William falleció de Leucemia mieloide en 2017. /Cortesía

La pérdida de un hijo causa un dolor indescriptible y un caudal de emociones que se desbordan ante el recuerdo de ese ser querido.

William falleció el 11 de enero de 2017 en los brazos de su madre, Paula López, en el Hospital para Niños de Filadelfia. Apenas iba a cumplir los 15 años. Su muerte impactó a su familia y en especial al segundo hijo de Paula. “Para mí es muy difícil ser ahora el hermano mayor, ese no es mi puesto”, le confió David en 2017. Tiene 14 años y cursa el octavo grado. “Yo que pensé que iba a ser el parrandero por su carácter festivo y bromista, ha resultado ser juicioso, centrado, maduro y no dice bobadas”, nos platica Paula orgullosa.

David fue elegido para tomar un curso sobre pequeños negocios donde aprendió a hacer joyería. En esta época navideña venderá sus piezas en el Bazar de CORA Services. “Lo que yo venda lo voy a donar al Children’s Hospital of Philadelphia”, le dijo a su madre.

Una larga y penosa enfermedad

William comenzó a enfermarse en 2013. Al principio eran migrañas, luego tuvo un tratamiento para la anemia y, después, los doctores recomendaron citas de emergencia con hematólogos y cardiólogos. Al año siguiente sus glóbulos blancos comenzaron a multiplicarse de manera alarmante, y para 2015 comenzó la quimioterapia, pues el diagnóstico fue leucemia mieloide aguda (AML, por sus siglas en inglés), que es un tipo de leucemia más frecuente en adultos que en niños. La AML se inicia en la médula ósea (la parte blanda del interior de ciertos huesos, donde se producen las nuevas células sanguíneas), pero con frecuencia también se pasa a la sangre, y algunas veces se propaga a otras partes del cuerpo.

Para diciembre de 2016, el niño tenía también neumonía. Pasó la nochebuena con su familia, quien puso un arbolito de navidad en su cuarto del hospital, y le encantaron los regalos que recibió.

“William era muy pegado a sus hermanos y era su ejemplo; ya antes de su enfermedad era maduro para su edad, excelente estudiante y, sobre todo, muy dulce y querido por las enfermeras, pues siempre era educado y sonriente a pesar de su enfermedad”, relata Paula.

Había pasado por etapas muy difíciles a lo largo de tres años, y su recuperación no parecía llegar. “Yo no lo quería verlo sufrir y le pedí a Dios que hiciera su voluntad, pues sé que era egoísta de mi parte pedir que viviera si no se iba a reponer por completo”, recuerda, con voz quebrantada.

Altibajos y ángeles

Paula nació en Cali, Colombia, donde se graduó de ingeniería industrial. A los 24 años se mudó a Barranquilla, buscando una mejor posición. En esa ciudad nació su hijo William. Años después, durante la celebración del cumpleaños de una amiga, conoció a Raúl Sánchez, quien sería su esposo y el padre de David, su segundo hijo. En 2008 se vino a vivir con su marido a Filadelfia, dejando a William de manera temporal con los abuelos. “Extrañaba a mi hijo y a toda mi familia; le hablaba a William todos los días y le ayudaba con su tarea; ya después una prima fue quien le ayudaba”, rememora.

En 2010 falleció la madre de Paula y ella viajó a Colombia con su hijo David, para conseguirle una visa de turista al abuelo y para renovar la visa de William, que tenía 7 años. Su hijo acababa de perder a la abuela con quien vivió por un año y llegaba a un país en donde no entendía nada de lo que oía.

Paula con su segundo hijo, David. /Cortesía.

“Mi esposo tenía problemas del corazón, descuidó su salud y no iba al cardiólogo. En enero de 2010 salió a trotar a la escuela secundaria Edison antes de ir a su trabajo y nunca llegó a su oficina”. Raúl Sánchez falleció a los 54 años. “Cuando fui a reconocerlo a la morgue todo se me vino abajo y se me cayó el mundo”, recuerda.  Pero siempre ha habido “ángeles” que la ayudaron, entre ellos, un policía, un abogado, una señora que trabajaba en un banco, Leity Rodríguez, y los hermanos y feligreses de la iglesia.

Paula dejó su trabajo en un centro de cuidados infantiles para dedicarse de tiempo completo a la limpieza de casas y al cuidado de William y David. Una pareja de esposos amigos le presentaron a un conocido, que le ayudó a conseguir un lugar donde vivir. Al tiempo iniciaron un noviazgo y terminó casada con él, con quien tuvo a su tercer hijo. Ahora afirma que “en este año de pandemia, nuestra vida familiar está cada vez más basada en la palabra de Dios”.

Paula es actualmente voluntaria en St. Christopher Hospital de Filadelfia, a donde visita y ayuda con los niños enfermos, “eso me ha ayudado a sanar el dolor por la pérdida de mi William”, finaliza conmovida su relato.

Para información de la joyería los contactos son:

267-307-9984

odensanchez04@gmail.com

215-847-5768

paula_lopez07@hotmail.com

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