Estamos a poco más de dos meses para las elecciones del 3 de noviembre del 2020. Las encuestas suenan por todos lados dando ventaja al candidato demócrata, Joe Biden. Una reciente encuesta nacional posiciona a Biden con un 66% del voto latino a favor y deja a Trump con un débil 24%. También, varias personalidades del Partido Republicano han expresado públicamente, que votarán por la dupleta Biden-Harris. Todo esto suena muy interesante y prometedor, pero en el plano de lo humano nada está escrito en piedra. Por eso es supremamente importante que entendamos el ejercicio del voto y lo que esto implica para el futuro de nuestra comunidad y nuestras futuras generaciones.

Los Estados Unidos de América es la primera nación en la historia de la humanidad que establece un sistema de gobierno republicano-constitucional basado en la participación electoral del pueblo como entidad electora. Este principio del voto universal ha ido evolucionando a lo largo de los últimos 244 años de historia política estadounidense.

A comienzos de la República en1776, sólo los adultos blancos tenían derecho al voto y sólo si tenían propiedad de tierra, dejando excluidas a tres comunidades muy importantes de la sociedad como lo eran las mujeres, los esclavos y los nativos americanos. En 1870 se ratificó la decimoquinta (15) enmienda a la Constitución, que establece el derecho al voto de todo ciudadano, independientemente de su raza, color o previa condición de servidumbre. A pesar de ello, algunos estados de la Unión añadían otros requisitos para el sufragio, como por ejemplo pagar impuestos y saber leer.

Previo a ello, en julio de 1848, en el pueblito de Seneca Falls, NY, se celebró la Convención ProDerechos de la Mujer, organizada por Elizabeth Cady Stanton y Lucretia Mott; dos fervientes activistas, luchadoras contra la esclavitud, reformadoras sociales y pacifistas. En esa convención estuvo la célebre Charlotte Woodward, tenía 19 años y fue una de las 68 mujeres firmantes de la Declaración de Seneca Falls. De todas ellas y ya con 91 años, fue la única que tuvo la oportunidad histórica de ver cuando se pasó la decimonovena (19) enmienda en 1920, que le daba a la mujer el derecho al voto nacionalmente.

Esas mujeres lucharon con fervor por su justa participación en los asuntos de su nación. Esto tuvo un precio, fueron demonizadas y odiadas por una sociedad machista que las relegaba a una posición de servidumbre y aislamiento. Pero ellas lucharon contra viento y marea, y afirmaron:

“que todos los hombres y mujeres son creados iguales; que están dotados por el Creador de ciertos derechos inalienables, entre los que figuran la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad; que para asegurar estos derechos son establecidos los gobiernos, cuyos justos poderes derivan del consentimiento de los gobernados. Siempre que una forma de gobierno atente contra esos fines, el derecho de los que sufren por ello consiste en negarle su lealtad y reclamar la formación de uno nuevo…” (Declaración de Seneca Falls).

¡Que hermosa declaración! Aun después de 152 años, su llamado sigue siendo vigente y pertinente para nosotros los puertorriqueños y latinoamericanos.

Tenemos que renunciar a la complacencia y a la ignorancia. Tenemos que educarnos sobre nuestros derechos y responsabilidades sociales y políticas. El voto en esta República en la que vivimos, no sólo se ejerce para elegir gobernantes, también y sobre todo se ejerce como marca de existencia. Literalmente podemos decir, si no votas no existes, si no votas te votan.  El voto es una herramienta de poder y de influencia en el futuro de nuestras comunidades. Por ejemplo, el martirio que nuestros indocumentados están sufriendo es muy duro.Tener que sufrir la separación de familias y ser criminalizados por ser indocumentados es una vergüenza para nuestra democracia. Que en pleno siglo 21 estén persiguiendo a nuestros hermanos como perseguían los nazis a los judíos es un bochorno. Los que podemos ejercer el voto, podemos cambiar esas leyes inmorales y hacer que nuestras comunidades tengan mejores escuelas, mejor educación y mejores viviendas; menos criminalidad, menos drogadicción y menos corruptos en el gobierno. Ejercer el voto puede cambiar el curso de la historia para que sople a nuestro favor y en estas elecciones eso es lo que está en juego.

Por eso salga a votar o vote por correo. No se haga el de la vista larga. No votar implica que nuestras comunidades latinas y puertorriqueñas seguirán cantando la misma y vieja canción de la cigarra.

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