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Guía de algunos recursos para la comunidad latina en Filadelfia

Sembrando Sueños, Cosechando Esperanza © 2017, City of Philadelphia Mural Arts Program / Patricia Barrera. Esperanza Academy Charter School, 301 West Hunting Park Avenue. (Photo: Credit/Steve Weinik)

La comunidad latina de Filadelfia cuenta con una sólida red de organizaciones sin fines de lucro e instituciones comunitarias que trabajan diariamente para mejorar la calidad de vida de miles de familias. Sus programas abarcan desde servicios de salud, vivienda y educación hasta apoyo para inmigrantes, desarrollo empresarial, actividades culturales y liderazgo comunitario.

A continuación, presentamos un directorio con algunas de las principales organizaciones que prestan servicios a la comunidad hispana.

Asociación de Empresarios Mexicanos de Filadelfia (AEM Philly)

Servicios: Apoyo a empresarios, emprendedores y pequeños negocios; capacitación, desarrollo económico, creación de redes de contacto y acceso a recursos para negocios.
Dirección: Filadelfia, PA (oficina virtual y eventos en distintos lugares de la ciudad).
Sitio web: https://aemphilly.org

Asociación Puertorriqueños en Marcha (APM)

Servicios: Vivienda, salud, salud mental, educación, desarrollo infantil y programas para familias.
Dirección: 600 Diamond Street, Philadelphia, PA 19122.
Teléfono: (215) 235-6070.
Sitio web: https://www.apmphila.org

ASPIRA, Inc. of Pennsylvania

Servicios: Educación, liderazgo juvenil, preparación universitaria y administración de escuelas chárter.
Dirección: 4322 N. 5th Street, Philadelphia, PA 19140.
Teléfono: (215) 455-1300.
Sitio web: https://www.aspira.org

Casa del Carmen (Servicios Sociales Católicos)

Servicios: Apoyo familiar, educación para padres, programas de primera infancia, asistencia con vivienda y servicios públicos (cuando hay fondos disponibles), ayuda de emergencia con alimentos y pañales, apoyo relacionado con inmigración y servicios de administración de casos.
Dirección: 4400 N. Reese Street, Philadelphia, PA 19140
Teléfono: (267) 331-2500 / Línea de ayuda: (267) 331-2490
Sitio web: https://cssphiladelphia.org

Catholic Charities of Philadelphia (Caridades Católicas de Filadelfia)

Servicios: Asistencia de vivienda, programas de alimentos, apoyo en refugios, consejería, servicios para personas mayores, cuidado temporal de niños (foster care), servicios de empleo, apoyo migratorio y asistencia de emergencia para necesidades básicas.
Dirección: 222 N. 17th Street, Philadelphia, PA 19103
Teléfono: (215) 854-7000 / Línea de ayuda: (267) 331-2490
Sitio web: https://ccphila.org

Cámara Dominicana de Comercio

Servicios: Desarrollo empresarial, capacitación, asesoría para pequeños negocios, creación de redes comerciales y promoción del emprendimiento.
Dirección: 130 W. Roosevelt Boulevard, Philadelphia, PA 19120.
Teléfono: (215) 758-7841.
Sitio web: https://www.dominicanchamberpa.org

Ceiba

Servicios: Vivienda, educación financiera, preparación gratuita de impuestos, asesoría económica y fortalecimiento comunitario.
Dirección: 174 Diamond Street, Philadelphia, PA 19122.
Teléfono: (215) 634-7245.
Sitio web: https://www.ceibaphiladelphia.org

Concilio

Servicios: Programas para niños, jóvenes y familias, apoyo comunitario y organización de eventos culturales.
Dirección: 141 E. Hunting Park Avenue, Philadelphia, PA 19124.
Teléfono: (215) 627-3100.
Sitio web: https://www.elconcilio.net

Congreso de Latinos Unidos

Servicios: Salud, vivienda, empleo, educación, apoyo familiar, desarrollo económico y servicios sociales.
Dirección: 216 W. Somerset Street, Philadelphia, PA 19133.
Teléfono: (215) 763-8870.
Sitio web: https://www.congreso.net

Esperanza

Servicios: Educación, Arte, liderazgo, desarrollo económico, programas juveniles y servicios legales para inmigrantes.
Dirección: 4261 N. 5th Street, Philadelphia, PA 19140.
Teléfono: (215) 324-0746.
Sitio web: https://www.esperanza.us

Greater Philadelphia Hispanic Chamber of Commerce

Servicios: Capacitación empresarial, representación de negocios hispanos, eventos de networking y desarrollo económico.
Dirección: 141 E. Hunting Park Avenue, Philadelphia, PA 19124.
Teléfono: (215) 845-5456.
Sitio web: https://www.philahispanicchamber.org

HACE (Hispanic Association of Contractors and Enterprises)

Servicios: Desarrollo económico, revitalización comercial, apoyo a pequeñas empresas, vivienda y desarrollo de corredores comerciales.
Dirección: 167 W. Allegheny Avenue, Philadelphia, PA 19140.
Teléfono: (215) 426-8025.
Sitio web: https://www.hacecdc.org

Juntos

Servicios: Defensa de los derechos de los inmigrantes, liderazgo comunitario, educación sobre derechos civiles y organización comunitaria.
Dirección: 600 Washington Avenue, Unit 18A, Philadelphia, PA 19147.
Teléfono: (215) 218-9079.
Sitio web: https://www.vamosjuntos.org

