Un manifestante ondea una bandera nacional durante una protesta por el manejo de las vacunas COVID-19, en Buenos Aires, Argentina. Febrero 27, 2021.( Foto: VOA/ AP).

MARACAIBO, VENEZUELA. – La salida de Argentina del Grupo de Lima obedece a la visión ideológica del gobierno de turno, el del presidente izquierdista Alberto Fernández, y es un reconocimiento formal de su inactividad en la organización continental, apuntan expertos en política exterior.

La cancillería argentina anunció el miércoles que no participaría más del Grupo de Lima, creado hace cuatro años para buscar una solución pacífica a la crisis venezolana, criticando sus actuaciones contra el gobierno de Nicolás Maduro.

Las acciones de la agrupación de gobiernos de la región americana han buscado “aislar al Gobierno de Venezuela y a sus representantes”, y “no han conducido a nada”, opinó el ministerio argentino de relaciones exteriores en un comunicado.

Bruno Tondini, profesor de derecho internacional de las universidades Católica y Nacional de La Plata, Argentina, asegura que la cancillería de su país se rige por las visiones ideológicas del gobierno de turno en casos como el venezolano.

“En mi país, la cancillería, si bien tiene un cuerpo diplomático de formación profesional, no tiene estas políticas de Estado y continúa las visiones de la gestión de turno”, expone en entrevista con la Voz de América.

Recuerda que la adhesión de Argentina al Grupo de Lima ocurrió durante la presidencia del derechista Mauricio Macri. Cree que Fernández sigue la guía política de la expresidenta, hoy vicepresidenta, Cristina Fernández de Kirchner, de reconocida simpatía con el proyecto político de Hugo Chávez y Maduro.

“Tiene una impronta de cercanía con Maduro. Cada gestión en la Argentina, en función de su perspectiva ideológica, toma intervención en los conflictos internacionales”, como el venezolano, sostiene Tondini.

Admisión «formal»

La salida de Argentina del Grupo de Lima debe interpretarse como la formalización de la inactividad en él del gobierno de Fernández durante los últimos meses, según Geoff Ramsey, director para Venezuela de la Oficina en Washington para Asuntos Latinoamericanos, WOLA, por sus siglas en inglés.

“Es un reconocimiento formal de lo que ya estaba en marcha. En vez del Grupo de Lima, Argentina se ha unido al Grupo Internacional de Contacto, que tiene una visión más enfocada en la necesidad de una transición pactada en Venezuela”, apunta en entrevista con la Voz de América desde Washington.

El Grupo Internacional de Contacto lo integran desde 2019 países de América Latina y la Unión Europea, con un enfoque centrado en el diálogo entre las partes en conflicto en Venezuela para lograr la transición política.

Argentina, que el miércoles reiteró su compromiso con “soluciones pacíficas, democráticas y respetuosas” de asuntos internos de cada Estado, anunció en agosto del año pasado su incorporación al Grupo Internacional de Contacto.

Tondini, por su parte, destaca entre las diferencias entre el Grupo de Lima y el de Contacto el arraigo histórico de sus integrantes con Venezuela.

“La influencia del Grupo de Lima es fundamental en atención a que son Estados conscientes de la situación institucional de Venezuela. Europa interviene con una visión mucho más institucional. Está empezando a mirar a América como una posibilidad cierta de tener influencia sobre el continente”, analiza.

Milos Alcalay, exembajador de Venezuela ante las Naciones Unidas, considera que Fernández ha oscilado frente a la crisis venezolana entre “las presiones del kirchnerismo” y una línea más moderada, que encarnaría el mandatario.

“Hay como un péndulo. En este momento, hay una sinceración de la Argentina por estar más con el Grupo de Puebla, la tendencia del Foro de Sao Paulo”, en referencia a movimientos de la izquierda iberoamericana, dice a la VOA.

«Los viudos del chavismo»

Alcalay, diplomático de carrera, opina que el retiro de Fernández ocurre en momentos de “crisis interamericana”, con la vuelta al poder del izquierdismo en Bolivia, la eventual ascensión a la presidencia de un candidato de esa tendencia en Ecuador y la posible candidatura de Luiz Inácio Lula da Silva en Brasil.

“Pareciera que hay una euforia de reconvertir las líneas de las viudas y los viudos del chavismo colapsado”, estima. A su juicio, la decisión es “positiva” porque demuestra que la Casa Rosada dejó de ser un integrante neutral del Grupo de Lima y lo que llama “un caballo de Troya”.

Anticipa, asimismo, que los representantes argentinos tendrán “conflictos” en el Grupo Internacional de Contacto con aquellos gobiernos que están convencidos de que el de Maduro es un sistema antidemocrático y corrompido.

Ramsey valora, por su lado, que Argentina notó “cierta inercia” en el Grupo de Lima y, por el contrario, observó que el Grupo de Contacto organiza visitas in situ y trabaja más activamente en los asuntos humanitarios en Venezuela.

“Es básicamente un reconocimiento del hecho de que el Grupo no ha sido tan activo como el Grupo de Contacto. No es solo Argentina la que ha salido del consensus de Estados Unidos y varios países, como Colombia y Brasil, que todavía son miembros”, comenta sobre la decisión comunicada el miércoles.

Recuerda que otros gobiernos integrantes del Grupo de Lima, como los de República Dominicana y Panamá, han retirado su reconocimiento a los embajadores y delegados de Juan Guaidó, líder opositor considerado como presidente interino de Venezuela desde enero de 2019 por al menos 50 países.

La salida de Argentina, juzga Ramsey, “debilita la posibilidad de canalizar conversaciones regionales” a través del Grupo de Lima que apunten a negociaciones políticas con logros concretos en el país suramericano.

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