¡El amor no tiene fronteras! (Foto: ddzphoto/Pixabay)

Viajar durante la pandemia implica enfrentarse a desafíos nunca vividos. Dependiendo de su destino final, los reglamentos sanitarios a seguir por causa del COVID-19, pueden ser diferentes y a veces confusos. Antes de abordar un vuelo internacional, asegúrese de cumplir con todos los requisitos para salir de los Estados Unidos e ingresar al país de sus sueños. Este es el destino que soñe por mucho tiempo, y ahora les comparto mi experiencia en este viaje de rencuentros.

Empecé a respirar el aire de Portugal apenas subí al vuelo de TAP Air Portugal desde el aeropuerto de Newark. A medianoche el avión despegó. Sabía que seis horas de sueño me separaban de esa bella tierra.

Escuchar las conversaciones de los otros pasajeros, en el idioma portugués, me iba preparando al cambio cultural que se avecinaba. Llena de emoción, me quedé dormida y cuando me desperté, cerca del tiempo de aterrizaje, divisé desde las alturas los tejados rojos de las casas, característica típica de esta linda tierra. Llegaba a Lisboa, al aeropuerto Humberto Delgado y con cinco horas más de diferencia. Después de pasar migración, y recoger mis maletas, todavía tenía cincuenta minutos más para llegar a mi destino final: São Martinho do Porto.

El día estaba claro y hacía buen tiempo –tal vez unos 19 grados centígrados–. El auto en marcha se alejaba de la ciudad de Lisboa. El camino por la vía A8 iba adentrándose hacía la vegetación y las casas de campo. A lo lejos se veían los imponentes molinos de viento. El cielo estaba despejado y azul. El aire fresco de la tarde me despertaba constantemente. ¡Tenía mucha hambre!

La emoción de un abrazo sin fronteras 1
Lisboa, Portugal. ¡Un lindo país para visitar! (Foto: Vianney Dugrain/Pixabay)

Después de pasar muchas vilas (ciudades) por nuestro camino, llegamos a la salida llamada “Tornada”. Nos desviamos de la autopista y recorrimos su entrada principal. El olor a pan recién salido del horno, das padarias (las panaderías) que se encontraban alrededor, invadía mis sentidos.

Pasamos por el pueblo de Alfeizerão. Esto me indicaba que ya estaba cerca de abrazar a mi familia. Vi al lado derecho la iglesia blanca imponente a la vera de la estrada y el reloj antiguo que marcaba el paso de las horas. A lo lejos se divisaba el letrero en azulejo que decía ¡Bem-vindo(Bienvenido) a São Martinho do Porto!”

A los pocos minutos, el carro se estacionó frente a la casa, bajé mis maletas –eran más o menos las dos de la tarde–. El olor de la comida recién preparada me terminó de despertar. Me recibieron con un abrazo y un beso. ¡El calor del cariño se siente!

Cerré mis ojos. Me emocioné. Unas lágrimas de agradecimiento infinito rodaron por mis mejillas. ¡La pandemia nos tocó muy duro a todos, pensé! Tenía una mezcla de sentimientos que me apretaban el corazón. Al entrar a la cocina, la mesa estaba lista para degustar el plato del almuerzo preparado con amor y cariño. ¡Se escucha un fuerte splash! Mi esposo abre una botella de vino tinto alentejano típico de Portugal, para celebrar el reencuentro con la familia y el cariño que reinaba en ese instante. Nos sentamos todos a la mesa y con un brindis en alto y un “chin, chin”, celebramos la alegría de la vida: ¡À nossa! (¡Por nosotros!).

Contacto: LinkedIn @maryluzmarques, Twitter @maryluz_marques

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