Al frente desde la izquierda: el representante estatal demócrata de Michigan Donavan McKinney, la representante demócrata por Nueva York Alexandria Ocasio-Cortez, el candidato en las primarias senatoriales por Michigan Abdul El-Sayed, el senador independiente por Vermont Bernie Sanders, el presidente de la United Auto Workers Shawn Fain, y la represenante demócrata por Michigan Rashida Tlaib, en un evento para El-Sayed, en Detroit, el 18 de julio del 2026. (Foto: AP/Jose Juarez)

Es posible que el movimiento progresista ya haya alcanzado su apogeo en las elecciones de mitad de mandato de 2026. O quizá este sea el comienzo de un giro mucho más poderoso, a medida que los votantes, ansiosos de cambio, deciden abrazar el populismo de extrema izquierda a escala nacional.

Depende de a quién se le pregunte dentro de un Partido Demócrata indudablemente atrapado en un tira y afloja entre progresistas envalentonados que exigen cambios radicales y el establishment pragmático.

Los progresistas esperan que su candidato más reciente en Maine, el exlegislador estatal Troy Jackson, asegure la nominación demócrata el sábado para reemplazar a Graham Platner en la boleta de noviembre, lo que le daría al partido la oportunidad de recuperarse de la caída de Platner a principios de este mes. Luego se vienen las primarias senatoriales de agosto en Michigan y Minnesota, contiendas que dejan al relieve las divisiones del partido a menos de cuatro meses de las elecciones de mitad de mandato. Los tres estados serán importantes en la lucha por el control del Senado, lo que muestra la necesidad de decidir a quién nominar.

“Estamos viendo que el péndulo se mueve de derecha a izquierda. De eso trata, en última instancia, esta elección», declaró Joseph Geevarghese, director de Our Revolution, la organización progresista fundada hace una década por el senador de Vermont Bernie Sanders. «Estamos en un momento de transición en la política nacional”.

Al otro lado del partido, líderes del establishment, incluida la dirigencia demócrata en la Cámara de Representantes y el Senado, creen que el impulso del movimiento progresista terminará perjudicando las posibilidades del partido. Los demócratas están en posición de ganar el control de al menos una cámara del Congreso, dadas las bajas tasas de aprobación del presidente Donald Trump, la impopular guerra en Irán y la inflación.

Matt Bennett, cofundador del grupo demócrata centrista Third Way, se cuenta entre quienes luchan por impedir que el ala progresista ascendente de su partido socave sus posibilidades en las elecciones de mitad de mandato.

“Es un error enorme y un riesgo enorme que estén involucrados en un esfuerzo por empujar al partido hacia la izquierda”, sostuvo Bennett. La extrema izquierda de Sanders, agregó, “no es lo que Estados Unidos está pidiendo”.

Los votantes decidirán en última instancia quién tiene razón y los resultados podrían moldear la política pública y la dinámica política dentro del Partido Demócrata durante años.

Mientras tanto, mientras los demócratas del establishment se preocupan desde Washington, Sanders y sus aliados, como la representante Alexandria Ocasio-Cortez, están recorriendo estados clave para canalizar la energía de las bases del partido.

Los republicanos están observando con regocijo.

“Los socialistas han pasado de ser un espectáculo secundario en el Partido Demócrata a ser el evento principal”, declaró Bernadette Breslin, portavoz del Comité Senatorial Republicano Nacional.

Apoyo a progresistas en Michigan y Minnesota

Sanders arremetió contra los multimillonarios y las corporaciones el lunes por la noche en Minneapolis, mientras hacía campaña por Peggy Flanagan, vicegobernadora de Minnesota, quien se ha alineado con su movimiento populista en la disputada primaria de Minnesota para el Senado.

“Cuando ustedes se enfrenten a estos multimillonarios, como lo harán, y cuando los derroten, llevarán esperanza e inspiración a personas en todo nuestro país y, de hecho, en todo el mundo”, indicó Sanders.

Flanagan se enfrenta a la representante Angie Craig, respaldada por buena parte del establishment del partido, en una contienda que ha atraído millones de dólares de super PAC y otros grupos independientes.

“Quiero que sepan que tenemos una oportunidad de cambiar la manera en que funciona Washington”, señaló Flanagan.

Cuando terminaron, Sanders, Flanagan, la representante Ilhan Omar y la senadora Tina Smith, que se retira, se tomaron del brazo mientras “Power to the People”, de John Lennon, retumbaba en los altavoces.

La escena fue similar un día antes en Michigan, donde Sanders, Ocasio-Cortez y otros progresistas hicieron campaña con Abdul El-Sayed, a quien muchos demócratas centristas temen sea demasiado de izquierda para un escaño que los demócratas deben ganar en un estado clave.

El movimiento progresista también ha sufrido reveses

Decenas de candidatos progresistas en distintos niveles de la boleta alineados con Sanders —incluidos más de 30 respaldados por los Socialistas Democráticos de Estados Unidos— han ganado contiendas por la nominación demócrata en las últimas semanas, en algunos casos derrotando a congresistas establecidos.

Sin embargo, ha habido reveses, y ninguno más doloroso para el movimiento progresista que el desplome de Platner en Maine.

Platner, un discípulo de Sanders y recién llegado a la política que arrasó al gobernador en funciones de Maine en la primaria demócrata para el Senado, se vio obligado a abandonar la contienda hace poco más de una semana ante una acusación de agresión sexual por parte de su expareja. Platner ha negado la acusación, que muchos aliados consideraron creíble.

Geevarghese describió la situación como “un bache en el camino” que no causaría un daño duradero al movimiento progresista en general.

El representante Ro Khanna, demócrata por California, una figura con proyección presidencial para 2028 alineada con el ala progresista, reconoció que cometió un error al apoyar a Platner cuando se sabía tan poco sobre sus antecedentes.

“Es una lección importante: estar más atentos a las señales de alerta de los candidatos”, apuntó Khanna al insistir en que el movimiento progresista “es mucho más grande que cualquier individuo”.

“A pesar de ser un candidato muy defectuoso, la plataforma de Medicare para todos, no a las guerras en el extranjero y gravar la riqueza de los multimillonarios era tan fuerte que le fue bien», sostuvo Khanna sobre Platner. «Ningún candidato es una prueba para el movimiento progresista”.

Pero las repercusiones de la campaña de Platner reavivaron un debate de larga data entre figuras del establishment demócrata sobre si el ala progresista del partido está perjudicando sus posibilidades de ganar contiendas competitivas en elecciones generales.

La división ha sido especialmente evidente en el Senado, donde algunos senadores de base han respaldado a candidatos progresistas en desacuerdo con Schumer y otros líderes del partido. El colapso de Platner desató reproches y llevó a algunas figuras del establishment a intervenir más activamente en otras primarias competitivas.

En Michigan, por ejemplo, el senador Gary Peters respaldó a Haley Stevens la semana pasada después de haber dicho previamente que no se involucraría.

“Sí queremos tener candidatos que hayan sido examinados a fondo compitiendo en estas contiendas de alto perfil”, aseguró Peters.

Bennett, de Third Way, sostiene que todo se reduce a ganar en noviembre. Eso no significa que es imposible que los demócratas ganen con un nominado como El-Sayed en la boleta.

“En este ciclo, con la guerra recrudeciendo otra vez, cualquiera podría ser capaz de derrotar a un republicano en un lugar como Michigan”, afirmó. “Pero será más difícil”.

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