Decenas de personas fueron registradas el sábado, 3 de febrero, durante una protesta para exigir mayor control fronterizo a la migración ilegal, en San Ysidro (California, EE.UU.). EFE/Manuel Ocaño

El video que compartió el expresidente Donald Trump tiene música de película de terror e imágenes de migrantes que supuestamente entran en Estados Unidos desde países como Camerún, Afganistán y China. Muestra a hombres con tatuajes, y videos de crímenes violentos se ven contra primeros planos de personas saludando y envolviéndose en banderas de Estados Unidos.

“Vienen por millares”, dice Trump en el video, publicado en su plataforma de redes sociales. “Protegeremos nuestras fronteras. Y restauraremos la soberanía”.

En sus discursos y publicaciones en internet, Trump ha intensificado sus mensajes contra los inmigrantes como parte de su tercer intento por llegar a la Casa Blanca, calificándolos como peligrosos delincuentes que “envenenan la sangre” de Estados Unidos.

Tocando el punto más sensible de la identidad racial y nacional del país, sus comentarios incluyen a menudo falsedades sobre la migración. Pero han resultado atractivos para muchos de sus seguidores desde hace una década, cuando el lema “levanten el muro” se oía en sus mítines.

El presidente Joe Biden y sus aliados describen la situación en la frontera de forma muy distinta. El demócrata se refiere a ella como una cuestión política que el Congreso puede solucionar, y arremete contra los republicanos en Washington por dar marcha atrás a un acuerdo de seguridad fronteriza tras haber sido criticados por Trump.

Pero en un indicio que podría resultar preocupante para Biden, el mensaje de Trump parece resonar entre miembros clave de la coalición demócrata que Biden necesitará para ganar en noviembre.

Alrededor de dos terceras partes de los estadounidenses están ahora en desacuerdo con la manera en que Biden ha manejado la seguridad fronteriza, lo que incluye a unos 4 de cada 10 demócratas, el 55% de los adultos negros y al 73% de los adultos hispanos, según un sondeo de The Associated Press y el Centro NORC de Investigación de Asuntos Públicos realizado en marzo.

Un reciente sondeo del Centro de Investigación Pew encontró que el 45% de los estadounidenses describieron la situación como una crisis, mientras que otro 32% dijo que era un gran problema.

Vetress Boyce, activista de justicia racial afincada en Chicago, estaba entre los que expresaron su frustración con las políticas migratorias de Biden y la estrategia de la ciudad para alojar a migrantes recién llegados. Ella cree que los demócratas deberían centrarse en inversiones económicas en las comunidades negras y no en los recién llegados.

“Nos mandan a gente que se está muriendo de hambre, de la misma forma que los negros se mueren de hambre en este país. Nos mandan a gente que quiere escapar de sus condiciones y viene aquí en busca de un mejor estilo de vida, cuando los que están aquí sufren y llevan sufriendo más de 100 años”, dijo Boyce. “Esa mezcla es una receta para el desastre. Es un desastre esperando a ocurrir”.

Gracie Martinez, de 52 años, es hispana y propietaria de un pequeño negocio en Eagle Pass, Texas, la localidad fronteriza que visitó Trump en febrero cuando él y Biden viajaron al estado el mismo día. Martinez dijo que una vez votó por el expresidente Barack Obama y sigue siendo demócrata, pero ahora apoya a Trump, principalmente por la frontera.

“Es horrible”, dijo. “Son toneladas y toneladas de personas y les dan atención médica y dinero, celulares”, dijo, quejándose de que las personas que pasaron por el sistema legal de inmigración reciben un trato peor.

Priscilla Hesles, una profesora de 55 años que vive en Eagle Pass, dijo que la situación actual ha cambiado a la localidad.

“No sabemos dónde se esconden. No sabemos dónde se han infiltrado y de dónde van a salir”, afirmó Hesles, quien señaló que antes caminaba por las tarde hacia una iglesia local, pero que dejó de hacerlo después de que un encuentro con un grupo de hombres, que según dijo eran migrantes, la dejó conmocionada.

Es casi un hecho que la inmigración será uno de los temas centrales para la elección de noviembre próximo, y ambas partes pasarán los próximos seis meses tratando de demostrar que la otra está equivocada en materia de seguridad fronteriza.

La campaña de reelección del presidente lanzó hace poco una serie de anuncios de 30 millones de dólares dirigidos al público latino en algunos estados sin clara preferencia política. La campaña incluye una pauta digital en español e inglés que recalca que Trump describió en el pasado a los inmigrantes mexicanos como “criminales” y “violadores”.

La Casa Blanca también ha barajado una serie de decretos que podrían endurecer de forma drástica las restricciones a la inmigración, lo que en la práctica supone eludir al Congreso después de que los legisladores no lograron aprobar el acuerdo bipartidista que apoyó Biden.