Mexican Cultural Center

Servicios: Promoción de la cultura mexicana mediante festivales, exposiciones, conciertos, talleres y programas educativos.
Dirección: 901 Market Street, Suite 3020, Philadelphia, PA 19107.
Teléfono: (267) 204-3307.
Sitio web: https://www.mexicanculturalcenter.org

New Sanctuary Movement of Philadelphia

Servicios: Defensa de los derechos de los inmigrantes, acompañamiento legal, educación comunitaria y campañas por la justicia migratoria.
Dirección: 2601 Potter Street, Philadelphia, PA 19125.
Teléfono: (215) 279-7060.
Sitio web: https://www.sanctuaryphiladelphia.org

Norris Square Community Alliance (Alianza Comunitaria de Norris Square)

Servicios:
Organización comunitaria enfocada en el desarrollo del vecindario, educación cultural, programas para jóvenes, agricultura urbana, arte comunitario, liderazgo juvenil y fortalecimiento de la comunidad latina en el área de Norris Square.

Dirección: 2121 N Howard Street, Philadelphia, PA 19122

Teléfono: (215) 634-2227

Sitio web: https://www.nscaphila.org

Puentes de Salud

Servicios: Atención médica primaria, salud preventiva, salud mental, clases de inglés, programas educativos y actividades para familias inmigrantes.
Dirección: 1700 South Street, Philadelphia, PA 19146.
Teléfono: (215) 454-8000.
Sitio web: https://www.puentesdesalud.org

Taller Puertorriqueño

Servicios: Promoción del arte y la cultura puertorriqueña y latina, exposiciones, teatro, música, programas educativos, desarrollo juvenil y actividades comunitarias.
Dirección: 2600 N. 5th Street, Philadelphia, PA 19133.
Teléfono: (215) 426-3311.
Sitio web: https://www.tallerpr.org

Xiente

Servicios: Xiente es una organización comunitaria sin fines de lucro enfocada en el desarrollo económico y la movilidad social. Ofrece programas de educación temprana, apoyo familiar, vivienda asequible, desarrollo laboral, servicios de salud preventiva, asesoría financiera y programas para jóvenes y familias. Su misión es ayudar a las familias a salir de la pobreza mediante oportunidades de estabilidad y crecimiento económico.

Dirección: 174 W Diamond Street, Philadelphia, PA 19122

Teléfono: (215) 426-8734

Sitio web: https://www.xiente.org

What does it mean to be Latino in Philadelphia? / ¿Qué significa para ti ser latino en Filadelfia?

En este especial, reporteros comunitarios de Impacto comparten sus reflexiones sobre la identidad latina, la inmigración, la diversidad y el sentido de pertenencia en Estados Unidos. De izquierda a derecha: Christopher Cruz, Olga Rentería, Cristian Marín Macías y Uriel Rendón. (Ilustración recreada por Yair Correa)
Uriel Rendón.

To me, being Latino in the United States means carrying the stories, sacrifices, and dreams of the people who came before us. It means living with pride in where we come from while also trying to build a future in a country that doesn’t value us. As the United States celebrates the 250th anniversary, I think it is important to remember that Latinos are not outsiders to this country’s story. We have helped build it, shape it, feed it, defend it, teach it, organize it, and make it more cultured.

 Being Latino here means honoring our roots and continuing to create a future where our communities are recognized and respected.  Christopher Cruz

Christopher Cruz.

Desde que llegué a Estados Unidos aprendí que, al final del día, todos somos un poco de aquí y de dónde venimos.

Que al trabajo se le dice chamba, que la plata también son chavos, que un poquito es un chin, que un niño es un carajito y que los amigos son parceros, cuates, carnales, panas, primos y brothers.


Habitar este país me ha enseñado a traducir a otro idioma de dónde soy, a justificar mi acento y mi color de piel; y a convertir las grietas que tengo en el corazón por estar lejos de casa en el espacio donde habitan los nuevos mundos que me encuentro cada día. Cristian Marín Macías

Cristian Marín Macías.

Al mirar mi vida, siempre regreso a la imagen de aquella niña que cruzó la frontera siguiendo los sueños de sus padres. Yo no entendía entonces lo que significaba emigrar, pero ellos sí: dejaron atrás una parte de su historia para ofrecerles a sus hijos nuevas oportunidades.

Desde la década de 1980, Estados Unidos se convirtió en mi hogar. Aquí crecí, formé una familia, construí amistades entrañables y conocí personas de muchas culturas.

Durante más de cuarenta años he convivido con personas de distintos orígenes. Esa experiencia me enseñó que la diversidad no nos divide; nos fortalece. Hoy veo esa realidad reflejada en mis hijos y nietos, quienes representan una hermosa mezcla de raíces mexicanas, puertorriqueñas, afromexicanas y anglosajonas. Ellos son prueba de que las culturas no desaparecen cuando se encuentran; florecen.

Olga Rentería.

Con el tiempo entendí que ser inmigrante significa vivir entre dos mundos sin dejar de pertenecer a ninguno. Es extrañar el lugar donde naciste mientras aprendes a amar el que te recibió. Es conservar tradiciones, idioma y recuerdos mientras construyes nuevas oportunidades para las generaciones que vienen. Olga Rentería

Trauma, violencia doméstica y el camino hacia la sanación

El trauma es más común de lo que muchas personas imaginan. Como señala el experto en trauma Dr. Bessel van der Kolk: “No es necesario ser un soldado en combate ni visitar un campo de refugiados en Siria o el Congo para experimentar trauma.” El trauma puede afectar a cualquier persona en cualquier momento de su vida.

