Vista del edificio J. Edgar Hoover del FBI el 9 de junio de 2023, en Washington. (Foto: AP/Alex Brandon/ Archivo)
Lindsay Whitehurst
Nuevas estadísticas del FBI muestran que los delitos violentos en general en Estados Unidos disminuyeron nuevamente el año pasado, lo que mantiene una tendencia a la baja después del repunte registrado durante la pandemia.
Los asesinatos descendieron un 13% en los tres últimos meses de 2023 en comparación con el mismo periodo del año anterior, según datos del FBI publicados esta semana. Los delitos violentos en general descendieron un 6%.
Los delitos contra la propiedad también bajaron un 3% en el conjunto del país, aunque en el noreste y en las ciudades de más de 1 millón de habitantes aumentaron aproximadamente en la misma proporción.
El informe trimestral publicado el martes se basa en los datos enviados al FBI por cerca del 80% de las agencias policiales del país. Se espera que los datos finales detallados para 2023 se publiquen en otoño.
El presidente Joe Biden dijo que la caída en la tasa de homicidios fue una de las más pronunciadas en la historia del país. El Plan de Rescate Estadounidense de 1,9 billones de dólares, aprobado en 2021 por un Congreso liderado por los demócratas y firmado por Biden, permitió a ciudades y estados invertir 15.000 millones de dólares en seguridad pública, dijo.
El secretario de Justicia, Merrick Garland, calificó los datos de alentadores y alabó los esfuerzos de las agencias del orden para combatir las pandillas, las armas ilegales y otros problemas.
El informe del FBI coincidió con los hallazgos del Consejo de Justicia Penal, un organismo no partidista, que descubrió que los homicidios habían descendido 10% en promedio en un estudio de 32 ciudades con respecto al año anterior, aunque descubrió que la delincuencia violenta seguía siendo mayor que antes de la pandemia de coronavirus en muchas urbes.
Los asesinatos registraron un aumento del 29% en 2020, el mayor incremento en un año desde que el FBI empezó a llevar registros. El aumento no tiene una explicación fácil, aunque los expertos señalaron que entre los posibles factores que contribuyeron se encuentran la crisis provocada por la pandemia, la violencia con armas de fuego, la preocupación por la economía y el estrés intenso.
La delincuencia pareció mantenerse estable al año siguiente, aunque una revisión de la recopilación de registros en el FBI significó que muchas grandes ciudades no se incluyeron en el informe de ese año.
Los datos del FBI mostraron que los delitos violentos en Estados Unidos disminuyeron en 2022, acercándose a los niveles anteriores a la pandemia, aunque los delitos contra la propiedad aumentaron ese año.
Foto de un billete de un dólar, tomada en Marple Township, Pensilvania, el 13 de marzo de 2023. (Foto: AP/Matt Slocum)
Fatima Hussein
El gobierno federal estadounidense estará profundamente endeudado los próximos 30 años, pero el panorama ha mejorado un poco gracias a la inmigración y los compromisos de reducir el gasto público, informó el miércoles la Oficina de Asuntos Presupuestarios del Congreso, una entidad no partidista.
El reporte para el presupuesto y proyección a largo plazo —del 2024 al 2054— calcula que la deuda pública ascenderá a 166% del producto interno bruto en 2054. Esa es una disminución con respecto a la proyección emitida en junio de 2023, de que la deuda pública equivaldría a un récord de 181% de la actividad económica estadounidense para 2053.
La Oficina atribuye el aumento previsto del crecimiento económico a “el mayor crecimiento de la fuerza laboral potencial en los próximos 10 años, impulsado en gran parte por la inmigración neta y por una mayor acumulación de capitales para los próximos 30 años”.
Más a corto plazo, para 2029, se calcula que la deuda pública alcanzará 107% del PIB, superando el pico histórico alcanzado después de la Segunda Guerra Mundial.
El reporte plantea la necesidad de una fuerza laboral inmigrante para impulsar el crecimiento económico nacional y advierte que, sin inmigración, la población del país se encogerá para 2040.
Una contracción demográfica podría tener efectos perjudiciales sobre la economía, como estándares de vidas estancados y dificultades para pagar deudas.
Otro factor en los menores déficits proyectados es un acuerdo logrado en 2023 entre el gobierno del presidente Joe Biden y los republicanos, de suspender el top de la deuda para 2025 a cambio de restricciones en los gastos para los próximos dos años. Levantar el tope de deuda, actualmente de 31,4 billones de dólares, asegura que el gobierno pueda tomar prestado para pagar deudas ya contraídas.