“Trump es un fraude que sólo ve por sí mismo”, señaló el portavoz de la campaña de Biden, Kevin Munoz. “Nos aseguraremos de que los votantes estén al tanto de esto en noviembre”.

Trump llevará a cabo actos de campaña el martes en Wisconsin y en Michigan esta semana, donde se tiene previsto que critique a Biden por la inmigración. Su equipo de campaña dijo que su evento en la ciudad de Grand Rapids, en el oeste de Michigan, se centrará en lo que calificó como “el baño de sangre de Biden en la frontera”.

El expresidente describe las detenciones récord registradas recientemente en la frontera suroeste como una “invasión” orquestada por los demócratas para transformar la esencia misma de Estados Unidos. Trump acusa a Biden de permitir que delincuentes y posibles terroristas entren en el país sin control. Incluso aseguró que el presidente es parte de una “conspiración para derrocar a los Estados Unidos de América”.

Trump afirma que los migrantes —muchos de ellos mujeres y niños que huyen de la pobreza y la violencia— están “envenenando la sangre” de Estados Unidos con drogas y enfermedades, y afirma que algunos migrantes “no son personas”. Expertos que estudian el extremismo han sonado la voz de alarma por el empleo de lenguaje deshumanizante para describir a los migrantes.

No hay pruebas de que gobiernos extranjeros estén vaciando sus cárceles o centros psiquiátricos como dice Trump. Y si bien la cobertura noticiosa conservadora se ha visto inundada por varios casos conocidos de delitos cometidos por personas que están en el país sin autorización, las estadísticas más recientes del FBI muestran que, en general, el crimen violento en Estados Unidos volvió a caer el año pasado y sigue una tendencia a la baja tras un repunte en la pandemia.

“Ciertamente, los últimos varios meses han demostrado un cambio notable en el apoyo político”, dijo Krish O’Mara Vignarajah, presidenta y directora general del grupo de reasentamiento de refugiados Global Refuge y exfuncionaria del Departamento de Estado y de la presidencia de Obama.

“Creo que eso está relacionado con el discurso de los últimos años”, añadió, “y con esta dinámica de verse superado por un fuerte discurso de xenofobia extrema que no ha sido contrarrestado con la realidad y los hechos”.

Parte de lo que ha hecho de la migración un tema tan relevante es que el impacto se resiente lejos de la frontera.

Los aliados de Trump, en especial el gobernador de Texas, Greg Abbott, han empleado autobuses financiados por el estado para enviar a más de 100.000 migrantes a ciudades con gobiernos demócratas como Nueva York, Denver y Chicago, donde los demócratas celebrarán su convención en los próximos meses. Si bien el programa fue calificado en un principio como un ardid publicitario, las llegadas han tensado los presupuestos municipales y obligado a los gobiernos locales a buscar la forma de prestar alojamiento de emergencia y atención médica a nuevos grupos de migrantes.

A menudo, la cobertura noticiosa local también ha sido negativa. Los espectadores han visto cómo se culpaba a los migrantes por cualquier cosa, desde una serie de robos en Nueva Jersey asociados a pandillas hasta casos de sarampión en zonas de Arizona e Illinois.

Abbott ha enviado a la Guardia Nacional de Texas a la frontera, colocado alambre de púas a lo largo de partes del río Bravo (o Grande) en desafío a las órdenes de la Corte Suprema federal, y ha argumentado que su estado debería ser capaz de aplicar sus propias leyes de inmigración.

Amy Cooter, directora de investigación en el Centro sobre el Terrorismo, Extremismo y Antiterrorismo del Instituto Middlebury de Estudios Internacionales, expresó su preocupación de que los rumores actuales de una guerra civil se intensifiquen a medida que se aproximen las elecciones. Hasta el momento, se han limitado en términos generales a foros de mensajes en sitios ultraderechistas. Pero la inmigración es una preocupación lo suficientemente general que intensifica su potencia política, indicó Cooter.

«A los estadounidenses que no son extremistas también les preocupa esto», puntualizó. “Se trata de cultura y percepción sobre quién es estadounidense”.

En tanto, hay personas como Rudy Menchaca, propietario de un bar en Eagle Pass que también trabaja para una firma que importa cerveza Corona desde México, quien asegura que los problemas en la frontera perjudican a los negocios.

Menchaca, de 27 años, es la clase de votante hispano con el que cuenta Biden en sus aspiraciones de reelección. Dice que nunca le gustó la retórica de Trump y la manera en que describe a los hispanos y mexicanos. “No todos somos así”, señaló.

Pero también señaló que se estaba haciendo a la idea de apoyar al expresidente debido a la realidad de la situación.

“Necesito que esos soldados estén por aquí si tengo mi negocio”, dijo Menchaca sobre las fuerzas que desplegó Texas a la frontera. “Los malos que llegan podrían meterse”.

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