
LA HABANA— Una mezcla de incertidumbre, enojo y esperanza podía percibirse el miércoles en Cuba luego de las declaraciones del presidente estadounidense Donald Trump, quien esta semana aseguró que Washington podría tomar “medidas inminentes” contra el gobierno de la isla.
Trump, cuyo gobierno ha arremetido contra su adversario caribeño de forma más agresiva que cualquier otro mandatario estadounidense en la historia reciente, prácticamente ha puesto fin a las exportaciones de petróleo hacia Cuba en un intento por forzar un cambio de régimen. El bloqueo ha tenido efectos devastadores entre la población civil a la que Trump y el secretario de Estado Marco Rubio afirman que quieren ayudar, dejando a muchos cubanos en la desesperación.
Los apagones en toda la isla han sacudido a los cubanos, que ya lidian con una crisis de varios años, y la falta de gasolina y recursos básicos ha paralizado hospitales y reducido las operaciones del transporte público .
Matilde Visoso, una madre soltera que cuida de su hija enferma, dijo que el deterioro de la situación en la isla la ha dejado en vilo, por lo que quiere un cambio.
“Cuba está esperando a Trump y a Marco Rubio también porque ya no esperamos más. Es demasiado, nos reprimen mucho, hay mucha hambre”, dijo el ama de casa de 64 años. “Cuba llora”.
Trump ha dicho que puede hacer “lo que quiera” con Cuba. Washington busca que el presidente cubano Miguel Díaz-Canel deje el cargo mientras Estados Unidos continúa negociando con el gobierno cubano, según un funcionario estadounidense y una fuente al tanto de las conversaciones. Hablaron bajo condición de anonimato al no estar autorizados a discutir el tema.
No se han ofrecido detalles sobre a quién podría querer Washington en el poder.
Rubio también afirmó que el modelo económico socialista de la isla necesita “cambiar drásticamente”. Si bien el gobierno cubano impone fuertes restricciones al sector privado del país, décadas de sanciones estadounidenses han paralizado a la economía.
La presión de Washington sobre Cuba se produce más de dos meses después de la incursión militar de su gobierno en Venezuela que culminó con la captura del entonces presidente Nicolás Maduro en enero, y unas semanas después del inicio de una campaña militar en conjunto con Israel en contra de Irán el pasado 28 de febrero.
Díaz-Canel arremetió el martes contra los comentarios de Trump, escribiendo en la red social X que Estados Unidos “amenaza públicamente” al gobierno de Cuba casi a diario con derrocarlo, y que cualquier acto de agresión “chocará con una resistencia inexpugnable”.
Otros, como el médico Jesús García, dudan que el gobierno de Trump vaya a sacar a Díaz-Canel del poder o a intervenir en Cuba.
“No creo que entren. Aquí, a Cuba, no creo que entren. Y además, los americanos pueden decir lo que les dé el deseo. Quién decide lo que se hace aquí en Cuba es el pueblo cubano”, señaló García, de 62 años.
Lo que parece que todos los cubanos tienen en común es una enorme sensación de incertidumbre ante la posibilidad de cambios sísmicos. Se han acostumbrado a una crisis endémica en la isla y a encontrar la manera de adaptarse a los cambiantes desafíos.
Pero muchos afirman que las cosas han llegado a un punto de quiebre y exigen respuestas a un gobierno cada vez más acorralado.
Un pequeño respiro han sido los envíos de ayuda de grupos de activistas y gobiernos aliados como México. Durante la noche llegaron a la isla cinco toneladas de equipo médico, paneles solares y otros suministros, informó la televisión estatal cubana. Pero esos envíos representan apenas una fracción de lo que se necesita y no resuelven la lucha más amplia del país por mantener a la población con las luces encendidas.
María del Carmen Companioni señaló que en medio de la disputa política entre Washington y La Habana, son los cubanos de a pie como ella quienes deben enfrentar los altos costos y la incertidumbre.
“Realmente, todo esto tiene a las personas muy alarmadas y muy mal. No se sabe qué va a pasar”, subrayó la mujer de 51 años. ___
Los periodistas de Associated Press Seung Min Kim, Aamer Madhani y Will Weissert en Washington contribuyeron con este despacho.





