El pastor Ryan Burge, profesor adjunto de ciencias políticas en la Universidad del Este de Illinois y autor de “The Nones” (“Los no religiosos”), un libro sobre el incremento de la población estadounidense sin afiliación religiosa, pronuncia un sermón en la First Baptist Church en Mt. Vernon, Illinois, el 10 de septiembre de 2023. Para Burge, el aumento de "los no religiosos" y el descenso de los religiosos no es una simple estadística, sino un hecho que ha constatado en su parroquia en los últimos 16 años. (Foto: AP/Jessie Wardarski)

Mike Dulak creció como católico en el sur de California, pero en su adolescencia comenzó a faltar a misa y a conducir directamente a la playa para tocar la guitarra, mirar las olas y disfrutar de la belleza matutina. “Y eso se sentía más espiritual que cualquiera de las veces que estuve en una iglesia”, recordó.

Nada ha cambiado esa visión en las décadas siguientes.

“La mayoría de las religiones existen para controlar a la gente y sacarles dinero”, dijo Dulak, quien ahora tiene 76 años y vive en Rocheport, Missouri. También mencionó los escándalos de abuso sexual en la Iglesia católica y la Convención Bautista del Sur. “No puedo aceptar eso”, agregó.

Dulak rechaza ser parte de un rebaño religioso, y tiene mucha compañía. Es lo que en Estados Unidos llaman “none”, que puede traducirse como “ninguna” y se refiere a alguien que no es religioso o no tiene filiación religiosa, y que al pronunciarlo suena a “nun”, que significa “monja” y con lo que no tiene nada que ver. Él es del tipo que marca “none” (“ninguna”) cuando los encuestadores preguntan: “¿Cuál es su religión?”

El ascenso de décadas de los no religiosos —un grupo diverso y difícil de aglutinar en una simple definición— es uno de los fenómenos de los que más se habla en las religiones en Estados Unidos. Están remodelando el panorama religioso del país tal como lo conocemos.

En las religiones allí en la actualidad, “la historia más importante sin lugar a dudas es el increíble aumento en la proporción de estadounidenses que no son religiosos”, dijo Ryan Burge, profesor de ciencias políticas en la Universidad del Este de Illinois y autor de “The Nones” (“Los no religiosos”), un libro sobre el fenómeno.

Las personas no religiosas representan una gran parte de los estadounidenses, como lo demuestra el 30% de los adultos del país que dicen no tener filiación religiosa en una encuesta realizada por The Associated Press-Centro NORC para la Investigación de Asuntos Públicos.

Otras encuestas importantes dicen que los nones han estado en aumento constante durante al menos tres décadas.

Así que, ¿quiénes son?

Son los ateos, los agnósticos, los “nada en particular”. Muchos son “espirituales, pero no religiosos”, y algunos no son ninguna de las dos cosas y otros son ambas. Abarcan todas las clases, géneros, edades, razas y etnias.

Si bien la diversidad de los nones los divide en innumerables subgrupos, la mayoría tiene esto en común:

A ellos realmente no les gusta la religión organizada.

Ni sus líderes. Ni su política ni sus posturas sociales. Eso es lo que dicen una gran mayoría de los nones que participaron en la encuesta AP-NORC.

Pero ellos no son sólo una estadística. Son personas reales con relaciones únicas con el creer o no creer, y con el significado de la vida.

Son seglares que educan a sus hijos en casa en las montañas Ozark de Arkansas o habitantes de Pittsburgh que luchan para superar alguna adicción. Son un fabricante de mandolinas en un pequeño pueblo de Missouri o un exevangélico desilusionado con esa corriente particular del cristianismo estadounidense. Son estudiantes universitarios que encontraron las iglesias de su infancia poco convincentes o poco acogedoras.

La iglesia “no era muy buena para mí”, dijo Emma Komoroski, estudiante de primer año de la Universidad de Missouri que dejó el catolicismo de su infancia cuando era adolescente. “Soy lesbiana. Entonces fue como: ‘Oh, realmente no encajo y a la gente no le agrado’”.

Las personas sin religión también son como Alric Jones, quien citó malas experiencias con la religión organizada, desde iglesias intolerantes en su ciudad natal hasta el ministerio que le seguía solicitando dinero a su devota esposa difunta, incluso después de que Jones perdiera su trabajo y sus ingresos tras una lesión.

