Fotograma cedido por el canal AMC donde aparece la actriz Laia Costa como Libby y el actor Shamier Anderson como Adam en uno de los capítulos de la serie "Soulmates" que se estrena hoy en Estados Unidos. EFE/Jorge Alvarino/AMC /SOLO USO EDITORIAL /NO VENTAS

Los Ángeles. – «Si confiamos en la ciencia para guiarnos como ‘un nuevo dios’, ¿por qué no confiar en ella para el amor?». Eso se preguntó Laia Costa con «Soulmates», una atractiva y sugerente serie que plantea un futuro donde un test es capaz de determinar de modo infalible quién es tu alma gemela.

Costa (Barcelona, 1985) es una de las actrices españolas más trotamundos («Victoria», 2015; «Only You», 2018) y ahora protagoniza un episodio de «Soulmates», que se estrena hoy en Estados Unidos en AMC como una heredera romántica de «Black Mirror».

Con seis capítulos independientes que solo comparten el planteamiento (la existencia de una prueba científica para localizar al amor de tu vida), el capítulo más cómico que dramático de Costa se centra en Libby, una joven con un trabajo que ama, y un marido que la adora (Shamier Anderson).

Pero esa vida aparentemente perfecta salta por los aires cuando Libby averigua que su alma gemela, con el sello incontestable de la ciencia, no es su esposo sino una desconocida (Georgina Campbell).

Pregunta: Más allá de la original premisa de la serie, ¿qué le atrajo de «Soulmates»?

Respuesta: Me gustó mucho la idea de hacer seis episodios en torno a un mismo concepto y que no hubiera una trama general, que no estuvieran relacionados sino que fueran como seis minipelículas.

Llegó en un momento perfecto en el que tenía justo ese hueco, se rodó bastante rápido y, además, en Madrid. O sea, que fue una excusa para volver a casa y fue como «sí, sí, sí» (sonríe).

Todavía no he leído el resto de episodios, solo he podido leer el mío. Tengo una idea de lo que van, pero no los he podido ver. Entonces, el hecho de que haya directores, elencos y equipos diferentes (…) me parece muy interesante, así que estoy un poco a la expectativa de ver cómo ha ido.

P.- ¿Cómo le cambia la vida a Libby cuando descubre que tiene un alma gemela que no es su marido?

R.- Libby tiene una vida casi ideal en el sentido de que incluso el tabú, o ciertos tabúes dentro de las relaciones amorosas o sociales, ella los ha conseguido romper de algún modo: tiene una relación abierta con su marido y les funciona. Llegar a esa punto ya me parece casi como descubrir Ítaca…

Lo que no se espera es que de golpe haya una «soulmate» (alma gemela) para ella. Y no se espera que sea una mujer.

Algo que me gusta mucho de esta serie es que han intentado no cerrar sino mantener la idea de que tu alma gemela puede ser de cualquier género, de cualquier raza: cualquier persona.

Y Libby es un personaje muy inocente. Acepta los tabúes no desde la desconfianza sino desde el juego, desde la inocencia, desde una inocencia que creo que socialmente casi no existe salvo que tengas siete años… Cuesta mucho llegar a los 30 con esa inocencia. Y ella lo plantea todo desde ese lugar.

P.- Hemos permitido que la ciencia y la tecnología entren en muchos ámbitos de nuestra vida personal, pero, ¿puede haber amor sin misterio? ¿Puede existir el amor si todo depende de un test que dice quién es tu alma gemela?

R.- Es un tema que a mí me encanta porque actualmente ya se sabe que la ciencia nos puede llegar a conocer mejor de lo que nos conocemos a nosotros mismos. La premisa de que la ciencia sepa detectar tu alma gemela… llámale alma gemela o llámale alguien que, analizando bien cómo eres tú y cómo es esa otra persona, va a ser el mejor «match» (pareja) de entre todos los millones de personas que hay en el mundo.

Entonces, sería muy difícil no querer saber, sobre todo porque estaría científicamente probado.

El otro día leía que antes la gente se basaba en la religión para solventar sus dudas. Y, ahora mismo, nadie está yendo a las religiones para solventar todo el tema de la COVID-19 cuando, quizá, cientos de años atrás se hubiera ido al sacerdote, al imán, a esa figura mística y espiritual. Hoy nos basamos en la ciencia (…). Confiamos en la ciencia como «el nuevo dios» a la hora de guiarnos. Y para el amor, ¿por qué no?

Si hubiera un test así yo creo que mucha gente se lanzaría a conocerlo. El problema es para toda la gente que ya tiene un «soulmate» y que se hace el test. ¿Cómo cambia eso tu vida? O qué pasa si la ciencia dice que tu «soulmate» es equis, y lo conoces y no hay «feeling» (conexión). Entonces, ¿qué haces? ¿Trabajas para llegar a ese «feeling»? Me parece muy interesante esa idea, aunque no creo que sea tan ciencia ficción como pensamos.

P.- Entonces, ¿usted se tomaría el test si existiera?

R.- Yo creo que no me lo tomaría (sonríe).

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