Personas con cubrebocas caminan hoy por el centro histórico en la Ciudad de México (México). (Foto: EFE/Madla Hartz)

Dejamos atrás un año complejo, desafiante, estresante, de aprendizaje, de reflexión, que dejó en evidencia la fragilidad de la condición humana y que será uno de los más duros para muchas generaciones.

Un año que también nos mostró luz al final del túnel pues la vacuna nos protegió, disminuyendo la cadena de contagios y el riesgo de enfermar gravemente o de morir por la enfermedad que causa este virus.

El 2022 seguirá poniendo a prueba nuestra capacidad de resiliencia, pero también será el año del inicio de la recuperación y de la esperanza.

Los siguientes meses nos acercarán a la nueva normalidad. Los grandes eventos regresarán cada vez más como el Mundial de Fútbol, que analistas deportivos identifican como el magno acontecimiento que el mundo utilizará como terapia social.

Mientras que los analistas financieros señalan que la recuperación económica llegará este 2022 tras la serie de golpes económicos del año anterior, como los tropiezos en las cadenas de suministros, la histórica crisis de precios de la energía que mueve al mundo y la inflación que elevó el costo de la vida.

Economistas señalan que la inflación fue impulsada por problemas en la cadena de suministro asociados con la reapertura, por lo que cuando estos se superen, la inflación se ralentizará y, en muchos casos, se podría revertir.

La pandemia puede haber hecho que el 2021 sea un año que queramos olvidar, pero será uno que siempre recordaremos con muchos sentimientos, entre ellos, una sensación colectiva de pérdida.

Las más duras, para las personas que han perdido a sus amigos o familiares por la crisis sanitaria, como en mi caso que perdí a seis seres queridos.

Pero también hay una sensación colectiva de pérdida incluso para los que no tienen familiares fallecidos en el 2021: para los niños que han perdido horas en sus grupos de juegos; para los desempleados que han perdido un ingreso estable; para las familias que perdieron horas valiosas con otros parientes o para los que dejaron de realizar algunas de sus preferidas rutinas, actividades o viajes.

¿Comenzar el año ignorando un virus muy contagioso? ¿Les suena familiar?

Mejor comencemos el año agradeciendo, pues en tiempos del coronavirus la gratitud tiene un alcance más amplio y muchos de los momentos más hermosos de la vida se pueden encontrar después de la tragedia.

Tedros Adhanom, director general de la Organización Mundial de la Salud, nos recomendó al inicio de la pandemia que seamos cuidadosos, atentos y amables. Resalto esta última: la palabra «amable» que viene del latín y que significa «digno de ser amado».

Necesitamos construir la nueva normalidad con sociedades más inclusivas y amables. La mayor lección que el coronavirus puede enseñar a la humanidad es que todos estamos juntos en esto.

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