La Oficina usualmente emite proyecciones un poco más pesimistas que las emitidas por otras instituciones, como la Reserva Federal, aunque aclara que sus proyecciones están sujetas a un mayor grado de incertidumbre.
CAIRO.— U.S. Secretary of State Antony Blinken said Thursday a major Israeli ground assault on the southern Gaza town of Rafah would be “a mistake” and “unnecessary” to defeating Hamas, underscoring the further souring of relations between the United States and Israel.
Blinken, on his sixth urgent Mideast mission since the war began in October, spoke after huddling with top Arab diplomats in Cairo for discussions over efforts for a cease-fire and over ideas for Gaza’s post-conflict future. He said an “immediate, sustained cease-fire” with the release of Israeli hostages held by Hamas was urgently needed and that gaps were narrowing in indirect negotiations that U.S., Egypt and Qatar have spent weeks mediating. Those negotiations are to continue at a senior level in Qatar on Friday.
Blinken heads to Israel on Friday to meet Prime Minister Benjamin Netanyahu and his war cabinet. The growing disagreements between Netanyahu and President Joe Biden over the prosecution of the war will likely overshadow those talks — particularly over Netanyahu’s determination to launch a ground assault on Rafah, where more than a million Palestinians have sought refuge from devastating Israeli ground and air strikes further north.
Netanyahu has said that without an invasion of Rafah, Israel can’t achieve its goal of destroying Hamas after its deadly Oct. 7 attack and taking of hostages that triggered Israel’s bombardment and offensive in Gaza.
“A major military operation in Rafah would be a mistake, something we don’t support. And, it’s also not necessary to deal with Hamas, which is necessary,” Blinken told a news conference in Cairo with Egyptian Foreign Minister Sameh Shoukry. A major offensive would mean more civilian deaths and worsen Gaza’s humanitarian crisis, Blinken said, adding that his talks on Rafah in Israel on Friday and discussions between senior U.S. and Israeli officials next week in Washington will be to share ideas for alternative action.
The U.S. position on a Rafah operation has shifted significantly in recent days. Initially, U.S. officials said they could not support a major incursion into the city unless there was a clear and credible plan for getting civilians out of harm’s way. Now, U.S. officials said they have concluded that there is no credible way to do that given the density of the population of more than a million people. They say now that other options, including specifically targeted operations against known Hamas fighters and commanders, are the only way to avoid a civilian catastrophe.
But Netanyahu, on a roughly 45-minute call with GOP senators on Wednesday, pledged to ignore warnings about a Rafah operation. He also took aim at Senate Majority Leader Chuck Schumer’s condemnation last week of the civilian death toll in Gaza and his call for new elections in Israel in a speech that Biden later said was “good.”
Netanyahu stressed that Israel would move ahead in Rafah, according to senators who participated in the meeting. Sen. John Kennedy, a Louisiana Republican, said Netanyahu “made it very clear that he and the people of Israel intend to prosecute the war to the full extent of their power and that he would not be dictated to by Senator Schumer or President Biden.”
Netanyahu has been accused by Israeli critics of undermining bipartisan American support by cultivating close ties with Republican leaders.
As Blinken and the Arab ministers met, Gaza’s Health Ministry raised the territory’s death toll to nearly 32,000 Palestinians since the war began on its soil. Also, U.N. officials stepped up warnings that famine is “imminent” in northern Gaza.
The Cairo talks gathered Blinken with the foreign ministers of Egypt, Jordan, Qatar, Saudi Arabia, and the United Arab Emirates, as well as a top official from the Palestine Liberation Organization, the internationally recognized body representing the Palestinian people. They also discussed ways to increase urgent humanitarian aid deliveries to Gaza by land, air and sea.
In an earlier meeting with Blinken, Egyptian President Abdel Fattah el-Sissi stressed the need for an immediate cease-fire and warned against the “dangerous repercussions” of any Israeli offensive in Rafah, according to a statement issued by el-Sissi’s spokesperson.
Both parties had renewed their rejection of the forced displacement of Gazans and agreed on the importance of taking all necessary measures to ensure the arrival of humanitarian aid into the Gaza Strip, the statement said.
Blinken said “gaps are narrowing” in talks over a cease-fire but that more work was needed. “There are still real challenges,” he said. «We’ve closed some gaps but there are still gaps.”
