
Camina hacia algún rincón de una redacción y a menudo puedes encontrarlo pegado a un tablón de anuncios, quizá asomado detrás de la cafetera: el Código de Ética de la Sociedad de Periodistas Profesionales (SPJ, por sus siglas en inglés), en Estados Unidos. Tiene menos de mil palabras y cabe en un póster.
Pero esas palabras —organizadas en torno a cuatro principios periodísticos clave— son lo bastante importantes, sostiene Dan Axelrod, como para que incluso puedan salvar nuestra democracia.
“Voy a decirlo sin rodeos”, dice Axelrod, presidente del Comité de Ética de la SPJ y exreportero de negocios de Gannett durante años. “Esta es la manera de proteger la democracia. Esto es para proteger a la sociedad. Sin periodistas, una sociedad se va al abismo”.
Axelrod no habla solo de la existencia del código, sino de la necesidad de actualizarlo de vez en cuando. Es un proceso laborioso: toma alrededor de un año e incontables horas de reuniones y comentarios, virtuales y presenciales.
Sin embargo, mientras el panorama mediático parece cambiar a diario y surgen nuevas tecnologías, la SPJ ha decidido que ha llegado el momento: por primera vez en 12 años, y apenas la sexta vez en la historia centenaria del código.
Un cónclave, por así decirlo, para actualizar el código
La seriedad del esfuerzo llevó al comité y a otros expertos en ética de los medios a Indianápolis en junio, después de muchas reuniones virtuales. Al parecer, no fue la forma más relajante de pasar un fin de semana.
“Sin duda se caldearon los ánimos”, comenta Axelrod.
“Bueno, no hubo puñetazos”, bromea su colega Chris Roberts, vicepresidente del comité y profesor de periodismo en la Universidad de Alabama. Explica que hubo “mucho trabajo de forja de palabras”.
El resultado: no hubo humo blanco, pero sí un borrador de 967 palabras, 73 más que el código actual.
Pero ¿por qué actualizarlo en primer lugar? La primera razón —nada sorprendente— es la rápida aparición de la inteligencia artificial.
“Estábamos pensando en la inteligencia artificial y en cómo la usan y a veces la usan mal las organizaciones de noticias”, señala Roberts, “cuando se enfrentan a esa nueva tecnología que les ahorra dinero, pero también causa muchos problemas si no se utiliza de manera eficaz y ética”.
Otro asunto tiene que ver con el propio término “periodistas profesionales”. En los últimos años se ha visto un enorme aumento de periodistas independientes, los llamados “periodistas creadores”. La SPJ considera que ellos también deberían tener un código que los guíe. (El código, como siempre, es una guía voluntaria y no es exigible).
Un objetivo clave es abordar una crisis existencial en el sector: la creciente falta de confianza del público en los medios.
“Estamos hablando de un mundo que no confía en nosotros tanto como antes”, indica Roberts. “Estamos hablando de políticos y otros que se esfuerzan por golpear al periodismo porque se atreve a señalar sus deficiencias. Mientras tanto, el negocio del periodismo ha cambiado muchísimo en lo financiero, y un tercio de los periodistas no trabaja para una organización de noticias tradicional.
“Todas esas cosas y muchas más son razones bastante buenas para volver a mirarlo”, añade, “y recordarles a las personas que hay estándares que deberían ser estándares, independientemente de si te llamas periodista o del tipo de plataforma para la que trabajes”.
Los cuatro principios clave siguen siendo los mismos
La SPJ, que tiene unos 4.000 miembros en todo el país, se fundó en 1909. En 1926 adoptó su primer código de ética, luego formó un comité de ética en 1948 y revisó el código cinco veces; la última, en 2014.
Los cuatro principios clave e invariables: “Buscar la verdad y reportarla”. “Minimizar el daño”. “Actuar de manera independiente”. “Ser responsable y transparente”.
