Kamala Harris, entonces candidata demócrata a la presidencia y senadora, pronuncia un discurso durante la cumbre Unions for All de SEIU en Los Ángeles, California, Estados Unidos, 4 de octubre de 2019. EFE / EPA / ETIENNE LAURENT / Archivo

La comunidad india y negra están de fiesta y no es para menos. El pasado 11 de agosto el presunto candidato demócrata a la presidencia, Joe Biden, nombró a la Senadora Kamala Harris como su compañera de papeleta para las elecciones de noviembre 3 de 2020.  

Kamala Harris, hija de inmigrantes, su madre de la India y su padre de Jamaica es graduada de la prestigiosa Universidad de Howard y su formación política la solidifica con sus padres que siempre estuvieron involucrados en el movimiento de los derechos civiles. Kamala se dio a conocer más durante su candidatura para la nominación demócrata a la presidencia, y fue una de las que más confrontó a Biden en los debates. Antes de su elección al Senado federal en 2016 fue electa Fiscal de Distrito en San Francisco en 2003 y en 2010 Fiscal General del estado de California. 

Su actividad senatorial en el Congreso se ha distinguido por su apoyo a la reforma de salud, la remoción del cannabis como sustancia controlada, la promoción de la ciudadanía para los inmigrantes indocumentados, el DREAM Act, la prohibición de armas de asalto y la reforma fiscal progresiva. La “tía Kamala”, como ya le llama la comunidad india, se constituye en más que una candidata, en una esperanza para los millones de inmigrantes que también somos parte de esta nación. 

Lo histórico de esta nominación a la vicepresidencia es por su ascendencia inmigrante, su color de piel y por ser mujer. Tres elementos que pueden causar urticaria política y social para muchos estadounidenses, especialmente para la comunidad supremacista blanca, y de racistas evangélicos. Encontrar estos tres elementos en un candidato viable para una candidatura de tan alto nivel es inédito. 

Con una candidata como ella, las elecciones de noviembre 2020 se tornan aún más interesantes y significativas, sobre todo muy restantes para el inquilino de la Casa Blanca. Trump no sabe qué hacer con esta nominación, pues Kamala no es “demócrata socialista”, sino que sus posturas son de tendencia moderada y de centro. Así mismo su trasfondo cultural constituye un mensaje claro e inclusivo de la campaña de Biden, contrario al exclusivismo racial de la campaña de Trump. Kamala es una cara que se parece más a las que se ven en nuestros barrios. Es real la posibilidad que su nominación estimule una participación electoral sin precedentes, sobre todo en estados importantes como Wisconsin, Michigan, Ohio, North Carolina y Pennsylvania. 

Biden-Harris en la papeleta presidencial del 2020 es un claro e intencional mensaje de que los Estados Unidos de América no es un país homogéneo con el predominio del ideal anglosajón, sino una amalgama de culturas y nacionalidades que representan la verdadera cara de lo que es esta nación. 

Trump se ha referido a ella como “nasty” (asquerosa), «mean,» (mala) «disrespectful» (irrespetuosa) lo cual raya en un comentario hasta racista, especialmente contra una mujer de tez oscura. Por supuesto, Kamala aparte de tener la piel oscura también la tiene de teflón. Ya en la aceptación de su candidatura se creció como una sólida contrincante que no se amedrenta ante nadie. Veremos esa temeridad el 7 de octubre próximo, cuando se enfrente a Mike Pence en el debate de la vicepresidencia. Creo que allí se crecerá aún más. Su valentía, su aguda capacidad intelectual y su orgullo por quien representa, la califica mucho más ante los ojos del electorado femenino, negro, indio y del electorado inmigrante en general.

Por eso la alegría y la celebración de este hito histórico no debe limitarse las comunidades de donde es descendiente, sino a todas las comunidades migrantes y las de puertorriqueños y latinoamericanos incluidos. Kamala Harris es la realización del sueño de los inmigrantes, y más aún, es el anuncio irreversible y profético de que la nación estadounidense cambió de piel. Que sí, que es posible que los millones de inmigrantes que conforman esta nación podamos seguir empujando por mayor representación política en todos los niveles de gobierno. Eso es lo revolucionario de esta candidatura. 

Como latinos y puertorriqueños debemos asumir el rol que la historia nos pone delante. Tanto aquí en Pennsylvania como en otros estados hay que salir a votar como nunca y los que no están inscritos deben hacerlo cuanto antes. En estas elecciones nos jugamos el futuro de nuestra comunidad latinoamericana. 

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