Las artistas Hagudeza Rullán-Fantauzzi y Miranda Lopez posan durante la recepción de apertura de Mi Isla y Yo y Para Mi Niña en Taller Puertorriqueño en Filadelfia el 24 de abril de 2026. (Foto: Taíno Studios)

A través de Mi Isla y Yo y Para Mi Niña, dos artistas puertorriqueñas exploran la identidad y los sueños que se transmiten entre generaciones.

Filadelfia, PA – El viernes 24 de abril se inauguró Mi Isla y Yo, una exhibición de Hagudeza Rullán-Fantauzzi, junto a Para Mi Niña de Miranda Lopez. Ambas obras forman parte de Radical Americana, una iniciativa a nivel ciudad enmarcada en la conmemoración del 250 Aniversario de Estados Unidos.

La iniciativa reúne a artistas y organizaciones culturales de Filadelfia para reflexionar sobre el pasado, el presente y el futuro del país a través del arte, la historia, el diálogo cívico y la memoria cultural. En Taller Puertorriqueño, esa pregunta nacional adquirió una dimensión profundamente personal.

Las exhibiciones invitaron al público a reflexionar sobre cómo se forma la identidad a través de la tierra, la familia, el cuerpo, la comunidad y las historias heredadas. Para Hagudeza, Mi Isla y Yo reúne un cuerpo de trabajo en constante evolución.

Para Mi Niña de Miranda Lopez refleja los sueños de niñas negras y morenas y de las mujeres que las precedieron. (Foto: Taíno Studios)

“Cuando mi familia llegó por primera vez a Filadelfia, fui a la escuela primaria Julia de Burgos, justo aquí arriba”, dijo durante la recepción. “Así que, para mí, es realmente un regreso a casa y algo muy especial poder presentar esta exhibición específicamente aquí”.

Nacida en Ponce, Puerto Rico, y criada en Filadelfia, es una artista afroboricua trans cuya práctica interdisciplinaria abarca el movimiento, el cine, la escultura, la instalación y la abstracción. Describe Mi Isla y Yo como una exploración de la liberación y la autonomía “desde la perspectiva de une niñe nacide Trans en Borínquen”, conectando el cuerpo y la isla como dos espacios moldeados por el control, la resistencia y la supervivencia.

Una visitante observa En las Manos de América, de Hagudeza Rullán-Fantauzzi, en exhibición en Taller Puertorriqueño en Filadelfia el 24 de abril de 2026. (Foto: Taíno Studios)

Otras obras de Mi Isla y Yo amplían esa conversación. En El Castigo de Dios, un cortometraje donde reflexiona sobre sus experiencias mientras critica el capitalismo, el imperialismo, el racismo y la transfobia mediante imágenes religiosas y el movimiento. La obra fue creada antes del inicio de su transición médica hacia la feminidad, marcando un momento significativo en su recorrido personal y artístico.

En Con Lágrimas de Coraje, un video en bucle que muestra a la artista vestida de blanco con un machete es proyectado sobre el contorno recortado de la isla de Puerto Rico. La obra convierte la isla en una superficie donde se contienen la memoria y la lucha.

Otra pieza, En las Manos de América, utiliza cuentas para hacer referencia a un retrato de la serie La Guerrera. La obra incorpora colores que evocan el tono de la piel y la tierra de Puerto Rico, continuando la atención de la exhibición sobre cómo la identidad se forma tanto a través del cuerpo como del lugar.

En conjunto, las obras muestran cómo la herencia puede manifestarse de múltiples formas: en una bandera, en el movimiento, en el cuerpo, en la memoria religiosa y en la propia tierra.

De esta manera, Mi Isla y Yo invita al público a ver la historia no como algo distante, sino como algo que sigue dando forma a las comunidades. Interroga qué ocurre cuando a las personas se les dice que su bandera, su cuerpo, su idioma o su forma de ser es “demasiado”. Y también qué se vuelve posible cuando esas mismas personas deciden vivir visiblemente de todos modos.

La Guerrera, de Hagudeza Rullán-Fantauzzi, hace referencia a la bandera puertorriqueña como símbolo en Taller Puertorriqueño en Filadelfia el 24 de abril de 2026. (Foto: Taíno Studios)

Al otro lado de la galería, Para Mi Niña de Miranda ofrecía otra visión de la libertad, anclada en la niñez femenina, el orgullo familiar y las mujeres que hacen posible soñar.

“Nos preguntaron qué significaban para nosotras los 250 años de Estados Unidos”, comentó. “Cuando llegamos al fondo del asunto, por supuesto que iba a incluir a Puerto Rico de alguna manera”.

Su obra refleja los sueños pasados, presentes y futuros de niñas negras y morenas. Se centra en tres niñas que juegan a disfrazarse como sus madres, tías, abuelas y matriarcas que trabajaron durante la era de la Feria Mundial. Vestidas con colores vibrantes, flores, estampados y vestidos inspirados en la cultura puertorriqueña y el espíritu de la plena, las niñas reflejan la fuerza y el orgullo de las mujeres que las precedieron.

A través de la fibra, la artista explora la memoria, el trabajo, el proceso y la transformación del material. Su obra utiliza prácticas textiles para cuestionar el lugar de la artesanía dentro del arte contemporáneo, al tiempo que honra el conocimiento colectivo transmitido mediante el trabajo doméstico y la creación compartida.

Visitantes observan Con Lágrimas de Coraje, un video en bucle proyectado sobre el contorno de Puerto Rico, en Taller Puertorriqueño en Filadelfia el 24 de abril de 2026. (Foto: Taíno Studios)

Miranda explicó que la obra se inspiró en parte en una fotografía real vinculada al Pabellón de la Mujer en Belmont Plateau durante la época de la Feria Mundial.

“Las dos niñas pequeñas están observando a su mamá mientras ella lo planifica todo para ellas”, dijo Lopez. “Cuando somos niñas, seguimos soñando, y eso es lo que representa para mí”.

Ese sentido de soñar es central en la obra. Para Mi Niña honra la manera en que las mujeres mayores abren camino para que las generaciones más jóvenes imaginen más para sí mismas. La niña más pequeña de la pieza construye el Pabellón de la Mujer con bloques, simbolizando los cimientos y la posibilidad.

Su obra también habla del papel de la herencia dentro del hogar. El orgullo que una familia porta, los símbolos que protege, la música que escucha, la fe que practica y las historias que repite se convierten en parte de cómo las niñas y los niños llegan a entender quiénes son.

“Con padres que son puertorriqueños de corazón y que llevan la cruz en el cuello todos los días, es sumamente importante mantener viva la fe y la esperanza”, aseveró.

Visitantes en la exhibición Mi Isla y Yo de Hagudeza Rullán-Fantauzzi durante su recepción de apertura en Taller Puertorriqueño en Filadelfia el 24 de abril de 2026. (Foto: Taíno Studios)
 

Vistas en conjunto, Mi Isla y Yo y Para Mi Niña amplían el significado de la libertad más allá de un aniversario nacional. La libertad se convierte en la capacidad de nombrarse a sí mismo, de recordar de dónde se viene, de honrar a quienes nos formaron y de imaginar algo distinto para quienes vienen después.

Ambas artistas anclan su obra en la identidad puertorriqueña, pero ninguna trata la herencia como algo fijo en el pasado. Por el contrario, la herencia se vuelve activa. Se convierte en una fuerza viva que da forma a cómo las personas se mueven por el mundo, cómo resisten el borrado y cómo sueñan.

Para Rullán-Fantauzzi, ese sueño está ligado a la soberanía, la autonomía corporal y el derecho a existir sin ser controlade. Para Lopez, está ligado a niñas que observan a las mujeres antes que ellas construir algo, y luego aprenden que también pueden liderar y llevar la cultura hacia adelante.

En un año en el que el país se prepara para celebrar 250 años de independencia, estas exhibiciones plantean una pregunta más personal y compleja: ¿qué significa la libertad para comunidades cuyas historias incluyen la represión y la resistencia?

En Taller, la respuesta no es sencilla. Vive en el cuerpo, en la bandera, en la tela, en el juego infantil, en la fe y en los recuerdos que se transmiten de una generación a otra. Juntas recuerdan al público que la liberación es algo que las personas continúan soñando y creando.

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí