El sol de verano nos brinda salud mental, espiritual y emocional. (Foto: Laura Stanley/Pexels)

Sin duda, una de las estaciones más esperadas por quienes vivimos en el hemisferio norte es el verano. Y después de 15 meses de pandemia, lo que más deseamos es botar las mascarillas, salir a disfrutar del sol y sentinos finalmente libres.

El sol, ese importante círculo amarillo que ilumina nuestro cielo durante el día, no solo provoca el reverdecimiento de los árboles y el aparecer de las flores, sino que influye en nuestra salud mental, espiritual y emocional, así lo describe la Revista Sport Life y Elsevier, publicación líder en literatura científica.

Exponerse al sol tiene propiedades terapéuticas en algunas enfermedades dermatológicas por su efecto antiinflamatorio; es promotor de la epitelización (regeneración de la piel); promueve la cicatrización de lesiones como las provocadas por la psoriasis (enfermedad de la piel que causa manchas rojas y escamosas que provocan picor). Además, su efecto desinfectante puede prevenir y controlar problemas de acné, basta con tomar el sol por las mañanas por al menos media hora.

Aunque la mayoría de las vitaminas y minerales hay que tomarlas en los alimentos, en el caso de la vitamina D no. La radiación ultravioleta del sol ayuda al organismo a generar esta vitamina, la cual permite la mineralización de los huesos al absorber calcio y fósforo. Por otro lado, se ha reportado en algunos estudios que la luz solar ayuda a proteger no sólo del cáncer de mama y de colon, sino también frente a otros tumores como el de ovario, vejiga, útero, estómago, linfomas y próstata, los cuales se han relacionado con la vitamina D.

Las personas que viven en climas soleados presentan menos incidencia de enfermedades cardiovasculares. Se hay comprobado que los niveles de colesterol son menores en verano, en parte porque la luz solar es necesaria para metabolizar el colesterol, disminuyendo su concentración en sangre, evitando que se pegue a las arterias.

Por otro lado, tomar el sol favorece el aumento de glóbulos blancos (neutófilos y linfocitos) en la sangre, incrementando así las defensas de nuestro cuerpo. Además, provoca la vasodilatación de los vasos sanguíneos superficiales, aumentando la circulación de la sangre en la piel, y disminuyendo la presión arterial.

El sol también estimula algunas hormonas importantes como la melatonina, ya que, al regular su producción, ayuda a definir los ciclos de sueño, lo que favorece a sentirnos más despiertos. Asimismo, promueve la síntesis de serotonina, conocida como la hormona de la felicidad, la cual nos hace sentir bienestar, mejorando así nuestro estado de ánimo. Y, por si fuera poco, la luz del verano estimula la producción de la testosterona en sangre, hormona que está relacionada con el apetito sexual.

Este verano te invito a que te llenes de energía bajo el sol, mientras realizas tus actividades favoritas como embellecer el jardín, dar caminatas por los parques y bosques, o salir a la playa. Pero no olvides tomar las debidas precauciones, hidrátate y evitar exponerte por mucho tiempo a los rayos solares sin usar bloqueador solar. ¡Cuídate y disfruta del sol de verano!

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