Pita Juárez, organizadora de campo en Phoenix, Arizona de Moms Clean Air Force y EcoMadres. (Foto: RR.SS.)

Hoy, Phoenix es la quinta ciudad más caliente del planeta. Después de Ciudad de Kuwait, Riad, Bagdad y Doha, Phoenix registra una temperatura de 34 °C (94 °F), la más alta de todo el continente americano. Diversas investigaciones han demostrado que temperaturas como estas serían prácticamente imposibles sin el cambio climático. Durante décadas hemos sabido que la contaminación causada por los combustibles fósiles está calentando el planeta y afectando nuestra salud. Ahora ya no hablamos de un problema futuro: estamos viviendo sus consecuencias.

Estas temperaturas no solo son molestas, sino que pueden ser mortales. El calor extremo provoca cientos de muertes en todo el mundo y más de 600 en un solo verano en Arizona. Pienso en los trabajadores al aire libre, como mis hermanos, que mantienen en marcha nuestras comunidades: obreros de la construcción, jardineros, repartidores, campesinos. No pueden protegerse del calor. Cada día de temperaturas extremas aumenta el riesgo de sufrir enfermedades relacionadas con el calor e incluso de morir.

El calor extremo pone en riesgo a todas las personas, pero las comunidades latinas enfrentan impactos desproporcionados. Los latinos están sobrerrepresentados en los trabajos al aire libre y aproximadamente el 80% de los campesinos en Estados Unidos se identifican como hispanos o latinos. Además, las personas latinas tienen un 21% más de probabilidades de vivir en islas de calor urbanas, zonas ubicadas en las grandes ciudades que pueden registrar temperaturas hasta 12 °C (22 °F) más altas que otras zonas circundantes. Los niños y niñas que viven en estas condiciones son especialmente vulnerables, ya que sus cuerpos aún están en desarrollo y son más susceptibles a sufrir enfermedades relacionadas con el calor.

El calor extremo también afecta nuestros bolsillos. Cuando las temperaturas se disparan, muchas familias con recursos limitados se ven obligadas a tomar decisiones difíciles: encender el aire acondicionado o pagar otras necesidades básicas como alimentos, medicamentos o transporte.

El calor también afecta a nuestros bolsillos. Cuando sube el mercurio, las familias con presupuestos ajustados se ven obligadas a tomar decisiones difíciles: encender el aire acondicionado o pagar otras necesidades básicas como alimentos, medicamentos o transporte

Arizona siempre ha sido un lugar caluroso, pero no así. ¿Vamos a seguir ignorando esto y esperar a que el problema desaparezca? ¿O vamos a tomar medidas y actuar?

La decisión de la Agencia de Protección Ambiental (EPA) por sus siglas en inglés, de revocar la llamada “Declaración de Peligro” envía un mensaje preocupante: que el gobierno federal está optando por ignorar una crisis que ya está afectando a nuestras comunidades. La Declaración de Peligro es un pilar fundamental de la capacidad de la EPA para proteger la salud pública frente a los impactos del cambio climático. Proporciona la base legal para la protección frente a algunas de las mayores fuentes de contaminación climática, como las centrales eléctricas, los automóviles y las operaciones petroleras y de gas. Revocarla pone en riesgo la capacidad de la EPA para reducir la contaminación que está intensificando el calor extremo, alimentando incendios forestales más devastadores y agravando otros desastres relacionados con el clima.

Esto representa una corrupción absoluta de la misión de la EPA de proteger la salud humana y el medio ambiente. Nuestras vidas no son desechables.

No actuar frente al cambio climático no solo significa temperaturas más altas. El calor extremo empeora la contaminación del aire, lo que agrava el asma y otras enfermedades respiratorias. Además, el cambio climático está haciendo que las temporadas de incendios forestales sean más largas e intensas. Estos incendios no solo devastan comunidades enteras, sino que el humo que generan representa una grave amenaza para la salud, especialmente para bebés, niños, adultos mayores y otras personas vulnerables.

Todo esto se traduce en más visitas a las salas de emergencia, una mayor necesidad de medicamentos y facturas médicas más altas que muchas familias simplemente no pueden costear. Y ocurre en un momento en que los gastos de vivienda, seguros y alimentos ya están poniendo una enorme presión sobre los presupuestos familiares.

La EPA fue creada para proteger la salud pública y el medio ambiente. Sin embargo, bajo esta administración y el liderazgo de Lee Zeldin, la agencia está haciendo todo lo contrario a su misión. Debilitar estas protecciones pone en riesgo a nuestras comunidades y prioriza los intereses de las industrias contaminantes por encima de la salud y el bienestar de las familias de Arizona. El administrador de la EPA, Lee Zeldin, debe rendir cuentas por alejar a la agencia de su mandato fundamental de proteger a las personas y al planeta.

Quiero que mis sobrinas y sobrinos puedan jugar al aire libre sin tener que preguntarse si el aire que respiran es seguro. Quiero que mis hermanos regresen sanos a casa al final de cada jornada. No es una exigencia exagerada; es lo mínimo que todas las personas merecemos.

Convertirse en una de las ciudades más calurosas del planeta y una de las que se están calentando más rápido en el país no es una carrera que Phoenix quisiera ganar. Nuestras comunidades están siendo defraudadas por quienes tienen la responsabilidad de protegerlas. Es momento de que nuestros líderes actúen con la urgencia que esta crisis exige, antes de que sea demasiado tarde.

Por Pita Juárez, organizadora de campo en Phoenix, Arizona de  Moms Clean Air Force y EcoMadres.

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