Netanyahu’s office said Thursday that the head of the Mossad spy agency will return to Qatar on Friday to meet with CIA chief William Burns and other key mediators in the talks. The office said Thursday that Qatar’s prime minister and Egypt’s intelligence chief would also join the talks.
Meanwhile, the United States said it would seek a swift vote on a newly revised and tougher U.N. resolution demanding “an immediate and sustained cease-fire” to protect civilians and enable humanitarian aid to be delivered. The U.S. deputy ambassador to the U.N., Robert Wood, said he hoped a vote could take place by the end of the week. The resolution is notable because it does not directly tie the release of the hostages to the need for a cease-fire.
Still, Blinken said the two must go hand-in-hand. “There is an urgent need for an immediate, sustained ceasefire with the release of hostages,” he said.
Netanyahu has also rejected the Biden administration’s repeated remonstrations that Israel’s long-term security cannot be assured without the creation of an independent Palestinian state.
A clear path and deadline for the formation of a Palestinian state are key requirements for Saudi Arabia and other Arab nations to normalize relations with Israel, something Netanyahu is keen to achieve. Blinken spent much of his time in Jeddah with Saudi Crown Prince Mohammed bin Salman discussing the normalization process, which would also include U.S.-Saudi agreements.
With tensions running high after not speaking for a month, Biden and Netanyahu held a phone call on Monday during which Netanyahu agreed to send a team of experts to Washington to discuss the Rafah plans. Israeli Defense Minister Yoav Gallant will also visit Washington separately next week.
The war began after Palestinian militants killed some 1,200 people in the surprise Oct. 7 attack out of Gaza that triggered the war, and abducted another 250 people. Hamas is still believed to be holding some 100 people hostage, as well as the remains of 30 others.
Indian Christians receive Holy Communion after attending the Christmas Holy Mass at Santhome Cathedral Basilica, in Chennai, India, 25 December 2021. (Photo: EFE/IDREES MOHAMMED/File)
New Delhi.– There have been more than 160 cases of attacks on Christians so far this year in India, while 122 have been arrested on charges of religious conversion, a Christian rights advocacy group said Thursday.
«The first 75 days of 2024 has seen a large-scale erosion of basic fundamental rights and protection of Indian Christians,» the United Christian Forum (UCF) said in a statement.
Between Jan. 1 and Mar. 15, «161 incidents of violence against Christians were reported on the UCF toll-free helpline number,» the group said.
UCF said 70 cases were reported in January, 62 in February, and another 29 in the first 15 days of March.
The central state of Chhattisgarh saw the highest number of attacks, with 47 cases.
Christians were denied access to public bore wells and were stopped from performing burial rituals according to their faith, the forum said.
The northern state of Uttar Pradesh, the most populous in India, recorded the second-highest number of violent incidents with 36 cases.
«There is clear evidence of state-sponsored harassment of Christians in this state as the police file false allegations of conversion against the pastors, even for praying at birthday parties and other social gatherings.»
Additionally, 122 Christians were arrested across the country on «false allegations of conversions,» the forum said.
Christians living in at least 19 Indian states face «threat to their lives for practicing their faith,» UCF said, urging the government to take strict action against perpetrators of violence.
India ranks as the 11th worst country on earth for the persecution of Christians in the annual ranking by Open Doors, a non-denominational Christian group supporting persecuted Christians worldwide.
In this Hindu-majority country, abandoning the Hindu faith could result in social exclusion, discrimination, violence and, sometimes, even death.
Naciones Unidas.– Estados Unidos llevará a votación una resolución en la que por primera vez pedirá específicamente «un alto el fuego inmediato» en Gaza, después de haberse opuesto a tres resoluciones de otros países que así lo pedían.
Fue el secretario de Estado de EE. UU., Antony Blinken, el que anunció en El Cairo que la resolución había sido presentada al Consejo, y finalmente el texto será puesto a votación de los quince miembros del Consejo.
Blinken dejó claro que el alto el fuego iría «vinculado a la liberación de los rehenes» en manos de Hamás, aunque esa liberación ya no es una condición previa, como aparecía en las primeras versiones del texto que hicieron circular los diplomáticos estadounidenses.
EE. UU. ha necesitado presentar seis versiones diferentes durante más de un mes hasta llegar a lo que parece un texto de consenso, pero queda por ver si consigue el apoyo de nueve países y no es vetado por ningún país miembro permanente (en este caso Rusia o China), dos condiciones necesarias para aprobar cualquier resolución.
