Imagen de la vacuna de Pfizer-BioNTech contra la COVID-19. EFE/EPA/Shawn Thew

¿Algún funcionario del gobierno le ha dicho cuándo podría esperar levantarse la manga de su blusa o camisa para recibir la vacuna?

El programa de vacunación ha comenzado rápido, pero debería haber más de una empresa brindando esta protección.

Se dice que la Casa Blanca no compró suficientes vacunas cuando tuvo la oportunidad. Y, sin embargo, pudieron encontrar miles de millones para el innecesario muro en la frontera con México. Esta es una contradicción increíble.

Es bueno que las primeras vacunas vayan al personal médico de primera línea y luego, con suerte, a los llamados “trabajadores esenciales”, que muy a menudo son dejados de lado.

Quizás necesitemos pedir al menos un cronograma aproximado para nuestras categorías. Y tenemos que vigilar a los ricos y famosos para que no “salten” y aparezcan milagrosamente al frente de la fila.

Estas son mis categorías, en orden de prioridad:

Primero, las personas de 65 años o más. Es posible que queramos destinar el primer corte a los de 75 años y más. Segundo, las minorías. Los negros, latinos y nativos americanos son una parte importante de los sectores vulnerables de la población que estadísticamente se han visto más afectados y con más alta mortalidad.

Después, personas que tienen precondiciones y problemas de salud permanentes; a continuación, las Fuerzas Armadas, luego los niños, incluyendo un protocolo para saber qué hacer con los bebés y madres embarazadas. De seguido el personal diplomático y de embajadas, y la población general.

Estoy seguro de que esta lista tentativa podría no ser tan precisa o basada en criterios muy científicos, pero sería un buen punto de partida para un diálogo.

Si bien, quienes desean vacunarse quieren saber en qué mes podrían recibir la vacuna, todavía hay un gran porcentaje de la población que tiene temores arraigados por errores de vacunación pasados, y otros que, simplemente, se oponen rotundamente a las vacunas.

Todo este proceso se verá empañado por las pésimas condiciones económicas de las familias, muchas de las cuales están cayendo rápidamente en la pobreza, y se encuentran ya dependiendo de las filas para recibir comida donada; quizás muchas se quedarán pronto sin hogar.

El miedo al virus también ha creado filas superlargas de aquellos que quieren hacerse la prueba. Yo, por mi parte, he sido probado cuatro veces (todas negativas). Me han dicho sobre una prueba de COVID que se puede administrar en nuestros hogares.

Está claro que no tendremos control sobre el virus mientras exista un movimiento político que aún luche contra el uso de las máscaras, los confinamientos obligatorios y contra cualquier límite de número en las reuniones.

Al mismo tiempo, la pandemia nos está dejando demasiados muertos y demasiadas personas con efectos secundarios adversos después de superar la infección.

Nos hallamos en un camino difícil, pero al que podemos ponerle fin si aceptamos a la ciencia y la razón en lo que hagamos en el futuro. Los meses venideros serán un desafío para todos, pero si resistimos, podremos controlar este virus y comenzar a volver a la normalidad de que disfrutábamos antes.

Debemos ayudarnos unos a otros y mantener la fe.

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