Pero muchas otras cosas han evolucionado. Un informe que acompaña el borrador señala que los empleos tradicionales en las redacciones están disminuyendo a medida que la industria se contrae. Al mismo tiempo, dice, ha habido un crecimiento notable de periodistas ciudadanos, freelancers, influencers de internet y comentaristas. El informe cita un estudio de Pew que muestra que, en 2023, un tercio de los periodistas eran freelancers o trabajaban por cuenta propia.
También menciona la reducción de la presencia de medios que actúan como vigilantes, así como a “personas, organizaciones e inversionistas privados sin formación periodística, que están comprando o abriendo propiedades informativas, afectando la cobertura, influyendo en decisiones editoriales e impulsando agendas personales”.
La SPJ afirma que el rápido aumento del uso de la IA generativa y otras nuevas tecnologías —en las noticias, como en otros ámbitos— plantea preguntas éticas.
Por eso, una nueva línea dice: “Recuerde que la rapidez, la tecnología o el medio no excusan la inexactitud ni la injusticia. Los periodistas son éticamente responsables de su trabajo, independientemente de las herramientas y tecnologías utilizadas”. En otras palabras: la responsabilidad recae en el periodista, sin importar lo que pueda decir la IA.
“No queremos que la gente use la excusa de una tecnología para decir que no pudo producir cosas de manera ética y transparente”, manifiesta Roberts.
Pero el borrador propuesto —que la organización en general votará en octubre, tras un periodo actual de comentarios— no menciona la IA por su nombre; se refiere solo a herramientas y tecnologías, para que siga siendo pertinente a medida que la tecnología cambie. También aborda otros temas como la verificación, la desinformación, la cobertura de delitos, las imágenes fabricadas y más.
Corrigieron algunas formulaciones problemáticas
Una adición notable —y que generó mucha discusión— es esta línea: “Sea vigilante y valiente al exigir rendición de cuentas a quienes tienen poder. Contrarreste la marginación injusta de quienes tienen menos poder”.
Lo interesante es lo que reemplaza. El texto original decía: “Dar voz a quienes no tienen voz”. Esa formulación se consideró problemática, porque asumía que algunos grupos carecen de voz.
El miembro del comité Eric Deggans apunta: “No es que no tengan voz. Es que con demasiada frecuencia los medios tradicionales no le prestan atención o ni siquiera saben que existe”.
Deggans, crítico general de NPR y profesor de ética de los medios en la Universidad Washington and Lee, explica: “Lo que queríamos intentar expresar era esta idea de que hay grupos que pueden quedar marginados de la cobertura informativa… y (los periodistas) deberían hacer un esfuerzo por incluirlos cuando sea pertinente, en particular cuando eso mejora la precisión de la historia”.
Dado los cambios en la industria, uno podría plantear otra pregunta general: ¿un solo código sirve para todos? ¿Y siquiera será reconocido?
“No deberíamos rehuirlo”, responde Chris Vaccaro, actual presidente de la SPJ, “solo porque la industria esté cambiando o porque esté cambiando la idea de quién es periodista”.
Vaccaro confía en que el código, que ha sido traducido a varios idiomas, será seguido por muchos. Ese tablón de anuncios de la redacción, dice, ahora es el mundo entero.
“Definitivamente no vamos a operar bajo la suposición de que nadie lo va a usar o a nadie le importa, o que el periodismo ha cambiado tan drásticamente que no importa”, afirma Vaccaro. “Sí importa”.
Deggans imparte dos clases de ética y en ambas estudian el código de la SPJ. Pero además de formar a jóvenes periodistas, el código tiene otros usos clave. “Si estás operando en un país que ha tenido un régimen autoritario durante mucho tiempo o no tiene una larga historia de prensa libre, ¿cómo averiguas cómo funciona eso? Recurres al código de la SPJ, ¿no?”.
Deggans desearía que más periodistas en activo revisaran el código.
Y también otras personas: “Ojalá algunas personas que son dueñas de medios periodísticos leyeran el código, porque con demasiada frecuencia presionan a sus empleados para hacer cosas que no son éticas, y el empleado tiene que encontrar la manera de preservar su ética periodística y también darle al empleador lo que quiere”.