El párrafo clave de la resolución de Washington dice que es «imperativo un alto el fuego inmediato y sostenido para proteger a los civiles de ambas partes, permitir la entrega de asistencia humanitaria esencial, aliviar el sufrimiento humano (…) y apoyar los esfuerzos diplomáticos para garantizar ese alto el fuego en conexión con la liberación de todos los rehenes».
La publicación el pasado lunes de un informe de la ONU que avisaba de que 1,1 millón de gazatíes se enfrentan en cuestión de días a los niveles más graves de hambruna e inseguridad alimentaria parece haber acelerado los esfuerzos diplomáticos de EE. UU.
El embajador francés ante la ONU, Nicolas de Rivière, salió ese mismo lunes a pedir acción urgente del Consejo para parar la guerra «ahora, no la semana que viene», dijo de modo gráfico.
Cuestión de vocabulario
En las anteriores resoluciones vetadas por Estados Unidos, la diplomacia estadounidense criticó varios detalles: que no recogían el derecho de Israel a defenderse, que no condenaban a Hamás como «terrorista» y que de declararse el alto el fuego, eso permitiría el rearme de Hamás.
Por ello, en esta resolución que ahora promueve Washington aparecen de algún modo esas mismas ideas pero en un tono más rebajado, para poder ganar el apoyo de países miembros como Rusia, China o Argelia, que han criticado duramente en las pasadas ocasiones la actitud estadounidense de apoyo sin fisuras a Israel, opuesto ferozmente a un alto el fuego.
Es cierto en la nueva resolución hace alusiones precisas a la protección de los civiles, el acceso de ayuda humanitaria, la oposición a alterar el mapa de Gaza con ‘corredores de seguridad’ y el rechazo al desplazamiento forzoso de población civil, argumentos que pueden cosechar un apoyo unánime de todos los países.
Sin embargo, también contiene frases más difíciles de lograr consenso, como la petición a los estados miembros a que «intensifiquen sus esfuerzos para suprimir la financiación al terrorismo, incluyendo restricciones a la financiación de Hamás».
En cualquier caso, los llamamientos al alto el fuego proceden ya de todas las agenciase de la ONU, de países musulmanes, africanos y asiáticos, y ahora ya también de la mayoría del mundo occidental, incluyendo países que en las primeras semanas de la guerra tuvieron una actitud más pro israelí como el caso de Francia y el Reino Unido.
El primer ministro de Dominica, Roosevelt Skerrit, afirmó que cree que debería haber una reunión de alto nivel sobre Haití. (Foto: EFE/JULIEN WARNAND/Archivo)
Según los últimos datos de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), la escalada de violencia en Puerto Príncipe, iniciada a finales de febrero, ha provocado que más de 15.000 personas se hayan convertido en desplazados internos.
Más de 86.000 haitianos viven ahora en 84 puntos de desplazamiento, por lo que escuelas, iglesias y plazas públicas se han convertido en centros de refugiados, donde muchas personas viven en condiciones extremas.
Además, según la OIM, en menos de una semana 17.000 personas abandonaron la capital en busca de seguridad en otras provincias, con el peligro que conlleva el desplazamiento, ya que la ciudad y las carreteras están rodeadas de pandillas armadas que lanzaron nuevos ataques en los suburbios de Puerto Príncipe el pasado miércoles, y se podía oír el sonido de disparos en comunidades antes pacíficas alrededor de la capital haitiana.
El personal policiaco es superado por el de las pandillas.
“Cuando me levanté para ir a trabajar, me encontré con que no podía salir porque el barrio estaba en manos de los bandidos”, dijo Samuel Orelus. “Eran unos 30 hombres con armas pesadas. Si el vecindario se hubiera movilizado, podríamos haberlos destruido, pero estaban fuertemente armados y no pudimos hacer nada.”
Los ataques en algunas partes de Puerto Príncipe ocurren dos días después de un estallido de violencia en los barrios acomodados de Laboule y Thomassin en Pétion-Ville, donde murieron al menos una docena de personas.
Hombres armados han incendiado cuarteles policiales, han obligado a cerrar el principal aeropuerto internacional de Haití y han atacado las dos principales prisiones del país, lo que permitió la fuga de unos 3500 presos.
El primer ministro Ariel Henry, quien no ha podido regresar a su país debido a que los aeropuertos están cerrados, ha dicho que renunciará una vez esté creado el consejo de transición que deberá ponerse de acuerdo sobre la designación de un nuevo primer ministro y preparar el camino para la celebración de elecciones presidenciales.