“Deberían haber venido a nosotros y decirnos: ‘¿Hay algo que podamos hacer para ayudarlos?’”, dijo Jones, de 71 años, que reside en el centro de Michigan. “Nos seguían enviando cartas que decían: ‘¿Por qué no nos están mandando dinero?’”.

Aunque no cree en la religión organizada, sí cree en Dios y en los preceptos éticos básicos. “Las personas deberían ser tratadas en forma equitativa siempre y cuando traten a otras personas en forma equitativa. Esa es mi espiritualidad, si quieres llamarla así”.

Hoy en día, si un familiar que lo visita quiere asistir a la iglesia, él lo acompaña, “pero no soy propenso a escuchar a nadie decirme: ‘esta es la manera en que debe ser’”, agregó.

Aproximadamente 1 de cada 6 adultos estadounidenses, incluidos Jones y Dulak, es un “nada en particular”. Hay tantos de ellos como ateos y agnósticos juntos (7% de cada uno).

“Toda la atención de los medios está puesta en los ateos y los agnósticos, pero la mayoría de los nones no son ni ateos ni agnósticos”, dijo Burge.

Muchos adoptan una variedad de creencias espirituales, las cuales van desde Dios, la oración y el cielo hasta el karma, la reencarnación, la astrología o la energía de los cristales.

“Definitivamente no están tan alejados de la religión como los ateos y los agnósticos”, explicó Burge. “Muchos de ellos practican su propio tipo de espiritualidad”.

Dulak todavía obtiene inspiración de la naturaleza.

“Simplemente se siente muy bien estar al lado de algo tan atemporal”, puntualizó sentado en su jardín en el poblado a un costado del río Missouri que ahora considera su hogar.

Encuentra una satisfacción similar en su taller de dos pisos, donde fabrica la más reciente de las miles de mandolinas que ha producido a lo largo de décadas, lo que ha permitido a la gente “compartir la alegría de la música”.

“Se siente espiritualmente bien”, dijo Dulak. “No es una religión”.

Burge dijo que los nones se están incrementando a medida que disminuye la población cristiana, particularmente los protestantes “tradicionales” —de las llamadas Siete Hermanas del protestantismo estadounidense—, que van de moderadas a liberales.

“Esto no es sólo una especie de ejercicio académico para mí”, dijo Burge, quien es pastor de una menguante iglesia bautista estadounidense en Mount Vernon, Illinois. Es “lo que he visto todos los domingos de mi vida durante los últimos 16 años”.

Las estadísticas muestran que los nones están bien representados en todos los grupos de edad, pero especialmente entre los adultos jóvenes. Aproximadamente cuatro de cada 10 de los menores de 30 años son no religiosos, casi tantos como los que dicen ser cristianos.

La tendencia fue evidente en entrevistas en el campus de la Universidad de Missouri. Varios estudiantes dijeron que no se identificaban con ninguna religión.

Mia Vogel dijo que le gustan “los fundamentos de muchas religiones, simplemente ama a todos y acepta a todos”. Pero ella se considera más espiritual.

“Estoy bastante metida en la astrología. Tengo mis cristales cargándose en mi ventana ahora mismo”, dijo. “Honestamente, apuesto a que la mitad de eso es un placebo total, pero simplemente me gusta la idea de que las cosas en la vida se puedan explicar mediante fuerzas mayores”.

Un movimiento que ejemplifica el ethos “espiritual, pero no religioso” es el programa de sobriedad de los Doce Pasos iniciado por Alcohólicos Anónimos y adoptado por otros grupos de recuperación. Los participantes recurren a un “poder mayor que nosotros mismos” —el Dios de cada persona, según su entendimiento—, pero no comparten ningún credo.

Mike Dulak posa para una foto en su taller de mandolinas en Rocheport, Missouri, el 8 de septiembre de 2023. Dulak no se vincula a ningún grupo religioso y se identifica como un «nada en particular» cuando se le pregunta por su fe. Forma parte de un grupo de personas no creyentes que va en aumento: cerca de 1 de cada 6 adultos estadounidenses es un “nada en particular”; Hay tantos como ateos y agnósticos juntos (7% de cada uno), según na encuesta realizada por The Associated Press-Centro NORC para la Investigación de Asuntos Públicos. (Foto: AP/Jessie Wardarski)

“Si te fijas en las religiones, han sido dañadas por escándalos, sin importar su denominación”, dijo el reverendo Jay Geisler, un sacerdote episcopal que es asesor espiritual en el Centro de Recuperación de Pittsburgh, un centro para tratar adicciones.

