¿Y tú a quién le vas? ¿A México o a Corea? le preguntaron sus amigos mexicanos a Priscila Kim, antes del partido en el que el Mundial enfrentó a ambas selecciones.
Priscila nació en Pensilvania; es de ascendencia coreana y se crio en México. Habla inglés, español y coreano a la perfección; es “tricultural” y actualmente reside en los suburbios de Filadelfia.

Contestar la pregunta podría resultar un dilema hasta para una “hija de la globalización” como es ella, pero si además se la hace alguien de la “fanaticada” de la selección mexicana, hay que reflexionar sobre qué responder.
Casi todos nos preguntaríamos parafraseando al cubano Antonio Machín en su Corazón Loco, ¿pueden “quererse” dos—o incluso tres— equipos a la vez y no “estar locos”?
Pero a Priscila, brillante graduada en mecatrónica del Tecnológico de Monterrey y multicultural desde su nacimiento, no le sorprendió sentirse debatida. Especialmente cuando el Mundial de Fútbol 2026 está resultando ser el torneo con mayor diversidad en la historia del fútbol internacional (casi uno de cada cuatro jugadores clasificados no representa al país donde nació, y muchos de ellos son hijos de inmigrantes o nacieron en el extranjero). La globalización y las leyes de naturalización han transformado por completo la composición de las selecciones nacionales.
“Definitivamente es una pregunta difícil; normalmente intento evitarla, pero después de tantas veces que he recibido esta pregunta estos últimos días, me he puesto a pensar y, si realmente tengo que escoger entre los dos, tendría que elegir México”.
Aunque aclara: “Si hablamos del partido México-Corea, me quedo con México. Pero si hablamos del Mundial en general, la respuesta es más fácil: ¡le voy a los dos!”.
Priscila creció viendo los partidos en México, portando la playera verde y aunque por fuera parezca coreana, “por dentro siempre digo que soy mexicana de corazón, más mexicana que el mole”, afirma.
La brillante ingeniera señala que “mi multiculturalidad me ha ayudado mucho más que a simplemente interactuar con distintas culturas. Siempre mantengo la mente abierta cuando conozco a nuevas personas o estoy en un nuevo ambiente, ya que entiendo que no todos crecimos igual ni tenemos la misma perspectiva. Lo que puede ser de mala educación en un lugar, puede ser algo de respeto en otro”. comentó.

Reconoce la influencia de las redes sociales en este proceso de globalización.
“Gracias a las redes sociales, es muchísimo más fácil conocer otras culturas, así que definitivamente he visto un cambio en cuanto al respeto, pero aún hay mucho más que aprender y educarnos respecto de las distintas culturas y de cómo tratarnos con respeto a pesar de nuestras diferencias”.
La estadounidense-mexicana-coreana señala que “curiosamente no tengo muchos amigos cercanos que compartan mi parte multicultural”.
Le encantaría tener más amigos en su misma situación, “creo que podrían entender una parte de mí que muy pocos podrían entender, aunque se lo cuente”.

Sin embargo, al mismo tiempo, se siente “agradecida por todas las amistades que he tenido en cada país; he aprendido muchísimo de ellos y de la cultura que forma parte de mí. ¡Es como ir construyendo un rompecabezas!”.
Respecto a sus vivencias interculturales, al integrar activamente su multiculturalidad, la joven señala que esto le ha ayudado a ver la vida y a las personas desde una perspectiva muy hermosa. “Pero, obvio, esa misma parte de mí hace que relacionarme e identificarme con los demás sea muy difícil; siempre va a haber una parte de mí que no encaja al 100”.
Su identidad, es una identidad compuesta, y se dio cuenta de esa dificultad para “encajar” cuando fue a Corea por primera vez y pensó que por fin se ajustaría “porque me vería igual que todos los demás”, pero sin embargo se llevó la gran sorpresa cuando se dio cuenta de que en ese lugar fue donde menos se sintió “en casa”.
Con el tiempo aprendió que “llevo mi casa conmigo” y, como dice la frase mexicana “Mi casa es tu casa”, ha decidido que su casa es dondequiera que le abran las puertas: “y soy muy afortunada de tener amigos que me abren sus puertas por todo el mundo”, señala risueña.
Afronta la curiosidad de la gente de forma divertida. Siempre hay preguntas…Cuando vivía en México, la pregunta siempre era: ‘¿De dónde eres?’, ‘¿Eres chinita?’ (aunque, gracias al K-pop —el pop coreano—, eso ha cambiado un poco)”.
Ahora que vive en Estados Unidos, le preguntan: “¿Por qué hablas tan bien el español?… pero ¿de dónde eres realmente? ¿Cuál es tu ascendencia?”.
Para ella, a veces es tedioso contestar, especialmente “cuando las preguntas son incómodas o hasta irrespetuosas”, pero Priscila comprende que, por lo general, viene de una genuina curiosidad y le alegra contar su historia.
“Creo que he encontrado un equilibrio entre los dos. Entiendo que, por lo general, las personas a mi alrededor no comprenderán quién soy en su totalidad, pero tampoco siento que me esté reprimiendo. Hay personas con las que puedo ser yo misma y tal vez no me entiendan al 100%, pero aun así me aman tal y como soy”.

Además, Priscila precisa que encuentra verdaderamente su identidad en Cristo.
“Así que camino confiada en la persona que Dios me ha creado, con todo y ¡tres culturas!”.
Al final de la charla, Priscila se despide, como no podía ser de otra manera:
¡Viva México! y 대한민국 만세!! (¡Larga vida a Corea!)

