EE. UU. y Canadá piden ayuda a República Dominicana para evacuar diplomáticos desde Haití
Los dos países solicitaron el permiso para tener acceso temporal de personal y equipamiento, incluyendo aeronaves, para llevar a cabo estos operativos, de acuerdo con un comunicado del Ministerio de Defensa (MIDE).
A través de estas operaciones de evacuación, dijo, se ha trasladado al territorio dominicano personal que laboraba en la Unión Europea, el Banco Mundial, las embajadas de Canadá y Cuba, del Fondo Monetario Internacional y Naciones Unidas.
Mientras avanza la escalada de violencia, los países vecinos han reforzado la seguridad en sus fronteras y las embajadas han evacuado a todo su personal y ciudadanos extranjeros.
Haití está a la espera de la llegada de la misión multinacional de apoyo a la seguridad que liderará Kenia y que, pese a haber sido aprobada en octubre pasado por la ONU, aún no se ha materializado.
Por su parte el primer ministro de Dominica reclama otra reunión de alto nivel sobre la crisis de Haití.
El primer ministro de Dominica, Roosevelt Skerrit, afirmó que cree que debería haber una reunión de alto nivel sobre Haití similar a la que se celebró en Jamaica a principios de este mes y criticó la «lentitud» del apoyo internacional para hallar una solución a la crisis del país francófono.
«La situación en Haití es muy, muy seria y creo que la comunidad internacional no ha puesto en Haití el tipo de seriedad o atención que ha puesto en otras partes del mundo», lamentó Skerrit en una rueda de prensa, mencionando los esfuerzos que se están llevando a cabo para apoyar a Ucrania, por ejemplo.
«Haití necesita ayuda y hay algunos que han prometido ayuda y no llega. Entiendo que hay ciertas complicaciones en Haití con respecto a las bandas, la violencia, la falta de funcionamiento de las instituciones gubernamentales, etc., pero donde hay voluntad hay un camino», aseveró el primer ministro de Dominica.
La semana pasada la Comunidad del Caribe (Caricom) y Estados Unidos insistieron en una reunión en Jamaica, en la necesidad de acelerar una transición política en Haití y de desplegar una fuerza multinacional, a la que Washington comprometió 100 millones de dólares adicionales.
Los miembros de Caricom son Antigua y Barbuda, Barbados, Bahamas, Belice, Dominica, Granada, Guyana, Haití, Jamaica, Montserrat, San Cristóbal y Nieves, Santa Lucía, San Vicente y las Granadinas, Surinam y Trinidad y Tobago.
Un alto funcionario del bloque comercial regional Caricom, que no estaba autorizado a hablar con los medios de comunicación, dijo a The Associated Press a última hora del miércoles que el partido Pitit Desalin de Jean-Charles Moïse asumió ser miembro con derecho a voto del consejo, tras haber rechazado inicialmente un puesto.
Era el último partido renuente, lo que significa que el consejo de nueve miembros ya está totalmente formado, aunque no se ha revelado públicamente quiénes lo integran.
Moïse formó recientemente una alianza con Guy Philippe, antiguo líder rebelde que ayudó a derrocar al expresidente Jean-Bertrand Artistide y que fue repatriado a Haití en noviembre tras cumplir condena en una prisión estadounidense después de declararse culpable de blanqueo de dinero.
El presidente de la Cámara de Representantes de Estados Unidos, el republicano Mike Johnson, anunció este jueves que tiene previsto invitar a Washington al primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, para que pronuncie un discurso en el Congreso.
«Sin duda le extenderemos esa invitación», dijo Johnson en una entrevista con la cadena CNBC.
No está claro si la invitación a Netanyahu será en nombre de la Cámara de Representantes, dominada por los republicanos, o de todo el Congreso, para lo que necesitaría la colaboración del líder del Senado, el demócrata Chuck Schumer.
«Si solo tenemos la Cámara de Representantes, también está bien», afirmó Johnson.
Schumer, uno de los mayores aliados de Israel el Congreso, hizo un discurso la semana pasada en el que dijo que Netanyahu «ha perdido el rumbo» y pidió elecciones en ese país.
Ese discurso enfureció tanto a Netanyahu como a los republicanos. «Lo que hizo Chuck Schumer fue casi desconcertante, simplemente no se podía creer», dijo Johnson al respecto.