Una de las fuentes más comunes —y a menudo invisibles— de trauma es la violencia doméstica. El abuso afecta mucho más que la seguridad física de una persona. Puede dejar cicatrices invisibles y duraderas a nivel emocional, mental y físico. Las sobrevivientes pueden vivir con dolor crónico, problemas gastrointestinales, dificultades para dormir, ansiedad, depresión, aislamiento, cargas financieras por gastos médicos, entre otros efectos. Estas consecuencias pueden continuar mucho después de que el abuso haya terminado.

Muchos sobrevivientes dudan en buscar ayuda. Pueden temer ser juzgadas, preocuparse por su estatus migratorio en el contexto actual, enfrentar barreras lingüísticas o sentir presión familiar o cultural. Estas preocupaciones son reales y pueden impedir que las personas pidan apoyo. Por eso es tan importante crear espacios seguros donde las sobrevivientes sean escuchadas, creídas y empoderadas.

Una organización local que trabaja en este sentido es Congreso de Latinos Unidos. Congreso apoya a individuos y familias en su proceso de sanación y recuperación, y promueve que cada persona sea tratada con dignidad, respeto y compasión. Independientemente del idioma, origen, estatus migratorio, edad, nivel educativo o experiencia de vida, Congreso ofrece un espacio acogedor donde las personas pueden acceder a recursos y apoyo en el idioma con el que se sientan más cómodas.

Congreso también es una de las cuatro organizaciones que operan la Línea Directa de Violencia Doméstica de Filadelfia (1-866-723-3014), un recurso gratuito disponible las 24 horas para cualquier persona que experimente abuso. Cuando alguien llama, puede esperar ser escuchado con cuidado y comprensión. Las defensoras ayudan a las sobrevivientes a definir sus objetivos, crear planes de seguridad personalizados y conectarse con servicios locales que respondan a sus necesidades específicas. El objetivo no es decirle a la persona qué hacer, sino ayudarle a tomar decisiones informadas y dar el siguiente paso hacia la seguridad.

La prevención también es una parte importante del trabajo de Congreso. A través de la educación y la divulgación comunitaria, la organización ayuda a las personas a reconocer las señales de alerta de la violencia doméstica y a saber dónde acudir en busca de ayuda. Estas conversaciones abiertas reducen el estigma, fomentan que las personas busquen apoyo y empoderan a vecinos, amigos y familiares para ayudar a alguien que pueda estar viviendo abuso.

Congreso también brinda apoyo en el ámbito médico, ya que médicos, enfermeras y otros profesionales de la salud suelen ser de los primeros en detectar señales de abuso. La organización colabora con sistemas de salud para promover la detección de violencia doméstica, la atención informada por el trauma y la capacitación del personal, con el fin de que las sobrevivientes reciban la atención y el apoyo que necesitan lo antes posible.

Todas las personas merecen vivir libres de violencia y tener la oportunidad de sanar del trauma. Al acompañar a las personas donde están, con compasión, respeto y servicios culturalmente adecuados, Congreso fortalece a las comunidades latinas de Filadelfia y contribuye a construir un futuro más seguro y saludable para todos.

*Una columna mensual del Philadelphia Domestic Violence Collaborative.

Este texto forma parte de una serie mensual de Congreso de Latinos Unidos, Lutheran Settlement House, Women Against Abuse y Women in Transition, que compartirá información sobre la violencia doméstica, los recursos locales disponibles y cómo ser defensor de relaciones saludables.

Latinos in Philadelphia: 250 years of history, community, and transformation

The history of Latinos in Philadelphia is a story of resilience, migration, and collective community-building spanning more than 250 years. Although its roots trace back to commercial and political ties established in the eighteenth century, the community began to take shape in the mid-twentieth century with the arrival of Puerto Ricans, who laid the social, cultural, and economic foundations of what is now one of the most dynamic Latino populations in the northeastern United States.

During the colonial and post-Revolutionary periods, Philadelphia served as an important port for trade with the Caribbean and Spain. Latin American merchants, sailors, and intellectuals passed through the city, which also became a center of influence for independence movements across Latin America. However, it was not until the twentieth century that a permanent and visible Latino community emerged.

The turning point came between the 1940s and the 1960s, when thousands of Puerto Ricans migrated to Philadelphia as U.S. citizens seeking employment in the manufacturing sector. By 1950, the Puerto Rican population had already surpassed 20,000, and in the following decades it grew rapidly, concentrating primarily in North Philadelphia, especially in neighborhoods such as North Philadelphia and Fairhill, now known as El Centro de Oro (The Golden Block).

During this period, churches, businesses, community organizations, and support networks were established, enabling the community to confront discrimination, language barriers, and economic inequality. The first campaigns for bilingual education and accessible public services also emerged, creating a model of community organizing that would later inspire other Latino communities.

Participants wave flags from across Latin America during Hispanic Fiesta. (Photo: Taíno Studios)

According to historical U.S. Census data, beginning in the 1970s Philadelphia’s Latino population became increasingly diverse with the arrival of immigrants from the Dominican Republic, Mexico, Colombia, Cuba, and Central America. By 1990, the Latino population had surpassed 89,000, solidifying its presence in the city and expanding its influence on the local economy and cultural life. During these decades, small businesses flourished, community organizations strengthened, and Spanish-language media outlets emerged, expanding access to information and reinforcing a shared sense of identity.

