Tal vez, el mayor problema que refleja esta crisis sea el poco conocimiento que tienen los que participan. Un dato muy interesante que arroja la Administración de Elecciones y Encuesta de Votos (EAVS, por sus siglas en inglés), nos dice que entre 1968 y 2016 hubo una baja significativa de la participación electoral en el país. En 1968 un 89.66 por ciento votó en la elección general y en el 2016 solo un 65.44 por ciento votó. Esto nos dice que entre 1968 y 2016 la participación electoral de los estadounidenses declinó en un 24.22 por ciento. La tendencia muestra que la población estadounidense está cada vez menos interesada en el proceso de las elecciones.

Valdría la pena analizar a qué se debe este desinterés. No hay duda de que los estadounidenses valoran su sistema democrático. Sin embargo, la imagen que tiene el pueblo elector de sus representantes es muy negativa. La relación de la población votante con los partidos políticos tampoco es muy entusiasta que digamos. Son muy pocos los líderes gubernamentales que realmente promueven el desarrollo social y económico de sus representados. Mientras que son muchos los que solo se acuerdan de sus representados en los tiempos de reelección. También es cierto que el entendimiento que tiene el pueblo electoral de su democracia no es el ideal. En vista de esto, se ha creado un vacío entre los partidos políticos y los votantes, y eso se manifiesta en una abstención electoral significativa y en un peligroso surgimiento de líderes con tendencias dictatoriales.

Es en las elecciones presidenciales donde mayor participación electoral se da (50 al 60 por ciento); mientras que, en las elecciones de medio término, la participación es más baja (alrededor del 40 por ciento). En el 2014 se registró la cifra electoral más baja en unas elecciones de medio término desde 1942 con un 34.4 por ciento. Esto nos indica que el electorado estadounidense actual no tiene muy claro el balance de poderes que representa su propia democracia. 

Es en el Senado y la Cámara de Representantes donde verdaderamente se foguea el poder gubernamental. Es allí donde se debaten las leyes que afectan la cotidianidad de los estadounidenses. Sin embargo, es donde menor participación electoral se registra. Esto parece indicar que el votante promedio piensa que el poder de la democracia radica en el presidente, y da menor importancia a los 438 Representantes y los 100 Senadores, que es donde verdaderamente se debate la vida gubernamental. 

En el plano de nuestras comunidades latinoamericanas, esta crisis de la democracia azota con mayor grado nuestro porvenir económico y político, dejándonos rezagados y con una pobre representación latina en los cuerpos del poder político. Es nuestra responsabilidad cívica activarnos e interesarnos para saber cómo funciona este fenómeno democrático, del cual somos parte. Esta crisis de la democracia podría ser una oportunidad para nuestras comunidades latinoamericanas. Abstenerse en las casas y no participar del proceso electoral es lo mismo que quedarse parado frente al demoledor oleaje de un tsunami. Está en nosotros cambiar esta realidad.

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