En esta imagen del 18 de abril de 2018 se ve la finca del Mar-a-Lago del entonces presidente Donald Trump en Palm Beach, Florida. (Foto: AP/Pablo Martinez Monsivais/Archivo)

Washington, EE. UU. — Habitaciones cerradas, bolsas selladas y —en las circunstancias más raras— la capacidad para esposar a un mensajero con una bolsa de documentos para que transporte los secretos nacionales.

Esas son algunas de las maneras en las que el Capitolio de Estados Unidos mantiene protegidos los documentos clasificados, un complicado sistema de protocolos gubernamentales y permisos de seguridad de alto nivel, que marcan un contraste colosal con la habitación en la casa de Donald Trump en Mar-a-Lago, en Florida, donde el mandatario guardaba ese tipo de secretos oficiales.

A medida en que se profundiza la investigación del Departamento de Estado sobre la posesión por el expresidente republicano de materiales de la Casa Blanca, los legisladores de ambos partidos tienen más preguntas que respuestas.

Los senadores dijeron que funcionarios de inteligencia han ofrecido ofrecer un informe a los líderes del Congreso, posiblemente la semana próxima, cuando inician una evaluación de riesgos. El Congreso había pedido la sesión informativa poco después de conocerse el allanamiento sin precedentes del 8 de agosto, pero pudiera ser aplazada por una batalla legal entre Trump y el gobierno.

“Necesitamos poder hacer una supervisión apropiada para la Comisión de Inteligencia a fin de poder tener una mejor comprensión de cómo se manejó este incidente específico y para prevenir problemas como este en el futuro”, afirmó el senador republicano John Cornyn.

Una cultura del secreto pudiera no ser algo esperado del Capitolio, donde 535 congresistas electos, junto con miles de asistentes e innumerables visitantes, intercambian información diariamente como una parte de la rutina de gobernar.

Secretos grandes y pequeños —desde los detalles más mundanos sobre cuándo se programará una votación hasta las intrigas de las alianzas transicionales — están entre las monedas más valiosas en el lugar.

Pero cuando se trata de material clasificado, el flujo de información se cierra.

Los legisladores que sirven en las comisiones de inteligencia de ambas cámaras están tradicionalmente entre los más discretos sobre sus trabajos. El personal que trabaja en esos paneles debe obtener permisos de seguridad para manejar los documentos y realizar su trabajo. Otros que trabajan en comisiones relacionadas con asuntos militares y ciertos fondos de seguridad nacional enfrentan restricciones similares.

Cuando un congresista quiere examinar material clasificado, desciende a lo profundo del sótano del Capitolio a una instalación de información delicada compartimentada, conocida como SCIF. Otras SCIF están esparcidas por el complejo el Capitolio.

Si los documentos tienen que ser llevados a sitios protegidos, usualmente son transportados en una bolsa cerrada con llave.

El senador demócrata Bob Casey, miembro de la Comisión de Inteligencia, dijo que el personal a menudo usa una bolsa así para transportar materiales de las oficinas de la comisión a una SCIF a apenas unos 9 metros (30 pies) de distancia.

“La idea de que alguien vaya a salir de un edificio o una habitación con esos documentos no asegurados es simplemente, la palabra es inimaginable”, recalcó Casey en una entrevista.

En ciertos casos, una bolsa de documentos puede ser esposada a la muñeca de un mensajero para un viaje, aunque varios senadores y asistentes dijeron que nunca lo han visto. “Solo he visto eso en las películas”, aseguró el senador Marco Rubio, el republicano de mayor rango en el panel de Inteligencia.

El mal manejo de los documentos por parte de Trump ha dejado anonadados a los legisladores de ambos partidos, incluso a aquellos republicanos que han criticado el allanamiento de la propiedad del expresidente. Documentos presentados en la corte por el gobierno federal dicen que centenares de documentos clasificados han sido recuperados de la propiedad de Trump en Mar-a-Lago, en Palm Beach. Florida.

