
Estas recientes elecciones de medio término fueron un rotundo referéndum de rechazo al presidente Trump y a la actitud pasiva y servil de las políticas republicanas de la Cámara y el Senado federales. Esta sorpresiva victoria demócrata marca el porvenir de una nueva ruta en la política estadounidense.
Las estrellas electorales fueron las minorías: Michigan, El-Sayed, de ascendencia árabe; Nuevo Hampshire, Chris Pappas, de la comunidad LGBTQ+; Georgia, Keisha Lance Bottoms, afroamericana; Florida, Byron Donalds, afroamericano; Texas, Gina Hinojosa, latina; Nuevo México, Deb Haaland, nativa americana; California, Xavier Becerra, latino; y Nevada, Aaron D. Ford, afroamericano. Aún están pendientes los resultados de Alaska, donde Mary Peltola (D), de la comunidad indígena yup’ik, lidera la contienda por un escaso margen del 0,29 %.
El pueblo estadounidense demostró su madurez electoral. No abdicó ante los miedos de la demagogia republicana. Sépase que este giro sorpresivo es irreversible. Es un augurio de lo sorprendentes que podrían ser las elecciones generales de 2028. Ese llamado «tsunami azul» fue un fenómeno social orgánico que demostró que al electorado estadounidense no le tiembla la mano cuando se trata de su bienestar social y su seguridad económica. En 2016, Trump fue electo precisamente por su enfoque de «America First». El electorado confió en su promesa de bienestar.
Diez años después (2026), «America First» resultó ser un fiasco social, político y económico. El pueblo le pasó factura y le propinó una vergonzosa derrota electoral.
El Partido Republicano ahora está inmerso en una cacería de culpas por la pérdida de la Cámara y el Senado. Les toca revisar y redefinir sus posturas políticas e incluso buscar nuevas caras que se distancien del ciego fanatismo trumpista. Esto debe servir de advertencia para que los victoriosos demócratas sean fieles a sus promesas de campaña. Además, no se puede ignorar lo ocurrido dentro del Partido Demócrata.
Conservadores, socialistas demócratas y demócratas de centro convergieron, al parecer, de manera orgánica. No hay duda de que, con esta interesante composición política, los demócratas tendrán que ser muy cuidadosos para mantener esta aparente «convivencia pacífica» y lograr otra victoria electoral en 2028.
El electorado estadounidense tiene claros sus intereses y, al momento de votar, votará por aquellos y aquellas que gobiernen para el bien común, sin importar ideologías políticas, trasfondo cultural, preferencias de género ni si son rojos o azules.
Vale decir que estas elecciones históricas de medio término deben ser el modelo para nuestro pueblo latino. Nos urge dejar de tomar decisiones políticas por preferencias ideológicas o religiosas. Hay gente buena en todos los bandos y, cuando nos abrimos a las posibilidades de la esperanza, los prejuicios se caen, se abren los abrazos y reencarna la esperanza.