El presidente de la Cámara ya explicó este miércoles en declaraciones a periodistas que había conversado con el primer ministro israelí sobre la posibilidad de dar un discurso en Washington.
También ayer, Netanyahu se dirigió de forma telemática a un grupo de senadores republicanos.
Mientras que el Partido Demócrata está dividido sobre el grado de apoyo a Israel en su ofensiva contra Gaza y especialmente a Netanyahu, entre los republicanos reina la unanimidad.
Pennsylvania State Capitol Complex. (Photo: Ilustrativa/Pexels)
Para compensar la carga de la deuda estudiantil, los empleadores en Pensilvania podrían obtener un crédito fiscal si hacen contribuciones a la cuenta de ahorros para la matrícula de sus empleados, según un proyecto de ley aprobado por la Cámara de Representantes de Pensilvania el pasado miércoles.
La legislación, que fue aprobada por unanimidad y ahora pasa al Senado estatal, permitiría a los empleadores contribuir anualmente hasta $500 a la cuenta de ahorros para la matrícula de un empleado para un crédito fiscal equivalente al 25% de las contribuciones totales del empleador.
Las cuentas de ahorro para matrícula, como el plan 529, se pueden utilizar para gastos educativos (como matrícula, alojamiento y comida, libros) en escuelas K-12, programas universitarios o de formación profesional y están destinadas a reducir los préstamos futuros.
Los patrocinadores del proyecto de ley dicen que, dado que la deuda estudiantil asciende a un total de 1,77 billones de dólares a nivel nacional, la legislación ayudaría a reducir la carga financiera de los estudiantes.
Pensilvania ocupa casi el último lugar en casi todas las medidas de asequibilidad universitaria. Las tasas de matrícula son altas, los estudiantes salen cargados con más deudas y el Estado aporta menos a la educación superior que otros.
Los empleadores que hagan contribuciones tendrían que hacerlo por igual a todos los empleados que tengan cuentas de ahorro para matrícula.
El Departamento de Ingresos estima que hay aproximadamente 600.000 cuentas de ahorro para matrícula propiedad de empleados de Pensilvania. El estado vería un costo estimado de $65,7 millones anualmente, si cada cuenta elegible recibiera la contribución máxima.
El Gobierno del presidente estadounidense, Joe Biden, presentó este jueves una demanda contra Apple, alegando que el gigante tecnológico ha creado un monopolio en el mercado de los teléfonos inteligentes con su modelo iPhone.
La demanda, interpuesta en un tribunal federal en Nueva Jersey, representa el primer gran esfuerzo antimonopolio contra Apple por parte de la Administración de Biden.
«Los consumidores no deberían tener que pagar precios más altos porque las empresas violan las leyes antimonopolio», afirmó el fiscal general, Merrick Garland, en un comunicado.
«Si esto no cambia, Apple seguirá fortaleciendo su monopolio en los teléfonos inteligentes», añadió.
En la demanda, interpuesta por el Departamento de Justicia y 16 fiscales generales de los estados, se acusa a Apple de haber restringido el acceso a la tecnología que usa para los iPhone de manera que aumentan los costos para los consumidores y se impide a potenciales rivales lanzar otros teléfonos inteligentes.
(Foto: EFE/MICHAEL REYNOLDS)
El Departamento de Justicia afirma que Apple ha usado su control sobre el iPhone para «participar en un tipo de conducta ilegal, de manera amplia y sostenida».
Entre otras cosas, la demanda alega que Apple impide el desarrollo exitoso de las llamadas «súper aplicaciones» que permitirían a los consumidores cambiar de manera más fácil de teléfono inteligente.
También se acusa a Apple de bloquear el desarrollo de aplicaciones de ‘streaming’ que permitirían a los usuarios disfrutar de vídeo de alta calidad sin tener que pagar por más espacio en la nube o ‘hardware’ para que el teléfono pueda soportarlo.
El caso se dirige específicamente contra la fortaleza digital que ha creado Apple no solo con iPhone, sino también con otros productos como iPad, Mac y Apple Watch para que los consumidores tengan que depender de esos dispositivos y no puedan combinarlos con otros productos de otras compañías.
(Foto: EFE/MICHAEL REYNOLDS)
Apple, con sede en Cupertino (California), negó las acusaciones y acusó al Gobierno de haberse extralimitado en sus acusaciones, según un comunicado recogido por medios locales.
