(Foto: Ilustrativa/Farhad Ibrahimzade/Pexels)

Nos hemos hecho más duros con el tiempo, resistiendo a invasores como el Covid-19 y la gripe, pero somos incapaces de desarrollar inmunidad permanente ante estos enemigos. ¿Por qué será?

Nunca antes había habido tantas enfermedades crónicas, ni el ser humano había durado tanto. Los avances científicos han creado antibióticos sintéticos, vacunas, citostáticos, hormonas y muchas cosas más para alargar la vida, de forma artificial con medicamentos. Sin embargo, ¿por qué no ir a los pilares que nos hicieron evolucionar y llegar hasta aquí? Nos hemos olvidado de los elementos principales que nos dieron la vida —los minerales—, entre ellos el zinc, el rey de la inmunidad.

Si no hay suficiente zinc en el organismo, comenzará una descompensación progresiva que pondrá al sistema inmune en una posición de baja reactividad antes los agresores externos e internos. El zinc propicia la maduración de casi todos los elementos sanguíneos fabricados en la médula ósea. Si está escaso, debido a la vida estresada que llevamos, lo utilizamos como antioxidante, preferentemente.

Como nos ponemos ácidos, el zinc es un estupendo antioxidante. Por eso, el estrés mantenido es creador de cánceres, ya que consume mucho zinc que debería ser utilizado en crear y madurar las “natural killer”, las encargadas de buscar y eliminar las células neoplásicas en sus estudios primarios. De ahí la importancia del zinc en la defensa ante el cáncer.

Otras funciones del zinc: ayuda al crecimiento y división celular, ayuda a fijar el calcio, equilibra el nivel de vitamina D, está relacionado con la secreción de la hormona de crecimiento y con el insomnio, ayuda a regular el ritmo circadiano y a la conservación de la dentadura, tiene relación con la calvicie y el envejecimiento prematuro, su falta se relaciona con el deterioro mental, ayuda en la mejora de la visión y en la cicatrización de heridas, y aumenta la fuerza muscular y ayuda a combatir la fatiga.

Alimentos con zinc: sardinas, salmón, bacalao, pescados en general, algas marinas comestibles, agua de manantial, vegetales ecológicos, tubérculos, carnes en general, algunas frutas (aunque en poca cantidad) y leche (preferentemente sin lactosa, o yogur).

Nos queda la suplementación con zinc a dosis muy bajas, según el fabricante. Recomiendo tomarlo siempre antes de ir a la cama, que es cuando trabaja y se fija mejor, siempre bajo supervisión médica.

www.DrLuisMontel.com

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