El senador demócrata Martin Heinrich básicamente advirtió sobre el manejo de documentos delicados por Trump a inicios del término del entonces presidente. Una foto de una sesión con la prensa en la Casa Blanca en 2017 muestra a Trump y otros en la oficina presidencial con una bolsa con cerrojo y la llave visible sobre el buró.

“Nunca deje una llave de una bolsa de documentos clasificados en presencia de personas no autorizadas. Es básico”, tuiteó Heinrich, miembro de la Comisión de Inteligencia, días después de ese incidente. Heinrich pidió una revisión del asunto.

En una entrevista la semana pasada, Heinrich dijo: “Es escandaloso pensar: la forma descuidada en la que el expresidente trata la información, que puede tener consecuencias de vida o muerte para nuestras fuentes, es inconcebible”.

Trump acumuló más de una decena de cajas de documentos y otras cosas de la Casa Blanca, muchas guardadas en un cuarto de almacenamiento en Mar-a-Lago. El allanamiento del FBI se produjo luego de una extendida batalla sobre documentos desaparecidos lanzada poco después de que Trump dejó la Casa Blanca en 2021.

Tras la primera entrega de documentos devueltos a inicios del verano, los abogados de Trump habían insistido en que no quedaba nada en la finca del expresidente. Tras una inspección, el FBI pidió que el cuarto de almacenamiento fuera asegurado con cerrojo. Al final, se obtuvo una orden de allanamiento para Mar-a-Lago y se hallaron más de 100 documentos clasificados. Ahora, el Departamento de Justicia está investigando el mal manejo de los documentos por el equipo de Trump y una posible obstrucción de la justicia.

Cornyn expresó escepticismo de que los documentos hallados tengan información crítica.

“Me cuesta trabajo creer que fue especialmente delicado: han estado en Mar-a-Lago durante un año y medio antes de que se hiciera algo al respecto”, aseguró.

Aun sí, cuando se trata del manejo de documentos clasificados, Cornyn apuntó: “Siempre hay formas de protegerlos, pero en ninguna circunstancia deben estar en tu casa”.

El castigo por violar secretos en el Capitolio puede ser rápida y severa. En la década de 1980, el senador demócrata Patrick Leahy anunció que dejaría la Comisión de Inteligencia tras admitir que le había permitido a un reportero que revisara el borrador de un reporte no clasificado, pero confidencial, sobre las guerras de los Contras en Latinoamérica. Más recientemente, un exmiembro del panel del Senado fue acusado de mentirles a los investigadores sobre sus interacciones con periodistas.

Inmediatamente, tras el allanamiento de Mar-a-Lago, el senador demócrata Mark Warner, que preside el panel de Inteligencia, y Rubio le pidieron al director de inteligencia nacional una evaluación de los daños a la seguridad que resultarían de la revelación de los documentos.

“Mi problema no es sobre si los documentos debieran o no haber estado allí, porque al final no debieron estar allí y pudieron haber sido retirados”, afirmó Rubio en una entrevista. “La cuestión es: ¿Hubo esfuerzos de buena fe por parte del gobierno federal para recuperar esos documentos sin recurrir a un allanamiento de la casa de un expresidente?”.

Se esperaba que la oficina de Inteligencia entregue información a los cuatro máximos líderes del Senado y la Cámara de Representantes, junto con los de las comisiones de inteligencia de ambas cámaras.

Pero ahora no es seguro, dado el litigio de Trump, si la Oficina del Director de Inteligencia Nacional podrá continuar la evaluación o proveer la información a los legisladores.

Warner dijo que había pedido al menos una evaluación preliminar de riesgo.

Los senadores esperan que la sesión informativa se realice la semana próxima, cuando ambas cámaras regresan a sesiones, pero en una localidad protegida.

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El periodista de The Associated Press Nomaan Merchant contribuyó a este reportaje

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