Growth accelerated after 2000. According to the U.S. Census Bureau, Philadelphia’s Latino population stood at approximately 129,000 at the turn of the century. In just over two decades, that figure has more than doubled, exceeding 245,000 residents according to recent estimates from the American Community Survey (ACS). This growth has made Latinos the fastest-growing demographic group in the city and a key factor in Philadelphia’s population stability, particularly amid declines in the city’s White population.

(Foto: Taíno Studios)

The Pew Research Center has documented similar national trends that are also reflected in cities like Philadelphia: sustained Latino population growth driven by both immigration and an increasing number of U.S.-born Latinos; a younger median age compared with other demographic groups; and rising participation in the workforce and entrepreneurship. Together, these trends have allowed the Latino community to grow not only in size but also in economic and cultural influence.

Today, Latinos make up approximately 16 percent of Philadelphia’s total population. While Puerto Ricans remain the largest Latino group, the community is becoming increasingly diverse, with significant growth among Dominican, Mexican, Central American, and South American populations. This diversity is reflected in the expansion of businesses, the cultural richness of neighborhoods, and the many identities represented within Philadelphia’s broader Latino community.

The community’s impact is evident in the local economy, where thousands of Latino-owned small businesses support commercial corridors, create jobs, and contribute to the vitality of entire neighborhoods. It is equally visible in the city’s cultural life through festivals, cuisine, art, and traditions that enrich Philadelphia’s social fabric, as well as in politics, where Latino representation and civic engagement have grown around key issues such as education, housing, and immigration.

According to U.S. Census Bureau data cited by WITF, Hispanic-owned businesses in Pennsylvania grew by nearly 50 percent between 2012 and 2019, significantly outpacing other demographic groups. The U.S. Small Business Administration (SBA) reports that loans awarded to Latino-owned businesses in Pennsylvania increased from $19 million in 2020 to nearly $40 million in 2023, reflecting the community’s expanding economic influence. According to the Hispanic Chamber of Commerce of Metropolitan Pittsburgh, Latina women are among the fastest-growing groups of small business owners and have made significant contributions to job creation and the economic vitality of their communities.

In addition, according to a report highlighted by TribLive, more than half of Pennsylvania’s population growth over the past two decades has been linked to increases in the Hispanic population, reinforcing Latinos’ role as a major demographic and economic engine for the state.

However, this growth has not eliminated longstanding challenges. Census data and Pew analyses continue to show disparities in income, housing access, and educational attainment. Gentrification continues to affect historically Latino neighborhoods, while language barriers and immigration-related challenges remain significant obstacles for many families.

(Foto: Taíno Studios)

In this context, community journalism plays a critical role. Media outlets such as Impacto have accompanied the community through every stage of its development by providing news in Spanish, documenting its history, and serving as a bridge between generations. In many cases, they remain the primary source of reliable information and an essential tool for promoting awareness and protecting community rights.

The history of Latinos in Philadelphia is neither recent nor peripheral. It is a deep history spanning centuries, one that took concrete shape through the pioneering leadership of the Puerto Rican community, whose experience paved the way for other Latino communities. Today, that history continues to evolve as new generations redefine what it means to be Latino in Philadelphia.

Philadelphia cannot be understood without its Latino community. And the city’s Latino history cannot be told without recognizing both those who came first and those who continue building its future.

U.S. Census data are aligned with the American Community Survey (ACS).

Latinos en Filadelfia: 250 años de historia, comunidad y transformación

(Foto: Taíno Studios)

La historia latina en Filadelfia es una historia de resistencia, migración y construcción colectiva que se extiende por más de 250 años. Aunque sus raíces se remontan a conexiones comerciales y políticas desde el siglo XVIII, su consolidación como comunidad comienza a mediados del siglo XX, impulsada por la llegada de puertorriqueños que sentaron las bases sociales, culturales y económicas de lo que hoy es una de las poblaciones latinas más dinámicas del noreste de Estados Unidos.

Durante los periodos colonial y posrevolucionario, Filadelfia funcionó como un importante puerto de intercambio con el Caribe y España. Comerciantes, marineros e intelectuales latinoamericanos transitaron por la ciudad, que también sirvió como espacio de influencia para ideas independentistas en América Latina. Sin embargo, no fue hasta el siglo XX cuando se establece una comunidad latina permanente y visible.

El punto de inflexión llega entre las décadas de 1940 y 1960, cuando miles de puertorriqueños migran a Filadelfia como ciudadanos estadounidenses en busca de empleo en la industria manufacturera. Para 1950, la población puertorriqueña ya superaba las 20,000 personas, y en las décadas siguientes creció de forma acelerada, concentrándose principalmente en el norte de la ciudad, particularmente en áreas como North Philadelphia y Fairhill, conocido hoy como El Centro de Oro.

Participantes ondean banderas de distintos países de América Latina durante la Fiesta Hispana. (Foto: Taíno Studios)

En ese periodo se crean iglesias, comercios, organizaciones comunitarias y redes de apoyo que permiten a la comunidad enfrentar la discriminación, las barreras del idioma y las desigualdades económicas. También surgen las primeras luchas por educación bilingüe y servicios públicos accesibles, estableciendo un modelo de organización comunitaria que marcaría el futuro de otras comunidades latinas.

Según datos históricos del Censo, a partir de la década de 1970, la población latina en Filadelfia comienza a diversificarse con la llegada de inmigrantes de la República Dominicana, México, Colombia, Cuba y países de Centroamérica. Para 1990, la población latina ya superaba las 89,000 personas, consolidando su presencia en la ciudad y ampliando su impacto en la economía local y la vida cultural. Durante estas décadas, crecen los pequeños negocios, se fortalecen las organizaciones comunitarias y emergen medios de comunicación en español, ampliando el acceso a la información y fortaleciendo la identidad colectiva.

