Todos hemos sentido que, después de una mala noche de sueño, nuestro cuerpo no funciona igual; cuesta concentrarse, aumenta el apetito y hasta la digestión parece resentirse.
Hoy la ciencia confirma que esa sensación tiene una explicación: la falta de descanso altera la microbiota intestinal, el ecosistema de billones de bacterias que ayuda a regular la digestión, el sistema inmune y el metabolismo.
Investigaciones presentadas durante el Congreso Anual de la American Association for Cancer Research (AACR) revelaron que la privación crónica de sueño modifica la composición y el funcionamiento de la microbiota. Estas bacterias pierden parte de su capacidad protectora, favoreciendo procesos inflamatorios que pueden afectar distintos sistemas del organismo.
Los investigadores observaron que dormir poco altera el ritmo circadiano de la microbiota y reduce su capacidad para proteger la barrera intestinal. Esto puede traducirse en inflamación abdominal, gases, digestiones pesadas, estreñimiento, diarrea o una mayor sensibilidad a ciertos alimentos.
Además, la microbiota mantiene una comunicación constante con el sistema inmunológico. Cuando este equilibrio se rompe —un fenómeno conocido como disbiosis— aumenta la inflamación de bajo grado y el organismo puede responder peor frente a infecciones y enfermedades.
El estudio también encontró que, en modelos experimentales, la alteración de la microbiota favorecía la progresión del cáncer colorrectal y disminuía la eficacia de la quimioterapia. Esto no significa que dormir mal cause cáncer, sino que el descanso insuficiente puede crear un entorno biológico menos favorable cuando ya existe una enfermedad.
Entonces, ¿cómo saber si tu intestino también está pagando el precio?
Inflamación abdominal frecuente, digestiones pesadas, cambios en el tránsito intestinal o fatiga persistente pueden ser señales de que el sueño y la salud intestinal necesitan atención.
Cuando pensamos en cuidar la microbiota, solemos enfocarnos en los probióticos o en aumentar el consumo de fibra. Sin embargo, dormir bien también es una pieza clave. Mantener horarios regulares para acostarse y levantarse, reducir el uso de pantallas antes de dormir, exponerse a la luz natural durante la mañana y seguir una alimentación rica en frutas, verduras, legumbres y alimentos integrales ayudan al cerebro y al intestino.
Durante años creímos que la salud intestinal dependía únicamente de lo que comíamos. Hoy sabemos que el descanso también forma parte del tratamiento. Dormir bien no solo permite que el cerebro se recupere; también ayuda a mantener el equilibrio de las bacterias que protegen nuestra digestión, metabolismo y sistema inmunológico.
* La Dra. Acosta Then es endoscopista bariátrica, autora de “Peso feliz: libérate de la presión del peso ideal”, creadora del método Peso Feliz y directora de Salutte Clinic en República Dominicana. Una de las 50 mujeres más poderosas de Forbes 2024. https://draacostathen.






