Diáspora puertorriqueña Fairhill Park 2019. Cortesía Vanessa María

Filadelfia, PA – Decían los abuelos tiempo atrás al acento del café y la caña, que no hay mal que dure cien años ni cuerpo que lo resista. Pero, hay una excepción y esa excepción es Puerto Rico. Decíamos en el comentario de la semana pasada que Puerto Rico sufrió 400 años bajo el coloniaje español y lleva sufriendo 120 años bajo el coloniaje estadounidense.

Me consta que este planteamiento no es muy popular en el vivir diario de la diáspora de la comunidad puertorriqueña, como tampoco en la Isla. El asunto es que después 525 años de intentar matar el alma de un pueblo, ese pueblo asume -por desinformación y deformación- actitudes y conductas que van en beneficio del colonizador y detrimento de mismo colonizado. Incluso, en el plano general de la población colonizada, esta no encuentra valor en sí misma porque tiende a asumir los valores del colonizador. Su identidad le ha sido desdibujada, el colonizador le ha hecho creer que su esperanza y progreso dependen de la benevolencia de la metrópoli colonizadora.

Todo lo que hace la metrópoli por la colonia siempre girará en mayor beneficio de la metrópoli. El colonizado siempre recibirá una fracción (muy pequeña si acaso) de toda la ganancia que genera la colonia y el colonialismo. Mientras exista esa malsana relación peor le irá al colonizado.

Cualquier similitud con la isla de Puerto Rico, no es coincidencia. Puerto Rico es una colonia y es la más antigua del mundo. Por cuanto esa condición colonial siempre va en detrimento moral, económico, político y espiritual de los nacionales del territorio invadido, lo que se torna en una relación injusta y criminal, e incluso raya en lo diabólico.

El “gobierno” de Puerto Rico, que más que gobierno es un grupo de ineptos y corruptos que payasamente intentan gobernar, y astutamente se roban el presupuesto asignado al pueblo, dependen del fondo federal que anualmente el Congreso estadounidense le asigna para administrar su colonia. Ese “gobierno” ya para inicios de la década de los 70s, comenzó a dejar ver su costura corrupta, y para comienzos del tercer milenio (en el año 2000) la corrupción era ya su “modus operandi”. Es evidente que la colonia venía en picada política y económica, al punto que creó una deuda de más de $200 mil millones.

La colonia quebró. El sueño del Estado Libre Asociado y sus grandes promesas de pan, tierra y libertad se esfumaron y dejaron al pueblo en la intemperie, a merced de un Congreso insensible y de buitres políticos, destajando así los sueños y esperanzas de nuestro pueblo. Millares de puertorriqueños se vieron forzados a salir de su patria en busca de mejores oportunidades de empleo. Es evidente que el modelo económico neoliberal-colonial ha sido un fracaso. Se impuso una Junta Fiscal, que más que fiscalizar, se impuso para cobrar. En todo este desbarajuste los puertorriqueños no tenemos la soberanía que se necesita para explorar nuevos modelos económicos, y hacer los reajustes políticos necesarios para salir de la crisis. El no tener soberanía implica que deciden por nosotros, gobiernan para nosotros; quieren lo mejor para nosotros, ¡pero sin nosotros!

Somos nosotros, la diáspora boricua, que ya llevamos más de cien años de presencia en este país. Que constituimos una comunidad de 5.6 millones de personas. Que hemos conocido el monstruo del coloniaje porque vivimos en las entrañas de ese monstruo. Que sentimos una fuerte pasión para que se haga justicia en nuestra patria. Que hemos sabido mantener y afirmar nuestra puertorriqueñidad. Hay quienes la distancia de la patria nos ha hecho amarla y añorarla más. Porque hemos aprendido a entender cómo se bate el cobre acá en los “niuyores” y en los pasillos del Congreso.

Tenemos una responsabilidad histórica de levantarnos con toda la pasión y sentido de justicia, y luchar por erradicar el colonialismo de nuestra Isla. Puerto Rico tiene que ser descolonizado y en esta nuestra diáspora, cuenta en su pecho con miles de jóvenes, de hombres y mujeres, familias boricuas, que hemos tomado conciencia de nuestro rol para la eventual descolonización de Puerto Rico.

Hemos probado nuestra capacidad y calidad de liderazgo. Tenemos gente nuestra en el Congreso, en la Corte Suprema, en el Consejo de nuestras ciudades, maestros y líderes en todo el espectro del liderazgo y nos hemos probado en batalla. Tenemos todos los elementos necesarios para alcanzar la necesaria y eventual descolonización de Puerto Rico. Sepa todo el mundo que sin la diáspora esto no será posible. Desde la diáspora boricua nos unimos al canto de nuestro Tony Croato, “Yo soy tuyo Puerto Rico, para lo que quieras mandar.”

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