El fracaso del Partido Demócrata para involucrar efectivamente a los votantes latinos frustró sus esfuerzos de noquear decisivamente a Donald Trump en las dos últimas batallas por la Casa Blanca, y resalta la importancia de este multifacético bloque de votantes en futuras elecciones.

En 2016, Trump obtuvo suficientes votos latinos para ganar la primera pelea. Hillary Clinton ganó el 66% de los votantes latinos en esa elección, menos que el 71% obtenido por Barack Obama en su campaña de reelección de 2012.

Luego, en 2020, Trump aumentó lo suficiente su grupo de votantes latinos para tener éxito en Florida, evitar una caída en Texas y hacer sudar a los demócratas en Nevada.

Se había proyectado un récord de 32 millones de hispanos elegibles para votar en 2020, un total que, por primera vez, excede el número de votantes elegibles negros en una elección presidencial. Las cifras de participación total de este bloque en crecimiento en esta elección de 2020 aún no se han finalizado, pero su impacto se sintió de costa a costa. La forma en que las campañas trabajarán con él en el futuro es ahora indiscutiblemente importante en nuestra política.

Si esta elección ha mostrado algo sobre el bloque de votantes latinos, es que es más complicado de lo que piensan los políticos. Y si Pensilvania quiere servir a su población cambiante, tenemos que ponernos al día.

La dicotomía de Trump, comenzando su campaña presidencial de 2016 insultando al grupo más grande de latinos en el país, pero logrando buen resultado al cortejar a los latinos en sus dos contiendas presidenciales, se puede explicar por dos dichos: uno, el 80% del éxito está en hacerse presente, y dos, prestar atención a los pequeños detalles salva el panorama general.

Las actividades de las campañas de Trump y Joe Biden en Florida, Arizona y Pensilvania, los tres estados de batalla con el mayor número de votantes hispanos elegibles, según el Centro de Investigación Pew, brindan información sobre cómo involucrar a los latinos.

Primero, la importancia de aparecer: en Florida, la campaña de Trump comenzó temprano y apuntó a la diáspora cubana y venezolana. Además de evocar al “Cuco” (demonio) del socialismo, para asustar a la gente, utilizó un enfoque multifacético y bilingüe para llegar a los 3,1 millones de votantes hispanos elegibles en Florida, el 20% de la población votante total. El esfuerzo ayudó a Trump a obtener el apoyo del 55% de los cubanoamericanos y del 48% de otros latinos en el Estado del Sol. Su campaña fue tan eficaz que consiguió el 30% de los votantes puertorriqueños en Florida, a pesar de su desdén hacia Borinquen tras el huracán María. En contraste, Biden tardó en comenzar su campaña latina y no pudo combatir la información errónea y la desinformación en español contra él y otros demócratas.

En Arizona, la campaña de Trump fue menos agresiva. Eso dejó a los 1,1 millones de votantes hispanos elegibles más abiertos a Biden, aunque no hizo mucha campaña en el Estado del Gran Cañón. En cambio, se aferró a organizaciones de base locales de Arizona que han estado activas durante años para fomentar el voto latino por los demócratas. Las estimaciones preliminares apuntan a que Biden se ha asegurado cerca del 70% del voto hispano en ese estado.

Pensilvania nos lleva a la importancia de los detalles. Si bien, el estado tiene solo 521,000 votantes hispanos elegibles, fue catalogado para las elecciones del 2020 como el tercer estado y campo de batalla decisivo más grande con respecto a este grupo. Los esfuerzos de Trump en este estado clave comenzaron en 2019, cuando los carteles ‘Latinos for Trump’ comenzaron a aparecer de manera prominente en las transmisiones televisivas de sus manifestaciones políticas en Pensilvania. También apuntó a los latinos evangélicos. Su hijo Eric hizo una parada de campaña en octubre en una iglesia latina en Filadelfia. Lo mismo que en Florida, los líderes latinos del Partido Demócrata de Pensilvania se sintieron ignorados por la campaña de Biden.

Aunque la senadora Kamala Harris, compañera de fórmula de Biden, se reunió con un pequeño grupo de líderes comunitarios en Taller Puertorriqueño, muchos latinos sintieron que la campaña de Biden hizo muy poco y demasiado tarde, considerando que Pensilvania fue etiquetada como la puerta de entrada a la victoria para ambas campañas. Si la victoria electoral del 2020 en Pensilvania es determinada por el 1% del electorado como lo fue en 2016, entonces el voto latino fue un factor influyente en el resultado.

La importancia del llamado voto latino aumentará para las próximas elecciones. A nivel nacional, un joven latino cumple 18 años cada 30 segundos. Entre 2010 y 2019 en Pensilvania, según Pew, la población latina aumentó en 273,900, mientras que la población general del estado aumentó en 90,800. De los 12 estados con al menos un millón de hispanos, Pensilvania registró el crecimiento de población más rápido para ese grupo.

Para entender a este grupo, estoy de acuerdo con la columnista del Inquirer, Helen Ubiñas, cuando escribe: «romper el mito del ‘voto latino’ ha sido un resultado positivo de esta elección infernal».

La comunidad latina no es un monolito. Venimos de dos continentes diversos conectados por un istmo y el archipiélago caribeño. Sí, compartimos un idioma común y elementos de religión y cultura. Pero ninguna talla nos queda a todos. Por ejemplo, a pesar de que los latinos se encuentran entre los grupos étnicos más pobres del país, también teníamos la tasa más alta de nuevos empresarios que cualquier otro grupo racial en los EE. UU. antes de la pandemia.

Nuestras comunidades se han visto especialmente afectadas por el COVID-19, lo que ha afectado nuestras tasas de crecimiento demográfico y económico. Aun así, los latinos están destinados a ser un factor importante en el futuro de los EE. UU, y a tener un rol cada vez más relevante en Pensilvania.

Los partidos principales, todos los candidatos y los esfuerzos de votación no partidistas, deberán mejorar su conocimiento de este bloque de votantes. Comprender nuestra diversidad. Aumentar su relación de trabajo con organizaciones comunitarias ya activas en vecindarios latinos. Ahora, más que nunca, somos sus electores y sus votantes potenciales.

Will González es director ejecutivo de Ceiba, una organización comunitaria de la comunidad latina de Filadelfia.

Esta columna fue publicada originalmente por el Inquirer de Filadelfia, el 5 de noviembre, y traducida por Eduardo Garcia para Impacto.

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