De mi nieto estoy aprendiendo lo importante que son los abrazos para un niño y a no dejar nunca mis promesas para el futuro. Los niños viven solo en el presente. (Foto: RR. SS.)

Uno de los aspectos más grandes de pasar por la vida es descifrar la paternidad. Algunos de nosotros tenemos mucha suerte; entramos en esto con entusiasmo y con un poco de preparación. Si tuvimos la dicha de tener una buena «figura paterna», armamos más o menos un plan. Tomamos lo mejor que nuestros padres tenían para ofrecer e implementamos ese plan lo mejor que podemos. Básicamente, intentamos hacerlo un poquito mejor que nuestros padres. Miramos más allá de lo que podemos proveer económicamente, e intentamos con entusiasmo dar apoyo emocional con algo de inteligencia emocional, esperando que nuestros hijos crezcan como personas estables y buenas.

Entonces la vida nos lanza un montón de curvas. Empezamos a darnos cuenta de que cada hijo que tenemos es un ser humano diferente e individual, con deseos y necesidades únicas. Así que hacemos lo mejor que podemos, tropezando en el camino, aprendiendo sobre la marcha e intentando ser lo más cuidadosos posible.

Uno de los misterios más extraordinarios de la vida es descubrir, vivir y madurar en una paternidad que construye y edifica a nuestros pequeños. (Foto: RR. SS.)

Pero la paternidad es una calle de doble vía. Necesitamos hijos «cooperadores», o al menos adolescentes y jóvenes que estén dispuestos a escucharnos aunque sea un poquito. Eventualmente, la cosa se complica. Pero al final del día, creo que la mayoría de nosotros estamos contentos de que nuestros hijos nos hayan dejado crecer en nuestro rol de padres. Aunque la verdad es que uno nunca termina de descifrarlo todo, terminamos dándoles las gracias por dejarnos ser sus padres.

Entonces, cuando nos ponemos un poco más viejos, llegan los nietos a nuestras vidas. De repente, nos damos cuenta de que tal vez, solo tal vez, nos estábamos esforzando demasiado. Quizás las cosas son mucho más simples de lo que pensábamos. Quizás pensamos de más todo este asunto de la paternidad.

El Día del Padre es una efeméride que debe servir a reflexionar en la importancia de la figura paterna y la figura masculina en la vida de un infante. (Foto: RR. SS.)

Lo que me lleva al punto de esta columna. Mi nieto de dos años me ha enseñado algunas lecciones sencillas, pero increíblemente valiosas sobre ser padre.

Te las comparto:

Lo importante que son los abrazos: Esto de verdad tiene base científica. Según Harvard Health, las muestras de afecto físico como los abrazos y el contacto visual activan la oxitocina, que a menudo llaman la «hormona del amor». Esta inunda el cerebro, reduciendo el estrés y creando un apego emocional profundo. Mi nieto no sabe de ciencia, pero sabe exactamente cuándo necesita un abrazo de esos que te reinician la vida.

Cumplir tu palabra: Los niños pequeños solo saben lo que ven, escuchan y lo que aprendieron ayer. Ellos no entienden de excusas ni de «hablamos luego», porque todavía no han estado expuestos a las complejidades del mundo. Si le dices que lo vas a llevar a buscar un mantecado, ya no hay vuelta atrás. Tienes que cumplir.

Disfrutar el ahora: La vida para un niño de dos años se vive completamente en el presente. Divertirse y jugar es, de verdad, la cosa más importante que existe ahora mismo.

Las cosas que asustan no son divertidas: ¿Para qué hacer cosas que dan miedo o son peligrosas? Para un niño de dos años, si algo asusta, simplemente no es divertido y se debe evitar. Es una forma bien pacífica y bonita de mirar la vida.

Lo increíbles que son los camiones de bomberos: No hay mucho más que decir sobre esto. Los camiones de bomberos son lo más espectacular del planeta, y siempre se deben apreciar y admirar.

Solo estar ahí: Por mucho, la lección más importante que he aprendido de mi nieto es el valor de, simplemente, estar presente. Él, de alguna manera, entiende que mi presencia es lo que amarra todo. Estar ahí para darle un abrazo, llevarlo por un mantecado, divertirnos y ver los camiones de bomberos pasar; estas son cosas sencillas, pero son profundamente importantes.

El punto de todo esto es que a veces complicamos demasiado la paternidad, el ser padre. Nos esforzamos de más. En realidad, al final del día, ser padre no se trata de tener todas las respuestas o de ejecutar un plan perfecto. Se trata, simplemente, de estar ahí para ellos…por todo el tiempo que nos sea posible.

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí