Foto ilustrativa. El pozole es un platillo tradicional mexicano que nos aporta carbohidratos, proteínas, vitaminas, minerales, fibra y antioxidantes. (Contexto/internet)

Norristown, PA – El pozole, es un platillo prehispánico de la cultura mexicana, hecho a base de un tipo de grano de maíz llamado cacahuazintle (mazorca grande con granos blancos y redondos, que al ser hervidos revientan y florean formando espuma). 

En la época precolombina (antes del descubrimiento de América por Cristóbal Colón), se ideó un platillo que honrará al maíz, la planta sagrada de los aztecas, para ser consumido sólo en una ocasión especial: después de los sacrificios rituales donde se ofrecía el corazón de las víctimas. De acuerdo con algunos historiadores, la misma carne de las víctimas se usaba para preparar este manjar. Posterior a la llegada de los españoles fue cuando se sustituyó la carne humana por la de animales.

En México, existen más de 20 variedades de pozole. Según la región y las costumbres, se puede preparar con carne de pollo, de cerdo y de mariscos. En el norte del país se suele preparar con chile pasilla o guajillo (rojo), hacia al sur, en el estado de Guerrero, se prepara con una mezcla de mole de pepita verde (pozole verde), y en el centro del territorio se acostumbra también prepararlo sin chile (blanco). Es un guiso típico en el festejo de las fiestas patrias, 15 y 16 de septiembre.

La calidad nutritiva de este plato radica en los ingredientes que le acompañan; estos son: el maíz, considerado uno de los cereales más importantes del mundo; aporta carbohidratos y minerales esenciales como calcio, fósforo, manganeso, hierro, zinc y cobre; la carne es fuente de proteína, fósforo, magnesio, hierro, potasio, zinc y vitamina B12; el chile, contribuye con vitamina A, B6 y C, calcio, magnesio, hierro, potasio y antioxidantes; la cebolla, tubérculo rico en fibra, adiciona vitamina A, B, C y E, calcio, fósforo, magnesio, hierro, potasio, cobre, yodo y azufre; la lechuga también agrega fibra, vitamina A, B, C y E, calcio, magnesio, potasio y además, ácido fólico y antioxidantes; el orégano, una planta aromática, aporta vitamina K y antioxidantes, se acostumbra agregar una pizca en seco, molido directamente con las manos; el rábano, un tubérculo de sabor picante, contiene fibra, vitamina B y C, magnesio, hierro, potasio, yodo, azufre y aminoácidos, y se le atribuyen propiedades desintoxicantes; y el limón, un fruto rico en vitamina C, ácido cítrico y potasio. Un plato de unos 300 mililitros de pozole contiene alrededor de 250 calorías.

Los mexicanos, generalmente lo acompañamos con tostadas de maíz (tortilla frita u horneada) untada con crema ácida y espolvoreada con queso fresco rallado. Además, podemos agregar al caldo o a la tostada, unas gotas de una salsa tradicional, preparada a base de chile de árbol (de color rojo, largo, delgado, muy picante), limón y vinagre. Y para cerrar con broche de oro, un agua fresca de flor de Jamaica. ¡Qué delicia!

El pozole es, sin duda, uno de los platillos favoritos de la comunidad hispana, ideal para cualquier ocasión. ¡Buen provecho!

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