El presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, se dirige a sus simpatizantes en un evento de celebración por el 21ro aniversario del regreso al poder del fallecido presidente Hugo Chávez, tras un intento fallido de golpe de Estado, en Caracas, Venezuela, el 13 de abril de 2023. Según un comunicado gubernamental del martes 4 de julio de 2023, Venezuela notificó oficialmente a la Corte Penal Internacional, con sede en La Haya, que recurrirá la decisión de reanudar la investigación por presuntos crímenes de lesa humanidad por la actuación de las fuerzas del orden en las protestas de 2017. (Foto: AP/Jesús Vargas/Archivo)

Buenos Aires, Argentina- Dicen los psicólogos que la tristeza es un estado anímico que ocurre por un acontecimiento desfavorable, que suele manifestarse con signos exteriores como el llanto, el pesimismo, la melancolía, la falta de ánimo, la baja autoestima, entre otros estados de insatisfacción, y eso es precisamente lo que le está pasando a muchos de los hermanos latinoamericanos que aún siguen habitando los distintos suelos castigados por las dictaduras y los desgobiernos.

No es nada difícil observar cómo millones de personas, habitantes sufridas de la vida, navegan en la incertidumbre de no saber qué pasará mañana con ellos; con qué nueva mala noticia se encontrará cuando se despierte y abra los ojos que se cerraron con quién sabe qué ilusiones; qué pasará con la educación de sus hijos, con la salud de su familia, con el trabajo donde apenas le pagan y tal vez los grandes dueños estén pensando en  irse a otras tierras más fructíferas y emplazarse en la paz que no tienen en la actualidad.

Latinoamérica, lamentablemente, está plagada de injusticias. Es cierto, esta regla no es general, existen países donde es agradable vivir. Donde la economía está equilibrada, donde la inflación está controlada, donde los encargados de llevar el gobierno a un lugar privilegiado cumplen acabadamente con sus funciones.

Hay tres o cuatro casos emblemáticos de lo que es el mal: La cruel dictadura de Nicaragua con un déspota Daniel Ortega atornillado en el poder desde hace casi 32 años sin importarle otra cosa que su fanatismo por lo prohibido; con cárceles repletas de presos políticos y de pobre gente que como llevan único pecado el hecho de no pensar como él.

Caso parecido a Venezuela, donde Nicolás Maduro incrementó el castigo al pueblo que ya aplicaba su antecesor, el también dictador Hugo Chávez. Ambos se encargaron de quitarle las sonrisas al pueblo venezolano e imbuirlos en la tristeza más absoluta.

Ostentando el deshonor de ser el país con mayor inflación del mundo, con un valor dólar inalcanzable para cualquier calculadora familiar y ocultando y matando inocentes que ya no saben lo que significa la palabra futuro.

Allí también aparece Cuba, con la bandera de un comunismo que nada tiene que ver con el de antes. Vergüenza en sus procederes, animosidad con el pueblo, miseria que nada tiene que ver los paisajes que visitan los turistas con dólares que no benefician precisamente al pueblo cubano.

También México y sus timideces, un Perú con convulsiones, la Bolivia de Luis Arce que no sabe cómo controlar la estabilidad que sigue en terapia intensiva, Guatemala y sus problemas en seguridad pública, corrupción y justicia penal y aquí aparece Argentina.

Un país destruido, con políticos que luchan exclusivamente para hacerse impunes y millonarios, con la tercera inflación más alta del mundo, con el dólar a un precio inalcanzable que hace que todo sea caro para los habitantes y super económico para todo aquel que quiera tomarse un avión y aterriza en el moderno aeropuerto de Ezeiza.

Con una absoluta dependencia al Fondo Monetario Internacional y al gobierno de China, que manda plata a toneladas con la única condición que no sea devuelta, la forma de cobro es instalar centrales nucleares, invadir el mar argentino y depredarlo completamente con la complicidad de quienes deberían cuidarlo.

Por todo esto y por otras tantas cosas, es que la tristeza invade a estos pueblos y a otros más y nadie hace algo positivo para que la situación cambie. Quienes deberían hacer algo para que todo cambie están muy ocupados en sus situaciones personales.

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