El crecimiento se acelera a partir del año 2000. Según el U.S. Census Bureau, la población latina en Filadelfia era de aproximadamente 129,000 personas en ese momento. En poco más de dos décadas, esa cifra se ha más que duplicado, superando las 245,000 personas en estimaciones recientes de la Encuesta sobre la Comunidad Estadounidense. Este aumento ha convertido a los latinos en el grupo de mayor crecimiento demográfico en la ciudad y ha sido un factor clave en la estabilidad poblacional, particularmente en contextos de disminución de la población blanca.

El Pew Research Center ha documentado tendencias similares a nivel nacional que también se reflejan en ciudades como Filadelfia: un crecimiento sostenido de la población latina impulsado tanto por la inmigración como por el aumento de latinos nacidos en Estados Unidos, una edad promedio más joven en comparación con otros grupos y un incremento en la participación en la fuerza laboral y el emprendimiento. Estos factores han contribuido a que la comunidad latina no solo crezca en número, sino también en influencia económica y cultural.

En la actualidad, los latinos representan aproximadamente entre el 16% de la población total de Filadelfia. Aunque los puertorriqueños continúan siendo el grupo más numeroso, la comunidad es cada vez más diversa, con un crecimiento notable de poblaciones dominicanas, mexicanas, centroamericanas y sudamericanas. Esta diversidad se refleja en la expansión de negocios, la riqueza cultural de los barrios y la presencia de múltiples identidades dentro de una comunidad latina más amplia.

El impacto de esta comunidad es visible en la economía local, donde miles de pequeños negocios latinos sostienen corredores comerciales, generan empleo y aportan a la vitalidad de barrios enteros. También es evidente en la cultura, a través de festivales, gastronomía, arte y tradiciones que enriquecen el tejido social de la ciudad, y en la política, donde ha aumentado la representación y la organización en temas clave como educación, vivienda e inmigración.

(Foto: Taíno Studios)

Según datos de la Oficina del Censo de Estados Unidos citados por WITF los negocios de propiedad hispana en Pensilvania crecieron cerca de un 50% entre 2012 y 2019, superado por mucho a otros grupos. La Administración Federal de Pequeños Negocios (SBA), sostiene que los préstamos otorgados a empresas de propietarios latinos en Pensilvania aumentaron de 19 millones de dólares en 2020 a casi 40 millones en 2023, reflejando el creciente peso económico de esta comunidad. De acuerdo con la Cámara de Comercio Hispana del Área Metropolitana de Pittsburgh, las mujeres latinas se encuentran entre los grupos con mayor crecimiento en la creación de pequeñas empresas y han contribuido significativamente a la generación de empleo y al dinamismo económico de sus comunidades.

Además, según un informe reseñado por TribLive, más de la mitad del crecimiento poblacional registrado en Pensilvania durante las últimas dos décadas ha estado vinculado al aumento de la población hispana, consolidando a los latinos como un motor demográfico y económico clave para el estado.

Sin embargo, el crecimiento no ha eliminado los desafíos. Datos del Censo y análisis de Pew muestran que persisten desigualdades en ingresos, acceso a vivienda y logros educativos. La gentrificación continúa afectando a comunidades históricas, y las barreras lingüísticas y migratorias siguen representando obstáculos para muchas familias.

En este contexto, el papel del periodismo comunitario es fundamental. Medios como Impacto han acompañado a la comunidad en cada etapa de su desarrollo, informando en su idioma, documentando su historia y sirviendo como puente entre generaciones. En muchos casos, son la principal fuente de información confiable y una herramienta clave para el conocimiento y la defensa de derechos.

La historia latina en Filadelfia no es reciente ni marginal. Es una historia profunda que atraviesa siglos y que toma forma concreta con el liderazgo pionero de la comunidad puertorriqueña, cuya experiencia abrió el camino para otras comunidades latinas. Hoy, esa historia continúa evolucionando con nuevas generaciones que redefinen lo que significa ser latino en la ciudad.

Filadelfia no se puede entender sin su comunidad latina. Y la historia latina de la ciudad no se puede contar sin reconocer a quienes llegaron primero y a quienes siguen construyendo su futuro.

*Los datos del Censo están alineados con ACS (American Community Survey).

Tinta, identidad, evolución y representación en la obra del artista puertorriqueño Mike Hawthorne

Mike Hawthorne sostiene una copia de Black Panther 60th Anniversary Special de Marvel. (Foto: Cortesía/Mike Hawthorne)

Filadelfia, PA – La historia de Mike Hawthorne comienza con una madre de Santurce, una maldición en la puerta y una infancia marcada por el miedo y la supervivencia.

Durante una entrevista por Zoom, el artista puertorriqueño reflexionó sobre su carrera, su novela gráfica autobiográfica Happiness Will Follow (La felicidad llegará) y lo que significa llevar la memoria latina y puertorriqueña a la cultura visual estadounidense. Nominado a los premios Eisner y Harvey, Mike es conocido por ilustrar algunos de los nombres más importantes del cómic, incluyendo Deadpool, Spider-Man, Batman y La Borinqueña. A lo largo de su carrera, ha trabajado para incluir rostros latinos en mundos donde, con demasiada frecuencia, estaban ausentes.