En contraste, “de hecho hay un avivamiento espiritual en el sótano de muchas de las iglesias” donde a menudo se reúnen los grupos de recuperación, explicó.

Para algunos, agregó Geisler, el Dios de su entendimiento es “GUS”, siglas del “Guy UpStairs” (“El tipo de arriba”). O “SAM”, el acrónimo de “Sure Ain’t Me” (“Seguro que no soy yo”).

“Nadie discute en esas habitaciones; no dicen: ‘Estás equivocado acerca de Dios’”, dijo Geisler. El enfoque está en “cómo ha cambiado tu vida”.

Los participantes hicieron eco de esas ideas en el centro recientemente. De acuerdo con la tradición de anonimato de los Doce Pasos, compartieron sus experiencias con la condición de que sólo se usara su nombre de pila.

“Crecí como metodista, pero no sigo ninguna religión”, dijo John, de 32 años. “No creo en un tipo grande y barbudo en el cielo”. Pero después de sobrevivir a sobredosis, sabe que “algo me ha estado cuidando”.

Algunos se identificaron como cristianos, pero evitan evangelizar y mejor respaldan el camino individual de cada quien.

“No le impongo mis creencias a nadie», dijo Linda, de 57 años. “El dolor nos une”.

Quienes fueron entrevistados dijeron que la comunidad que han encontrado es esencial para su recuperación, y la falta de una comunidad contribuyó a su caída inicial en la adicción.

A los académicos les preocupa que, a medida que las personas se alejan de las congregaciones y de otros grupos sociales, pierden fuentes de apoyo comunitario.

Pero los nones dijeron en entrevistas que estaban felices de dejar atrás la religión, particularmente en situaciones tóxicas, y encontrar una comunidad en otro lugar.

Jones estuvo de acuerdo en que las relaciones humanas en la iglesia pueden tener beneficios, pero no para él.

“Cuando necesitas referencias y necesitas otras cosas, esas personas están ahí para apoyarte”, dijo. “Pero, de nuevo, ¿qué estás dispuesto a sacrificar de tus propias creencias para desarrollar ese tipo de relación?”

Marjorie Logman, de 75 años, de Aurora, Illinois, ahora encuentra comunidad entre otros residentes de su complejo de apartamentos, habitado por personas de diversas generaciones. No extraña los círculos evangélicos en los que estuvo activa durante mucho tiempo.

“Entre más me alejo, más libre me siento”, dijo, criticando a las iglesias por darle prioridad al dinero por encima del cuidado de las personas. Recordó haber visto a líderes de la iglesia decirles a personas que padecían depresión que su problema se debía al pecado o la posesión demoníaca, acumulando culpa sobre una enfermedad mental no atendida.

Cuando ella se recuperaba de una lesión en un centro asistencial para adultos mayores en 2010, prosiguió Logman, su esposo estaba solo en casa desesperado y murió antes de que ella pudiera regresar a su hogar. Dijo que su pastor se negó a visitarlo porque él no había participado en la iglesia.

Ahora ella dice ser agnóstica. “No voy a tirar la toalla respecto a todo”, explicó. “Todavía creo en una conciencia superior”.

Incluso lejos de los centros urbanos, los nones encuentran comunidad.

Adria Cays y Ashley Miller, que viven en pueblos cercanos en el noroeste de Arkansas, ayudaron a fundar un grupo para padres que educan a sus hijos en casa con base en principios seglares.

Incluso en una región predominantemente cristiana de los Ozarks, encontraron a “personas como nosotras que abordaban la educación y simplemente criaban a sus hijos desde una visión más seglar”, dijo Miller, de 35 años.

Las familias de las mujeres comparten periódicamente aventuras de senderismo en Instagram. Si bien no describen sus exploraciones como espirituales, su objetivo es inspirar asombro y un sentido de propósito en sus hijos.

“Realmente queremos que tengan una conexión profunda con la naturaleza”, dijo Cays, de 43 años.

Miller añadió: “Somos parte de algo más grande, y eso es la Tierra. Hay significado tan sólo en existir».

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