Susana González y Eréndira Zamacona abriendo los surcos para sembrar el maíz. (Foto: Cortesía/Susana González)

Entre los proyectos de Philly Socialists,una organización política comprometida a crear un futuro justo y sostenible, está el jardín comunitario “César Andreu Iglesias”. Miembros de esta organización establecieron este jardín en el año 2012, al ocupar los terrenos que no habían sido utilizados, transformándolos en un espacio recreativo para la comunidad en medio de la gentrificación del sur de Kensington.

En años recientes, cuando los urbanistas comenzaron a comprar los terrenos, miembros de esta organización social se reunieron con los vecinos para pelear a favor del control comunitario de los terrenos. En el verano de 2020, cuando un proyecto de desarrollo habitacional amenazaba con convertir más de cuarenta lotes vacantes en una serie de condominios, en un radio de 3 bloques, ellos lograron detenerlo. Cuando el concejo municipal propuso un proyecto legislativo de una zona amistosa a urbanistas, acabaron con dicha propuesta.

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Un glifo hecho con la técnica del fresco. (Foto: Cortesía/Leticia Roa Nixon)

Philly Socialists continúa peleando contra urbanistas que están destruyendo hogares en este vecindario. Junto con los residentes de la zona, seguirán luchando para que haya jardines comunitarios y vivienda asequible, a la que los vecinos puedan tener acceso, y no solo personas adineradas.

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Ha habido talleres de poesía en estos terrenos. (Foto: Cortesía/César Viveros)

El 1 de octubre cuando se iniciaron de nuevo las ventas de propiedades por el Departamento del Alguacial de la Ciudad, hubo una protesta en el Ayuntamiento para exigir que quede bajo el control comunitario.

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Daniel Fermán ayudó a pintar el mural dedicado al maíz. (Foto: Cortesía/Milton Lindsay)

Pidieron que la Ciudad haga más transparente el proceso de venta del alguacil, y que dé prioridad a las opiniones de las comunidades al permitir que las propiedades se vendan en el Departamento de Ventas del Alguacil. Otras de las peticiones fueron: que se publicaran avisos en todos los lotes y propiedades que sean vendidas en las ventas del alguacil, 60 días antes de la subasta; financiar completamente el Land Bank para permitir la adquisición de jardines y parcelas para los residentes; otorgar el derecho de preferencia a las organizaciones comunitarias cuando vendan terrenos baldíos en una subasta; y no realizar más ventas de alguacil presenciales, solo en lineá.

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Ofrenda con elementos naturales que cubre el brocal del horno. (Foto: Cortesía/César Viveros)

COLABORACIÓN DEL ARTISTA CÉSAR VIVEROS

El muralista mexicano, su esposa Ani, y sus hijos Isabel y Max se mudaron cerca de los lotes vacantes, llenos de basura, hace varios años. Decidieron limpiar el terreno, sembrar plantas y colocar esculturas prehispánicas que César gusta hacer para conservar el legado de la cultura de México.

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El artista César Viveros. (Foto: Cortesía/Milton Lindsay)

En entrevista con Impacto, nos comentó que, desde el inicio los activistas trataron de conseguir esos terrenos. “Ellos son el músculo de esta organización que ahora es el jardín Iglesias. Ellos son los que tocan a las puertas de los vecinos y crean ese despertar, ese sentido de que tú puedes hacer cosas si te organizas aquí en los bloques. Ese activismo fue fundamental para poder organizar a la gente”, dice contundente. Así, los vecinos han podido adquirir los lotes que tienen junto a sus casas.

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Ana Guissel Palma, la esposa de César, embelleció el lote baldío. (Foto: Cortesía/César Viveros)

El artista sabe que su papel, en colaboración con Philly Socialistas, es presentar una identidad a través del arte. Pero no se limita solo a eso. Uno de los proyectos que ha realizado por varios años, es plantar hierbas medicinales y flores como el cempasúchil, que se usan como parte de los altares del Día de Muertos. “El cempasúchil necesita mucha agua, por lo que ahora tenemos dos tanques de 300 litros cada uno para regar estas plantas”.

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Elementos de identidad cultural. (Foto: Cortesía/César Viveros)

Este año se cristalizó el proyecto de tener un horno subterráneo cuyo brocal está siendo decorado con glifos que cuenten las historias de la comunidad. “Yo siempre ando promoviendo el fresco, que es la técnica que más se utilizaba para adornar todos los edificios públicos de las civilizaciones prehispánicas”. Esta técnica ancestral consiste en extender las pinturas a una superficie ya aplanada, hecha con arena y cal, que absorbe el agua. Los colores son luminosos debido al color blanco de la superficie. “Estamos promoviendo arte que existió en el pasado, pero cuyas técnicas siguen vivas hoy”, especifica el artivista.

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El artivista con su hijo Max. Isabel, su hija, también es voluntaria. (Foto: Cortesía/César Viveros)

Con su primo Daniel Fermán pintó un mural cuyo tema central es el maíz. Para Cesar, el haber tenido una cosecha este año fue muy importante porque fomenta el propósito de comer alimentos orgánicos, que no son económicamente accesibles para la mayoría de las personas. “De cierta manera es una forma de mermar la fuerza del capitalismo voraz que existe; en cierta forma si tu puedes cultivar tus propios alimentos”, explica.

Por desgracia, esos lotes donde está el maizal ya fueron adquiridos por el sector privado y ya no los va a poder usar el jardín comunitario. “Eso es un hecho, es solo cuestión de tiempo”, lamenta.

ALGO MÁS QUE UN JARDÍN

Los activistas de Philly Socialists nombraron este espacio en reconocimiento al dramaturgo, organizador laboral, y presidente del partido comunista puertorriqueño César Iglesias, en honor a la comunidad inmigrante puertorriqueña y latina que vive en ese barrio. Es un proyecto organizativo del vecindario donde los vecinos han mantenido jardines en los lotes vacíos durante décadas. En la actualidad es un sitio donde participan cultivadores, activistas, artistas y, sobre todo, inmigrantes.

Es un espacio de solidaridad para personas afectadas por la gentrificación, como es el club ecuestre Fletcher, cuyas caballerizas ocupan un espacio pequeño. Los animales no pueden galopar en los terrenos de enfrente, ya que los urbanistas están construyendo un centro para envejecientes.

“Yo siento que este lugar funciona como un ejemplo de lo que se puede hacer cuando se junta mucha gente y se reclama algo que de otra manera pasaría desapercibido. El capitalismo voraz es como una bestia que se traga todo lo que le pones en frente”, asevera César.

Para los visitantes y voluntarios, el cultivar estos terrenos les recuerda su infancia, el trabajo en el campo junto a sus padres. Les brinda la oportunidad de prender una fogata para cocinar y compartir la comida en un ambiente seguro, de camaradería y de paz.

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