«Esta demanda amenaza lo que somos y los principios que diferencian a los productos de Apple en mercados intensamente competitivos», se defendió Apple, quien aseguró que si la demanda prospera se sentará «un peligroso precedente», dando poder al Gobierno para intervenir en el diseño de tecnología.
Con esta demanda, Apple se une a la lista de gigantes tecnológicos contra los que ha emprendido una ofensiva el Gobierno de Biden.
El Departamento de Justicia ya demandó a Google por monopolizar los servicios de publicidad digital y la Comisión Federal de Comercio tiene un caso antimonopolio pendiente contra la matriz de Facebook, Meta, y otro contra Amazon.
Apple es una de las empresas más poderosas del mundo con unos ingresos anuales de casi 400.000 millones de dólares y, hasta hace poco, un valor de mercado de más de 3 billones de dólares.
Sen. Bob Casey, D-Pa., listens to a speaker during an event at AFSCME Council 13 offices, March 14, 2024, in Harrisburg, Pa. For Democrats trying to defend the White House and Senate majority, Casey is emerging as the tip of the spear in trying to reframe the election-year narrative around inflation, a key soft spot in 2024 for Democrats on the all-important voter issue of the economy. (Photo: AP/Marc Levy)
HARRISBURG, Pa. — Democratic Sen. Bob Casey of Pennsylvania leaned into the podium, almost past the microphone, to make his point to the union crowd about how mad corporate leaders are at him.
“But I got news for them,” Casey told Dauphin County Democrats and AFSCME members. “They should get used to it. Because I’m going to continue to prosecute the case on greedflation and shrinkflation.”
For Democrats trying to defend the White House and Senate majority, Casey is emerging as the tip of the spear in attacking “greedflation” — a blunt term for corporations that jack up prices and rip off shoppers to maximize profits — and trying to reframe the election-year narrative about the economy.
Fast-rising prices over the past four years have opened a key soft spot in 2024 for Democrats on an important voter concern, with polls showing that inflation is weighing down President Joe Biden in his bid for a second term against Donald Trump.
It is perhaps no coincidence that Casey is trying to help Biden by making the case against greedflation in the critical presidential swing state he represents, where a victory for Democrats is crucial to keeping the White House and Senate.
No Democrat has won the White House without Pennsylvania’s support since Harry S. Truman in 1948, and a Casey loss would likely guarantee Republican control of a Senate currently divided by the narrowest of margins.
Casey, running for a fourth term, argues that consumer prices are high primarily because of greedflation, a term coined to target corporate profiteering at shoppers’ expense under the cover of inflation. Casey also is attacking greedflation’s cousin, “shrinkflation”: a seemingly covert way for companies to raise prices by slightly reducing product size, like shortening candy bars or putting fewer potato chips in the bag.
Republican David McCormick, a candidate for U.S. Senate in Pennsylvania, speaks during an event at the Pennsylvania Manufacturers Association offices, March 15, 2024, in Harrisburg, Pa. McCormick wants to unseat Democratic Sen. Bob Casey, who is emerging as the tip of the spear in trying to reframe the election-year narrative around inflation, a key soft spot in 2024 for Democrats on the all-important voter issue of the economy. (Photo: AP/Marc Levy)
For Casey, the argument lines up neatly with the populist politics that have made him a favorite of labor unions, and he has taken on the job with gusto, seemingly spending more time attacking greedflation than his actual opponent in November, Republican David McCormick.
Inflation hit a four-decade high of 9.1% in 2022, more than enough to get the attention of consumers. And blaming greedflation for high prices is perhaps a potent argument both to direct the anger of the squeezed wage earner and deflect Republican accusations that spending under Biden — including his $1.9 trillion pandemic relief package — caused higher prices.
McCormick, a former hedge fund CEO, calls Casey’s contentions “nonsense” and blamed federal spending under Biden and rising energy prices.
“This greedflation-shrinkflation thing is trying to distract the conversation about what really happened,” McCormick said in an interview.
Economists generally don’t subscribe to either side’s black-and-white explanation.
Instead, they tend to list many forces that played a role in global inflation during and after the COVID-19 pandemic, including pandemic-fueled supply-chain shortages worldwide, a strong labor market pushing up wages and Russia’s attack on Ukraine creating energy and food bottlenecks.