Obra de arte de Mike Hawthorne con La Borinqueña. (Imagen: Cortesía/Mike Hawthorne)

El trabajo de Mike se integra de manera significativa en esta edición especial de Impacto, que destaca las contribuciones latinas en el contexto de los 250 años de historia de Estados Unidos. El artista creó la portada y la contraportada, aportando talento puertorriqueño a un número conmemorativo que refleja un país moldeado por múltiples culturas, hispanas y latinas.

Para Mike, esa historia comienza con su madre, Blanca Iris Otero.

“Crecí como puertorriqueño”, dijo Mike. “Mi madre era de Santurce.”

Blanca llegó a Nueva York siendo adolescente, una pequeña mujer afrolatina que no hablaba inglés. Dio a luz a Mike en 1975 y luego abandonó la ciudad tras creer que habían puesto una maldición sobre él. Más tarde vivieron en Lancaster y York, donde él creció en profunda pobreza antes de mudarse a Filadelfia en 1993 para estudiar bellas artes en la Tyler School of Art.

En Happiness Will Follow, publicado en 2020, Mike narra su infancia junto a Blanca: la pobreza, el miedo espiritual, la santería, el catolicismo, el abuso, el amor y las complejas formas en que la supervivencia puede moldear a una familia. A pesar de todo, evita reducir a su madre a un papel de villana.

“Le recordaría a la gente que piense en cuán vulnerable se ha sentido en algún momento de su vida”, dijo. “Ahora imaginen cómo se habría sentido esta mujer latina, de piel oscura, físicamente muy pequeña, que no hablaba inglés como primer idioma, al llegar a este país y enfrentar todos los obstáculos puestos en su camino”.

La historia de Blanca refleja la posición de Puerto Rico dentro de Estados Unidos. Era ciudadana estadounidense, pero no recibió el apoyo necesario cuando más lo necesitaba.

Esa conexión sitúa claramente el trabajo de Mike dentro del aniversario número 250 de Estados Unidos. El país suele contar su historia a través de presidentes, guerras y documentos fundacionales. El trabajo de Mike apunta a otro archivo: madres migrantes, niños que heredaron memorias, familias que sobrevivieron a la pobreza y artistas que transformaron esas experiencias en algo visible para otros.

El caricaturista e ilustrador puertorriqueño Mike Hawthorne. (Foto: Cortesía/Mike Hawthorne)

La creación de sus memorias no fue fácil. Tras un complicado proceso de publicación inicial, Mike recuperó los derechos del libro y lo dejó reposar durante casi una década.

“Me sentía cómodo siendo un poco cobarde en mi trabajo”, dijo. “Es fácil dibujar a Spider-Man o Batman, porque no hay mucho de ti en ello.”

Mike Hawthorne con sus hijos durante un viaje familiar. (Foto: Cortesía/Mike Hawthorne)

Finalmente, Happiness Will Follow fue publicado por el sello Archaia de BOOM! Studios. El título surge de mirar hacia atrás y reconocer lo que sobrevivió a años de dolor e incertidumbre. Blanca falleció antes de conocer a la familia que Mike formó con su esposa, Despina, y sus hijos, Sophia, Maria y Michael, pero él asegura que su madre sigue influyendo en la vida que logró construir.

“Sus sacrificios tuvieron un propósito”, afirmó.

Mike Hawthorne en una convención de cómics rodeado de su trabajo, tanto independiente como mainstream. (Foto: Cortesía/Mike Hawthorne)

La identidad puertorriqueña de Mike va más allá de sus memorias. Desde el inicio, ha impulsado la presencia latina en los cómics mainstream, aun cuando la industria no lo facilitaba.

Cuando era adolescente, tras ser aceptado en la Pennsylvania Governor’s School for the Arts, un profesor le preguntó si había sido el mejor solicitante o simplemente el mejor solicitante puertorriqueño.

El caricaturista e ilustrador puertorriqueño Mike Hawthorne. (Foto: Cortesía/Mike Hawthorne)

“Fue como un puñetazo en el estómago”, recordó.

Al inicio de su carrera, Mike entendió que las oportunidades para artistas racializados a menudo se consideraban favores en lugar de logros. En lugar de alejarse de su identidad, decidió incorporar personajes y rostros latinos en su trabajo.

En Deadpool, ayudó a crear a Massacre, una versión mexicana del personaje que habla español. También diseñó a la hija de Deadpool inspirándose en Sophia y basó la abuela del personaje en Blanca.

“Intentaba normalizar los rostros latinos en estas historias”, dijo. “No quería personajes latinos que respondieran a estereotipos ridículos”.

Para los lectores latinos y puertorriqueños, ver a alguien como Mike dando forma a íconos culturales estadounidenses desafía la idea de que la representación es secundaria. Demuestra que los artistas latinos ya están construyendo la narrativa. Para Mike, el cambio ocurre cuando se permite que diferentes voces entren en la conversación.

Su primer cómic independiente, Hysteria, presentó un elenco completamente latino y se desarrolló en una versión ficticia de Puerto Rico. Aunque no fue un éxito financiero al principio, demostró que podía hacerlo. Actualmente, regresa a ese universo con Hysteria: One Man Gang, una historia de acción estilo kung fu centrada en Bruce López, un luchador latino que protege una isla caribeña.

Para los jóvenes latinos que no saben por dónde empezar, su consejo es directo: dibujar, tomar todas las clases de arte posibles y llenar un cuaderno de bocetos.

“Consigue un cuaderno y llénalo, como sea que lo hagas”, dijo.

Su fe en el proceso también explica por qué rechaza la inteligencia artificial como sustituto de los artistas. Para Mike, el problema es tanto histórico como económico.

Mientras Impacto conmemora el 250 aniversario de Estados Unidos, la historia de Mike Hawthorne nos recuerda que la historia del país también vive en quienes rara vez ocupan el centro: madres migrantes, familias que sobrevivieron sin apoyo suficiente, niños que transformaron el dolor heredado en arte y creativos puertorriqueños que siguen moldeando la cultura estadounidense desde dentro.

Mike Hawthorne firma obras en una convención de cómics. (Foto: Cortesía de Mike Hawthorne)

A través de su trabajo, Mike da vida a esas memorias en los cómics, la cultura popular y ahora en las páginas de esta edición especial, dejando claro que la representación importa. Es un registro de quiénes estuvieron aquí, qué cargaron consigo y cómo nuestras historias siguen definiendo el país que este aniversario nos invita a recordar.

Raíces sin fronteras: entre dos países y muchas culturas

Mi madre, Ofelia (Q.E.P.D.), mi tía Eustolia, mi hermana Patricia y yo. Entre hilos, enseñanzas y recuerdos de México y Estados Unidos, compartimos una conversación que hoy atesoro como uno de los momentos más hermosos de mi boda.

Hay historias que comienzan con una maleta, la mía comenzó con los sueños de mis padres.

Cuando pienso en mi vida, siempre regreso a la imagen de aquella pequeña niña que cruzó la frontera rumbo a Estados Unidos. No entendía del todo lo que significaba emigrar, pero mis padres sí. Ellos sabían que dejaban atrás una parte de su vida para ofrecerles a sus hijos la oportunidad de construir una nueva.

Desde la década de 1980, Estados Unidos se convirtió en mi hogar. Aquí crecí, formé una familia, encontré amistades que hoy considero parte de mi vida y conocí personas de todos los rincones del mundo. Sin embargo, nunca dejé de ser mexicana.

Ser latina, hispana, mexicana e inmigrante no es una etiqueta. Es la esencia de quien soy. Es el motor que impulsa mi trabajo, mi compromiso con la comunidad y mi deseo de tender puentes entre culturas.

Siempre bromeo diciendo que mi español tiene su propia personalidad. No es el español perfecto que enseñan los libros. Es un español que ha viajado conmigo. Tiene un poco de chilango, un poco de poblano, palabras que aprendí de mis amigos puertorriqueños y dominicanos, expresiones que escuché durante años en los barrios donde crecí y trabajé. Es un español que refleja mi historia.

Durante más de cuatro décadas he tenido el privilegio de convivir con personas de distintas nacionalidades y culturas: africanos, asiáticos, caribeños, anglosajones y muchos más. Esa convivencia me enseñó que la diversidad no nos divide; nos enriquece.

Hoy, cuando veo a mis hijos y a mis nietos, descubro que ellos representan el futuro de nuestra comunidad. En sus venas corre sangre mexicana, puertorriqueña, afromexicana y anglosajona. Son una hermosa mezcla de culturas que demuestra que nuestras raíces no desaparecen cuando se encuentran con otras; florecen.

Con el paso de los años he comprendido que ser inmigrante significa vivir entre dos mundos sin dejar de pertenecer a ninguno. Significa extrañar la tierra donde naciste mientras aprendes a amar la tierra que te recibió. Significa conservar las tradiciones, el idioma, los sabores y los recuerdos, mientras escribes nuevos capítulos para las siguientes generaciones.

A mis padres les debo mucho más que una oportunidad. Les debo el ejemplo del trabajo, la perseverancia, la empatía y el amor por nuestras raíces. Ellos me enseñaron que nunca debemos olvidar de dónde venimos y que el éxito solo tiene sentido cuando también sirve para ayudar a los demás.

Por eso continúo contando historias, apoyando a mi comunidad y compartiendo nuestras tradiciones con mis hijos y mis nietos. Porque nuestras historias merecen ser escuchadas y nuestra cultura merece seguir viva.

Hoy puedo decirlo con el corazón lleno de gratitud: soy orgullosamente latina, hispana, mexicana e inmigrante. Y si pudiera volver a empezar, elegiría el mismo camino una y otra vez, porque cada paso me convirtió en la mujer que soy.

Esta nota es dedicada a todas las mujeres que ayudaron a formarme y lo que ahora soy, gracias a mis ancestros.

Gracias mamá.

Benito’s Message: The day that America recognized itself

It felt like a massive earthquake—transformative, spiritual, and historic—that unfolded at the Super Bowl. A tremor that seemed to shake heaven and earth, reaching deep into the souls of those inside the stadium and the millions watching and listening around the world.

It was as if a prophet had emerged, carrying something called a football, upon which was inscribed the message: “WE ARE ALL AMERICA.”

He opened his sacred book—the book of books—and took us to a place called Puerto Rico, connecting us to historical struggles and to dreams that go far beyond what is known as the American Dream.

He danced, sang, rapped, prayed, and embraced the spotlight for 13 intense minutes, creating a powerful, beautiful, and deeply moving vision of Latin American culture and music.

Even the most hardened by life set aside their habits—their pipes and syringes—while, along with so many others walking that same path, they were transported on a magic carpet that interrupted, even if only for a moment, their daily struggle to survive in this chaotic world. It was, without a doubt, the greatest journey of all journeys.

For those 13 minutes, everyone was honored, everyone was sacred. And this prophet reminded us that we do not need a specific language to understand music and dance, because they are our universal—even intergalactic—forms of communication.

For a moment, the oppressed shook off the chains of racism, sexism, and hate, and instead smiled, shouted, and danced with overflowing hearts.

From Africa to Asia, entire countries began to reinterpret their own realities through this message of love delivered by a prophet from one of the smallest geographies in the world.

Earthquakes always have aftershocks, and sometimes they are as powerful—or even more so—than the original tremor.

As people left Levi’s Stadium in Santa Clara, powerful echoes were already being felt in Colombia, Brazil, Australia, and Japan. Brazil, not easily moved, embraced the moment with its musical soul. In Australia, a Latino presence long overlooked became visible. And in Japan, people were soon singing the lyrics as if they had grown up on Puerto Rican rum, Dominican beer, or tequila.

Racist elements on the far right tried to silence this prophet, demanding that he sing only in English. He responded firmly: “English was not my first language, nor was it the first language of the Americas.” And for the record, the United States has no official language.

The aftershocks have been so powerful and so beautiful that those who preach fear have begun to retreat in the face of this message of love.

Millions have watched these 13 minutes again and again. As I write this, I confess I have watched the performance more than 20 times and have listened to dozens of hours of commentary filled with emotion from every corner of the world.

There were so many signs, symbols, and meanings in those 13 minutes that archaeologists, anthropologists, and social scientists could spend centuries unraveling every layer of this earthquake that shook consciousness, freeing minds, hearts, and imaginations.

A flock of false prophets from the American right tried to overpower him, riding on fear and hate, against a single man—his language, his dreams, his love for all people under the sun.

But they were defeated. Not with hate, but with LOVE.

Today, many are asking how to build and share more of this new religion of hope and freedom.

And this humble prophet reminded us that his journey began with something simple yet powerful: he never stopped believing in himself. And he invited us to do the same… opening the door to a better tomorrow.

July 4, 2026: Between despair and hope

(Foto: Ilustrativa/Pexels)

«It was the best of times, it was the worst of times…» Charles Dickens opened A Tale of Two Cities with those unforgettable words, capturing the contradictions of 18th-century France and England in the years leading up to the French Revolution. It was an age of intellectual progress and Enlightenment ideals, yet also one marked by staggering inequality, widespread poverty, and growing political instability.

Without being overly dramatic, it’s hard not to see echoes of that tension in our own time. Dickens went on to write, «It was the age of wisdom, it was the age of foolishness… it was the spring of hope, it was the winter of despair.» His words still resonate in an era defined by political polarization, rapid technological change, and competing versions of reality itself.

The point is not to draw simplistic historical parallels but to recognize recurring patterns in the way power operates. History rarely repeats itself exactly, but it often rhymes.

Power DynamicLate 18th CenturyToday
Concentration of wealth and influenceAristocracies with inherited privilege and control over resourcesEconomic elites, corporate concentration, and widening inequality
Crisis of political legitimacyMonarchies increasingly viewed as detached from the peoplePolarized democracies, declining trust in institutions, and populist or authoritarian currents
Information and propagandaPolitical pamphlets spreading rapidly with little verificationSocial media platforms and algorithms amplifying both information and misinformation
Social inequalityHeavy taxation and hunger among the lower classesRising living costs, housing shortages, and unequal access to opportunity
Public responseRiots, uprisings, and revolutionary movementsMass demonstrations, digital activism, and deep political polarization

The lesson is not that we are destined to repeat history. Rather, it is that certain structural conditions—extreme inequality, weakened institutions, and fractured public discourse—have historically created fertile ground for instability.

Polarization today is hardly confined to one ideology. Around the world, political movements on both the right and the left, as well as long-standing institutions, are grappling with deep internal divisions. History reminds us that authoritarian tendencies are not exclusive to any one political philosophy.

Whenever power becomes concentrated, accountability erodes, and dissent is treated as a threat rather than an essential feature of democracy, democratic norms begin to weaken.

Economic power also deserves attention. Today’s concentrations of wealth—whether expressed through multinational corporations, media ecosystems, or financial influence—can shape public debate and public policy in ways that would have been unimaginable centuries ago, yet they often reflect familiar patterns of elite influence.

On this Fourth of July, we celebrate far more than a date on the calendar. We celebrate an extraordinary political experiment built upon the principles of liberty, equality, and self-government. Those ideals were boldly expressed in the Declaration of Independence here in Philadelphia in 1776 and later strengthened through the Constitution, creating a framework designed not only to establish a nation but to preserve those ideals for future generations.

Yet history is never finished. Every generation rewrites it through its choices, its civic engagement, and its willingness to defend democratic institutions.

I often think of Marcus Aurelius, the Roman emperor and Stoic philosopher, whose reflections remain remarkably relevant. We do not possess the past because it has already slipped away. We cannot claim the future because it has not yet arrived. The only time we truly own is the present—and that is where our responsibilities, our opportunities, and our lives unfold.

There is something profoundly reassuring about that perspective.

This summer, Philadelphia welcomed the world as one of the host cities of the FIFA World Cup. We celebrated together, shared our city’s warmth, and showcased what makes our communities special. Moments like these remind us that beyond politics and disagreement, we remain connected through family, friendship, neighborhood, and shared experience.

As we gather with loved ones to celebrate Independence Day, we should also renew our commitment to the values that unite us: civic responsibility, democratic participation, respect for one another, and hope for the future.

Happy Fourth of July. Cherish the present, stay engaged, and never lose hope.