Sen. Bob Casey, D-Pa., poses for a photo at a campaign event at AFSCME Council 13 offices, March 14, 2024, in Harrisburg, Pa. For Democrats trying to defend the White House and Senate majority, Casey is emerging as the tip of the spear in trying to reframe the election-year narrative around inflation, a key soft spot in 2024 for Democrats on the all-important voter issue of the economy. (Photo: AP/Marc Levy)
Prices in the U.S. remain about 20%, on average, above where they were before the pandemic.
But the U.S. government’s largely successful efforts to rein in inflation without nudging the economy into recession haven’t convinced people that credit is due, especially as rising food and housing prices defy overall slowing inflation rates.
The issue of the economy is No. 1 for many voters, and polls show the impact of inflation is weighing on how voters feel about Biden, despite improving views of the economy, said Christopher Borick, director of the Muhlenberg College Institute of Public Opinion in Allentown.
Borick said he has seen evidence that voters will buy the argument that companies jacked up prices to take advantage of inflation. But, even if they do, voters won’t necessarily give a pass to Biden and Democrats.
“They still are feeling the effects of inflation and their anger could be placed in multiple settings,” Borick said.
Casey has worked mightily to drag greedflation into the spotlight.
He has issued reports, written stern letters to trade associations, gone on national cable news shows and introduced legislation ordering the Federal Trade Commission to investigate price-gouging and shrinkflation as unfair trade practices.
“A lot of these companies said, ‘Oh, well, consumers can just decide not to buy a certain product,’” Casey said in an interview. “It’s like when you go to the grocery store, you got to get food every week. You got to get household items every week or every other week. You don’t have the choice to, you know, defer purchases for six months. It’s not like buying a new television set.”
He bent Biden’s ear about it during a Biden visit to Pennsylvania in January — and subsequently Biden blasted shrinkflation in a video released on Super Bowl Sunday and highlighted a social media post by the “Sesame Street” character Cookie Monster that said, “Me hate shrinkflation! Me cookies are getting smaller.”
In his State of the Union speech, Biden again railed against shrinkflation and promised to crack down on price gouging and “deceptive pricing.”
“Pass Bobby Casey’s bill and stop this,” Biden said. “I really mean it.”
Then, in likely the only mention ever of Snickers candy in a State of the Union address, Biden added: “You probably all saw that commercial on Snickers bars. And you get charged the same amount, and you got about, I don’t know, 10% fewer Snickers in it.”
Mars Inc., which makes Snickers, said it hasn’t reduced the size of Snickers bars.
Casey’s argument goes beyond political messaging and blame terminology.
It’s rooted in a report published last year by the Federal Reserve Bank of Kansas City. In it, Fed researchers say corporate profits contributed 100% of overall inflation in the first year of the recovery and 41% of inflation in 2021-22 — a dynamic similar to other recoveries in the last 70 years.
The Fed’s researchers described it as companies being “forward-looking” by raising prices in anticipation of higher costs.
In one common refrain, Casey asserts that inflation rose by 14% from July 2020 through July 2022, while corporate profits rose by 75% — five times faster. Using federal data, Casey projects that roughly $3,200 of the nearly $5,600 more spent by the average American family in 2021 is due to “corporate profit-taking.”
Some economists say companies can be less restrained by the usual competition in the midst of inflationary price hikes — and take advantage of temporary market power to pad profits.
The liberal economic advocacy group Groundwork Collaborative, for instance, compiled a list of times when corporate executives extolled their profits or price increases, and talked of issuing stock buybacks, increasing dividends or benefiting from high prices or high interest rates.
However, some researchers caution that the extent of profit-taking can be overstated.
Ahmed Rahman, an associate professor of economics at Lehigh University, said corporate profits have added to the inflationary winds, but he doesn’t see enough compelling evidence that greedflation is an important part of inflation, let alone the major driver.
Focusing on corporate profitability is “glib,” Rahman said. “It’s a little bit easy. It resonates during political cycles.”
Prices aren’t going back down, Rahman and other economists say, and it’s more useful for politicians to talk about the impact of upstream markets — like grain, oil and computer chips — when talking about the price of consumer products like potato chips or candy bars.
Besides, even if corporations raised prices more than costs justified, that’s their job, said Z. John Zhang, director of the Penn Wharton China Center at the University of Pennsylvania. Instead of blaming the companies, he said, people should blame the decisions that led to inflation.
“It’s politics and this is really a matter of politicians trying to shift blame for policy-induced inflation,” Zhang said. “And obviously if I were in Biden’s position, that probably is a button I’m going to push, too. It seems to be believable.”